Mirar

Fernando Cordero Morales

El tercer mundo en la costa del sol

Patxi Velasco Fano es conocido en el mundo católico por sus inconfundibles dibujos. En esta ocasión queremos acercarnos a otra faceta de su vida, que muestra el grado de su compromiso cristiano en favor de los más pobres. Hemos quedado con él en el Colegio Público María de la O que dirige en el desgraciadamente conocido barrio malagueño de Los Asperones. Nos lo encontramos en la calle hablando con las familias, nos pide que aparquemos y nos invita a dar una vuelta para conocer la realidad de este lugar. En esta vuelta captamos la autoridad y referencia que es Patxi para las familias gitanas de este barrio, que se acercan a él para pedirle ayuda, contactar con el que está en la cárcel, arreglar el techo… Aquí Patxi está en su salsa, como él mismo nos confiesa: “este es mi yo más yo”.

Cuéntanos quién es Patxi Velasco.
Me definiría como esposo, padre de familia, maestro de escuela, creyente y, luego, que hago dibujitos.

Tu biografía está muy vinculada al barrio malagueño de Asperones, donde llevas veinte años trabajando en el Colegio Público María de la O.
Asperones es un barrio que no debería existir. Es un error de la administración. Se desmantelaron algunos núcleos chabolistas. Durante tres años se colocaron a las afueras de la ciudad: entre el cementerio, el vertedero, la chatarra y todos los desperdicios. Se colocaron aquí mil personas, unas doscientas familias. Se dijo que era con carácter provisional. Y ese proceso se paralizó. Aquí ha habido mucho dolor, marginación y exclusión. Nuestra lucha es para que esto no exista. Hay un estigma racial. Todas las personas que viven aquí son de etnia gitana. Es un signo bastante doloroso y excluyente. Aquí han crecido y nacido mucha gente, generaciones. Muchos han fallecido cuando fue la época fuerte de la droga y del SIDA. Esto es una vergüenza para la ciudad. Por los datos que tenemos es un trocito del tercer mundo en la capital de la Costa del Sol. También es una situación de vida y esperanza, porque hay muchos niños, alegría, ganas de salir y de vivir. Nosotros, como maestros en un cole aquí en este barrio, recibimos mucho, porque recibimos afecto y las cosas se viven muy de cerca y con gran pasión. Aquí los niños tienen oportunidad y capacidades para vivir mejor que el barrio que les ha tocado vivir o donde los han colocado, porque ellos no decidieron vivir aquí.

¿Cómo es el Colegio María de la O?
El colegio se define como comunidad de aprendizaje. Cuando uno lee cualquier manual de pedagogía se habla del desarrollo integral de la persona. La integralidad es que hay que comer todos los días y el colegio da tres comidas a los niños: desayuno, almuerzo y una merienda para que se la lleven a la casa. La integralidad es que si hay un sufrimiento familiar, por una condena de una prisión o algún problema de enfermedad mental o algún tratamiento médico, no podemos ser ajenos a eso. Creemos en la educación como una manera de transformar pero desde esa integralidad. El cole tiene esa dimensión y está favorecido por el hecho de que las personas que vienen aquí son por puestos específicos y son voluntarias.  Renuevan cada año, como la legión, y deciden dar un paso al frente. El colegio es prefabricado. Tenemos goteras, muchas limitaciones espaciales y de recursos. La fuerza del colegio es su personal, la voluntad y la creencia de que se pueden cambiar y transformar las cosas.

¿Cuáles son las medidas que tomáis en el centro?
Aquí se hacen cosas que no se hacen en otros colegios. Se toman medidas extraordinarias. Hay que entender que estamos en un espacio extraordinario. Inevitablemente las situaciones son diferentes. Aquí muchos niños viven en la calle. Aquí te llega un niño sin zapatos y no llamo a servicios sociales sino que le pongo unos zapatos y lo meto en la escuela. Si algún niño tiene alguna necesidad, intentamos cubrirla. También es verdad que hay una coordinación muy buena con todas las entidades, asociaciones y con servicios sociales. En realidad hay un sentimiento de equipo y, juntos, estamos denunciando la vergüenza de que exista esta situación.

Háblanos de las situaciones que te han marcado.
Las de dolor intenso, porque las recuerdas más. Sí noto un cambio muy grande al tratar a madres con hijos que son antiguas alumnas. El grado de confianza ha aumentado, entonces las conversaciones son más profundas. Te llegan diciendo: “me están tentando para cometer un delito, ¿qué hago?”. O reciben una paliza y te piden que las lleves a un centro de acogida. Eso uno lo vive con más sufrimiento, porque es la niña que tú tuviste de alumna, que se ha hecho mujer, que está sufriendo y que no puedes pasar de largo. No pasar de largo significa complicarte mucho la vida y acabar en situaciones muy complejas. Por ejemplo, llegar a mi casa mirando el espejo retrovisor a ver si la persona maltratadora me vigilaba y tener miedo por mi familia.

Hemos visto también llamativas estrellas en el cole.
Tenemos un Mural de las Estrellas como el Paseo de la Fama de Hollywood, donde ponemos quién se ha graduado en Secundaria que, para nosotros, es un hito. Empezamos con tres o cuatro y ya tenemos cincuenta y tres. Eso no es solo esfuerzo del colegio, sino de educadores sociales, trabajadores sociales, Cáritas, Incide, Mies… Mucha gente luchando. También tenemos el primer universitario.

En las aulas hemos comprobado que los docentes ponéis una gran dosis de creatividad en vuestra acción.
Creemos mucho en construir el aprendizaje, en el trabajo cooperativo. Son verdades que para nosotros son importantes. Nacen, sobre todo, de la experiencia y de la desesperación. De decir: “este niño no aprende, este niño no aprende”. Cuando tú te sientas con un niño y aprende con un libro, no te tienes que inventar nada. Pero cuando te empeñas y ves que luchas contra un contexto, entonces empiezas a construir material, a inventar recursos. Cuando se trabaja unidos, se trabaja mejor. Uno experimenta que cuando el niño construye el aprendizaje, investiga, experimenta y manipula, aprende mejor. Y uno se equivoca muchas veces. Se cae y se vuelve a levantar. También sabemos que nuestros niños no van a ir a ninguna academia que el padre le pague, ni les van a poner un profesor particular, ni van a tener otro recurso que el que nosotros ponemos. Hay una satisfacción del profesional. Una maestra de infantil decía: “este niño sabe leer por mí, porque yo se lo he dado”. Motiva saber que lo que se ha construido es por el esfuerzo.

Uno de tus pilares claramente es tu familia.
Yo soy padre de familia. Esta mañana me he levantado a las siete de la mañana. He vestido a los niños, he preparado las cosas. Tengo la suerte de que mi mujer es creyente y que también es compañera del colegio. Vivimos en el mismo barco y el Señor nos manda de dos en dos. Estamos juntitos y felices. También sufriendo en muchas situaciones que pasamos. Y, luego, uno tiene que hablar de su miseria y de su pecado. Aquí tengo la suerte de que las obras de misericordia las puedo ejecutar sin problema: enseño al que no sabe, doy de comer al hambriento, ayudamos a gente que vive sin techo y le ponemos un techo. Hacemos muchas cosas pero luego llego a mi casa y tengo un techo, abro mi nevera y tengo comida.  Entonces uno se siente más pecador cuando vive una situación de dolor: quiere ser siervo, quiere ayudar, hace lo que puede pero también uno tiene la sensación de que el mundo es injusto. Y a mí me gustaría que todos los niños de mi cole tuvieran lo que yo puedo darle a mis hijos. En esa lucha vive uno y se siente pecador y limitado.

La Parroquia de la Amargura es otro de tus pilares.
La Parroquia y mi comunidad son el espacio de mi fe. Si yo no tuviera fe, no tiraría para adelante. Muchas veces uno dice: “esto, ¿cómo puede ser”. Y es porque el Señor está detrás. Es el Señor el que lo hace. Uno no puede ser vanidoso porque al final se pone en las manos de Él. Cuando bajo la cuesta del colegio siempre rezo: “Señor, esto va por ti, esto es por ti”. En cada eucaristía recuerdo esa bajada y esa subida. Entonces es pedirle que Él ponga sus palabras en mi boca, que actúe por mí. Si estoy cansado y no aguanto, le pido perdón. La fe la vivo yo en mi comunidad y en mi parroquia. Si no fuera por eso, personalmente no podría. Tengo que dar gracias del regalo de la fe.

Además, estas inserto en la comunidad diocesana.
Nuestro párroco, Salva Gil, es el responsable de juventud. Es un gran “embaucador” que “embauca” a todo el mundo. Mi comunidad es muy comprometida. Tenemos gente en Cáritas, en Apostolado Seglar, la responsable de Acción Católica, gente sirviendo a la Iglesia en Infancia, en Juventud. Eso es una suerte porque vamos todos en el mismo barco. Cogemos distintos remos, pero vamos en la misma dirección. Eso es un regalo de Iglesia y de que el Espíritu está soplando en nuestra comunidad. No podemos más que estar agradecidos.

¿Qué es la generación “Que-Cri”?
Una manera de resumir: cuando la gente solo se queja y critica. Enciendes la tele y no son solo los jóvenes los que se quejan. Tengo a una hija adolescente y le digo que está en modo “que-cri”. Me he inventado esa palabra para definir que no te quejes y critiques más. El que se queja se “envieja”. En la sociedad tener mensajes de esperanza es muy difícil. La juventud tiene que ser la juventud de la esperanza, de los sueños, de las ilusiones. A mí me marcó una monjita en un colegio que me dijo si quería ser misionero, si quería dar mi vida. Te ponía una meta alta. Yo flipaba con san Francisco y con la película de “Molokai”. Decía: “yo quiero ser como ese”. Los jóvenes tienen que tener metas santas y esperanzas santas. Y si solo te quejas de que la play no funciona, no tengo tal y cual, pues la generación que estamos generando es dura. Tenemos que crear jóvenes con sueños, con ilusiones, con esperanza. El Sínodo puede ser un sínodo de mirar más alto, porque los jóvenes miran alto. Todo joven tiene ilusión de cambiar el mundo. Yo quiero ser joven siempre en ese sentido.

A ti te encanta Francisco, ¿verdad?
El Papa es un regalo para la Iglesia, tanto él como Benedicto XVI. El Espíritu Santo se vale de nuestros pastores y a mí me parece que una de las cosas más hermosas del papa Francisco es que no solamente habla con la palabra sino también con los gestos. Eso es un testimonio de coherencia. Cuando la palabra va acompañada del gesto hay armonía. La armonía del papa Francisco está en que lo que dice, lo hace y lo vive. Esa coherencia es lo que convence y transmite a la gente.

Mientras dibujas, ¿rezas?
Yo también rezo cuando tiendo la ropa. Voy tendiendo la ropa de mis niños y voy pidiendo por ellos. También utilizo las redes sociales, el “Rezando voy”. Cuando estoy fregando, me pongo canciones. Creo en la dimensión de vivir lo ordinario extraordinariamente, porque soy amo de casa y soy maestro de escuela. El Señor me acompaña en todo lo que vivo. Tengo mi oración por la noche, mi crucifijo que miro antes de dormir. En mis momentos de desesperación tengo mi rosario. Intento buscar un sagrario de vez en cuando, porque necesito encontrarme con Él. La eucaristía es lo que cada vez más, en el sentirse limitado, necesitas para sentirte habitado, incorporado a Alguien, al Cuerpo de Cristo. También sentir la compañía en lo ordinario de cada día. La música cristiana o las redes sociales, me hacen mucho bien, porque cuando dibujo, puedo dibujar y escuchar. Me pongo muchos retiros. Me gusta escuchar a Raniero Cantalamessa. Me gusta escuchar oraciones carismáticas. La Iglesia es grande y en los medios de comunicación no se ha quedado atrás. Estar conectado con la wifi del Espíritu es más fácil ahora porque hay muchos medios.

¿Cómo son tus catequesis en este barrio?
Aquí hay que simplificarla mucho. Los dibujos nacen de hacer sencillo el mensaje para que llegue a la gente sencilla. La palabra clave es Jesús de Nazaret. Nuestra catequesis tiene tres partes siempre con unos dibujos: conocer a Jesús, hablar con Jesús y querer ser buenos como Jesús. Explicamos cositas de Jesús, oramos y rezamos a Jesús y, por último, hacemos un compromiso: hacer un mundo mejor como le gustaba a Jesús. La clave de la catequesis está en que Jesús sea el centro y ponerlo como lo esencial.  

¿Tienes algún sueño especial?
El sueño que yo pido para mi entorno, para el barrio y para la gente es la paz. No pido descanso sino alegre cansancio. Para mí la palabra clave es tener paz: en la crianza de mis hijos, en el trato con las familias del barrio, en el trato con los políticos –que me cuesta más tener paz con los políticos que con nadie- y tener paz en las situaciones de la vida. Yo pido paz y el Señor que resucita lo que da es su paz.

El papa ha publicado recientemente una exhortación sobre la santidad. ¿Cuáles son tus santos de referencia?
Para mí son iconos las figuras de san Francisco de Asís y la de Damián de Molokai porque alguien te ha puesto una película o porque te ha hablado insistentemente de él. Uno lee la vida de los santos y sale que “a este le dieron un libro, a este le dieron una película”. Las conversiones nacen por algo. A mí me llama la atención del padre Damián su opción de dar la vida por los pobres. Eso es el mensaje. Y aquí tenemos un problemón que se llama “yo hablo de los valores, del compartir”. El padre Damián no tenía valores del compartir, ni valor de solidaridad. Se enamoró de Jesucristo y dio la vida. Podemos hacer una pastoral de valores, pero si no te enamoras del mensaje de Jesús por otros que se han enamorado de Él, no sirve de nada, porque ese es un enamorado: el que se enamora da la vida. Eso es lo que transforma: amar de manera radical. Radical viene de raíz. Han puesto su raíz y su crecimiento en Jesús. Yo creo que el padre Damián es un modelo de nuestro tiempo.

 

Taller Keli Majarí (Casa de María)

Taller de mujeres en riesgo de exclusión que, durante un tiempo en la semana, junto a programas de alfabetización y algunas veces de cocina, elaboran unos productos. Generalmente son tejas con mensaje y un dibujo, normalmente creyente. Son tejas para decorar, bendecir la casa, para adornar en navidad, para celebraciones de algunas pascuas, para entregar algunos premios. Son tejas muy sencillas o algunos tacos de madera. La gente que adquiere el producto está muy contenta y, sobre todo ellas, se alegran en su autoestima, pues viven situaciones de mucho dolor.
“La Rana”, “La Cuchi”, “La María” y “La Pelo”, vecinas de Asperones, están dispuestas a que sus vidas, y las de sus familias mejoren gracias a la oportunidad de trabajo que les ofrece el taller. En palabras de “La Cuchi”, “del tiempo que estamos aquí, me gusta que podemos trabajar, nos entretenemos y nos llevamos muy bien las compañeras”.
Detrás del proyecto están los Misioneros de la Esperanza, que es una asociación cristiana católica que nace en Málaga, junto a la Asociación Chavorrillo -los maestros del cole María de la O-. “Son las madres de nuestros alumnos y mujeres en riesgo. Es trabajo muy coordinado, de mucha voluntad y pocos recursos”, señala Fano.
El lema de las tejas es: “El Señor te pro-teja”. Y el de los tacos de madera: “Te quiero un taco”. Hay tacos con el padrenuestro, el avemaría y regalos de comunión.

Se pueden solicitar productos al mail kelimajari@gmail.com o en su página de Facebook.

Más artículos

no-results-found-landing-news
  • {{item.subsection}}
    {{item.category}}
    {{item.subcategory}}
    {{item.tagName}}

    {{item.plus_text}}
    {{item.button_text}}
VER MÁS {{percentLoaded}}% loading...