Despertar

Tamara Cordero Jimenez

Entrevista a... Daniel Pajuelo

Daniel es religioso y sacerdote de la Compañía de María, trabaja en el Colegio Amorós y está en pastoral. Hasta ahí todo normal, pero si te contamos que hace rap, que es uno de los fundadores de la plataforma Imisión, que está en las redes sociales y que cuenta con un canal de Youtube ya nos sorprende más. Nos recibe en la sala de pastoral del cole, y comparte con nosotros que siempre ha tenido la inquietud de contarle a la gente que Dios les ama. “Es mi vocación”, nos dice. Y ese es el motivo de esta presencia digital que crea diálogo con creyentes y no creyentes y tiende puentes, porque “cuando llegue el final quiero decir, he cumplido esta misión, me he pasado la vida hablando de su Amor en todos los lenguajes que podía aprender”.

Religioso, sacerdote, youtuber, instagramer, tuitero, rapero… ¿cómo te organizas para que te dé tiempo a todo?
Lo primero es que la Congregación me apoya y aunque no tengo liberación concreta de horas, sí lo hacen a nivel técnico y económico. Yo calculo que dedico unas 8 horas semanales a Youtube, aunque el tiempo es variable según cada vídeo. Además soy una persona organizada y por eso puedo hacer más cosas. Y también está la gracia de Dios. Mi misión en el cole, en la parroquia, en Youtube no está compartimentada, se trata de compartir el Amor de Dios con distintos lenguajes y crear canales que comuniquen un espacio con otro y sumar optimizando el tiempo.

¿Cuándo empezaste en esto de las redes sociales?
Desde que llegó Internet a España. Soy de los que creció sin conectividad ni ordenador. Ya dentro de la Congregación estudié Ingeniería Informática, tenía una inquietud tremenda y mis superiores vieron que formaba parte de mi llamada, aunque no teníamos claro hacia dónde se dirigiría. En 1995, en mi primer año de carrera ya había en la sala de ordenadores de la universidad unos terminales desde los que nos conectábamos a Internet, pero a través de comandos, no existían las páginas webs, pero sí los NewsGroups y flipé, había un grupo de religiones. Era mi primer año en comunidad y cuando volvía de clase les contaba a los marianistas “esto va a cambiar el mundo, lo va a hacer pequeño, va a transformar la forma de verlo, la Iglesia tiene que estar ahí” y ellos se reían. Yo veía clarísimo que tenía una vocación especial para esto. La gente piensa que lo digital es una farsa, virtual, no real. Yo veía que la gente se implicaba en la comunicación y que esto iba transformándonos a todos y aprendí que la comunicación digital siempre va acompañada de la comunicación personal. Esto fue para mí un signo claro de un lugar donde se podía salir, aunque aún no se hablaba de Iglesia en salida. Y aparecieron las redes sociales.

¿Cómo piensas que la Iglesia está y toca esta nueva realidad?
La Iglesia ha hecho mucho más de lo que pensamos, sobre todo a nivel de curia. Cuando medios ajenos me hacen entrevistas siempre tienen la imagen de que vamos atrasados y de que el problema empieza por arriba. Y es al revés, los últimos tres Papas han empujado muchísimo, lo que pasa es que las bases no hemos podido seguirles el ritmo. Básicamente por no entender y también por miedo. Miedo a algo nuevo, a la exposición, a equivocarnos, a hacer el ridículo de manera global. Aunque, ya lo estamos haciendo de otras maneras, como con los casos de pederastia, los problemas económicos o las divisiones internas. Pero creo que lo que es el aparato reflexivo y el enfoque teológico ya está, no hay que inventarlo, la doctrina no nos prohíbe estar aquí, al revés, nos empuja a ir por todo el mundo y el mundo hoy también es Internet. Y no solo consiste en poner un tuit, sino que se trata de un modo de estar. Francisco nos está dando unas claves de evangelización muy potentes. Si Juan Pablo II fue el que lanzó esta nueva forma de evangelización, hoy Francisco está llenando de contenido esa llamada, animándonos a estar de manera evangelizadora, siendo catalizadores del encuentro, no jueces. Si una persona de entrada no tiene una imagen agradable, no te acercarás a ella. Y la Iglesia es una mediación de Jesucristo y tiene que provocar este sentimiento. Es verdad que la imagen no es todo pero hoy la Iglesia también tiene que aprender de marketing y saber técnicas de comunicación, porque la idea de que “me tienen que escuchar porque yo tengo el mensaje de salvación” nos ha hecho ser terriblemente muermos. Y no nos entendemos ni entre nosotros. No vale el “como mi mensaje es el bueno que la gente se esfuerce en entenderlo”, hay que descender, como hicieron los Padres de la Iglesia dialogando en los primeros siglos con la cultura de su entorno. Y hoy, nuestra cultura habla este idioma.

Sin embargo, encontramos poca oferta formativa en Comunicación y Marketing religioso.
Cuando yo estudiaba el Bachillerato de Teología pedí formarme en estos temas y me dijeron que sí. Fui al Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, que ya no existe, y pregunté. Me dijeron que mejor me formase en el mundo profesional. Hice un programa superior en ESIC y salí encantado por el networking que se creó con especialistas, creyentes y no creyentes. Formarnos en la vida civil nos introduce ya en ese continuo esfuerzo por dialogar con el mundo. Tenemos que tener cuidado para no crear burbujas católicas aunque sí hace falta una formación específica. La Universidad Santa Croce, en Roma, empieza a sumarse. Nosotros en Imisión ofrecemos encuentros formativos y desde hace dos años, con Comillas y una universidad de Mallorca ofertamos un postgrado, con profesores católicos y no católicos. Los jesuitas también tienen algo de formación y seguramente irá creciendo la oferta próximamente. Estamos experimentando. La técnica es más o menos fácil enseñarla, sin embargo yo creo que hay dos reservas: por un lado es que el mundo de la imagen y el marketing a la Iglesia no le ha gustado nunca, y es comprensible porque no vendemos humo. No solo debe preocupar la imagen, para nosotros lo importante es el mensaje.
¿Pero no lleva la Iglesia haciendo marketing toda la vida? En las convocatorias, en la oferta de retiros, en actividades juveniles…
Sí, totalmente. Hay que superarlo, el envoltorio también es parte del contenido. Cuando construyes una catedral e inviertes millones y tiempo en desplegar esa belleza también estás vendiendo algo. Aunque hay que evitar identificar la catedral con Dios.
¿Cuál crees que es esa segunda reserva?
El miedo y el modo de comunicar. No puede decirnos cómo comunicar, aunque Francisco nos puede animar, la Iglesia es plural y debe seguir siendo así. Además, las redes lo amplifican todo y muestran nuestras miserias. Entonces nos encontramos ante una Iglesia preocupada por mostrarse triunfante, algo que el Papa critica mucho. Una Iglesia que está preocupada de esconder su miseria no es una Iglesia de Jesucristo. Y que salgan a la luz no es malo, pero hay que tener humildad para reconocerlas. Lo que dice el Papa es: Ante todos estos miedos, prefiero una Iglesia que sale accidentada, pero que sale, que no enferma por quedarse encerrada. Yo he tenido la tentación de dejarlo, porque me hacía daño, pero mejor accidentarse y luego ir al que cura las heridas que no hablar de nada, creyéndonos perfectos.

¿Tienes la sensación de que todo este tema ocupa el último lugar en las agendas de Diócesis, Congregaciones, religiosos, sacerdotes…?
Sí. Pero es que, fíjate qué duro, creo que comparte pódium por la cola con el tema de los jóvenes. Por eso el Papa ha puesto el próximo sínodo. Yo estuve en el pre-sínodo el último día y pude hablar con mucha gente y la sensación es esa. Si amáramos a los jóvenes saldríamos de la mentalidad utilitarista de que ellos son el relevo de la Iglesia. Si te diriges a ellos así se irán, porque en el fondo estaremos utilizándolos. Yo quiero que los jóvenes conozcan el Amor que Dios les tiene y esto cambiará sus vidas. Y entonces transformarán todo, lo harán nuevo, con Dios. Aunque si hay culpables en este tema, no solo es la Iglesia, la sociedad ha pegado un acelerón y se experimenta una desconexión tremenda con las generaciones que vienen por detrás. Va todo tan rápido en la forma de utilizar la tecnología, de comunicarse, de ver el mundo, que el salto generacional se ha triplicado. Yo lo veo en el cole, las familias están perdidas. Y en la Iglesia además se ha sumado un segundo problema y es el concepto de “evangelizar en tiempos de cristiandad”, no sé si se puede decir así. Cuando la gente viene a nosotros. Pero ya no estamos ahí, hay que salir y todavía no sabemos bien cómo hacerlo, hay miedo y pastores que no entienden ni saben evangelizar ahora, y les supera la situación. El entorno digital es donde están los jóvenes y también donde se da el diálogo y el encuentro con el mundo. Además muchas veces vemos la comunicación como algo útil y comunicamos solo de manera institucional. Pero eso es no haber entendido nada, la comunicación es diálogo. Y esto no significa compartir angelitos por Whatsapp a todo el mundo, sino exponernos, que se nos vea y ser accesibles, sobretodo los sacerdotes y los obispos. Hay gente que me dice que no le gustan las redes, pero ¿cuántos contactos tienes en Whatsapp? Tu foto de perfil habla de ti, tus estados hablan de ti, propicia ahí el encuentro, el diálogo, despierta interrogantes y muestra lo que vives.

Entonces, ¿hacia dónde crees que evoluciona la pastoral juvenil?
Ojalá lo supiera. No encontramos la forma, pero pasa por el acompañamiento personal. Ya estamos yendo hacia un cristianismo de pequeñas comunidades, se acabó la época de llenar las iglesias, solo tienes que pasear por una parroquia para verlo. Y hay que acompañar más a las personas, respetar los procesos, no podemos medir a los jóvenes con una especie de regla según lo que hagan. Ahora hay una variedad de praxis y creencias, aunque muchas no sean ortodoxas, que necesitan de acompañamiento, no de juicios. Con los jóvenes nos escandalizamos con mucha facilidad y no les entendemos, porque no les acompañamos y solo les aplicamos el manual de moral y como no vienen a hacer catequesis y tú no sales a por ellos, pues aquí no hay nadie. Acompañando a veces descubrimos que Jesús ya estaba ahí y que todos tienen mucho que enseñarnos, y también nos convierten. Nos transforman. No es que haya que dinamitar los itinerarios, pero deben ser más flexibles y tenemos que gastar tiempo en el encuentro personal.

Y en esta Iglesia de pequeña comunidad, con menos vocaciones a la vida consagrada, ¿qué papel ocupan los laicos?
El tema de las vocaciones igual lo simplifico demasiado, pero creo que ayudará a la lectura. Cuando deja de haber vocaciones puede ser por dos razones. Primero, que no hagan falta, o segundo porque la Institución esté siendo infiel a su vocación y aunque Dios llama, la persona no se encuentra reflejada en el grupo. Claro, luego también hay que tener en cuenta que la vocación es un misterio, y Dios llama a quien le da la gana, no hay nada tan sencillo. Yo sí creo que esto segundo está pasando. Dios llama pero en la Iglesia estamos siendo infieles al Evangelio. Es muy bestia, pero me explico. En España, para la fe, la peor dificultad en este momento es la misma Iglesia. No es Dios, no es su concepto, la gente se aleja por heridas emocionales, porque nadie les ha acompañado. Cuántas cosas no huelen a Jesucristo y están muy presentes en la Iglesia hoy. Y esto está provocando que haya un desierto de vocaciones y a la vez se produce entonces la primera de las razones: que no haga falta vocaciones. Porque gracias a esta crisis hemos empezado a confiar en los laicos, que están cada vez más al frente de la Iglesia. Y esto es un beneficio que nos está haciendo más humanos, cercanos y humildes, aunque queda mucho por hacer.

 

Un canal de youtube que tiende puentes

Daniel Pajuelo cuenta con más de 118.000 suscriptores en su canal de Youtube, en el que se acerca a los jóvenes, creyentes y no creyentes, a través de comentarios y vídeos muy cuidados en el que utiliza un lenguaje actual y cercano a ellos. Sus vídeos alcanzan, en algunos casos, más de un millón de visitas y buscan el diálogo. ¿Todavía no eres
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