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Luis Eduardo Siles

Entrevista a... Pepe Rodríguez

May 12, 2017 - Madrid, Spain - The chef  Pepe Rodriguez aduring of the Mutua Madrid Open tennis at La Caja Magica on May 12, 2017 in Madrid, Spain. (Credit Image: &# Oscar Gonzalez/NurPhoto via ZUMA Press

Pepe Rodríguez es un hombre amable, próximo y de palabra fácil. Un cristiano que presume de su fe y la hace pública. Vive en Illescas, como toda la vida. Y regenta en esa localidad toledana el restaurante “El Bohío” –una estrella Michelín-, que hace muchos años abrió su abuela. Es un rostro conocidísimo por su participación en el programa televisivo “Masterchef”, pero él se refugia en la humildad. Vive días largos, en ocasiones agotadores, pero espera a la noche para ir a casa a preparar la cena a su mujer y a sus tres hijos, su momento -insiste- más feliz de la jornada. “Dios es Alguien por el que todo en la vida tiene sentido”, afirma.

Es usted una persona de un marcado perfil religioso. Keylor Navas, portero del Real Madrid, también lo es. Y suele dar públicamente las gracias a Dios ante los micrófonos de los periodistas deportivos cuando hace un buen partido. ¿Qué opinión le merece que hagan públicas sus creencias religiosas profesionales que son referentes sociales?
Me parece muy bien. Pero debemos hacer pública nuestra fe todas las personas que creemos. Deberíamos hacerlo todos los que profesamos esa fe en Dios. Sea público o no sea público el personaje. Todos debemos hacer pública nuestra fe, no solo los futbolistas, o los actores, o la gente conocida. Todos.

¿Qué significado tiene para usted la Eucaristía?
La Eucaristía es para un cristiano el fundamento, la fuerza, el todo. Es en lo que se sustenta la vida cristiana. Es la comida espiritual. Comulgar es el motor, esa fuerza de vida para seguir caminando.

¿Quién es Dios para Pepe Rodríguez?
Dios… Debe ser Alguien al que tengo y que he conocido a través de los demás. Lo he conocido a través de la Iglesia católica. No resulta fácil explicar a quién rezo cada mañana. A Alguien superior, que está por encima de mí. Alguien por el que todo en la vida tiene sentido. La fuerza, el motor de todo. Y mandó a su Hijo para que estuviera con todo el mundo. Yo soy un pecador. Y confío en Dios cuando todo va bien en mi vida y cuando todo va mal en mi vida. Cuando tengo dudas digo: “Yo no sé nada, Dios mío, ayúdame tú”. A veces tengo la sensación de no saber nada, ni siquiera de cocina. Y digo a Dios: “Dime por dónde tengo que tirar”. O con la educación de los hijos, le digo: “Dios mío, ayúdame a educarlos”. Porque a veces trato de hacerlo yo solo todo y noto que no me sale bien. Y le digo a Dios: “Llévame, dime qué hago”. Y vivo feliz. Dios me lleva por el camino idóneo.

En su opinión, ¿qué está aportando el Papa Francisco a la Iglesia actual?
No sé… No sé si soy yo el más adecuado para hablar de esta cuestión… Pero, por lo que sigo, creo que hay un aire fresco en la Iglesia. Creo que el Papa Francisco tiene una postura humanista para dar a conocer a Dios. No encorsetando el cristianismo. Sabiendo que nunca va a hacer estallar las bases de la Iglesia católica. Sabiendo que somos muy pecadores. Pero sabiendo también que somos buenos, que hacemos grandes cosas, que nos comprometemos. El Papa Francisco va a los sitios más precarios de Roma, de todo el mundo. Y ese es el ejemplo de la Iglesia. Estar a pie de calle como estuvo Jesucristo.

¿Lee usted los libros que publica el Papa?
No, porque no tengo tiempo, y bien que me gustaría, pero llevo un ritmo de vida frenético. No puedo.  

Usted siempre ha vivido en Illescas, un pueblo de la provincia de Toledo.
Sí, he vivido en Illescas durante toda mi vida. Es un pueblo tranquilo, un pueblo normal. Quizás influyan también recuerdos de mi época del colegio. Porque yo hago todas las mañanas una visita a la Virgen de la Caridad. A esa Virgen la visito cada día. El amor a la Virgen de la Caridad me lo inculcó mi madre. Ella era muy devota de esa Virgen. Iba a verla a diario, a veces con su velo negro. Y yo considero que me ha dado muchísimo en la vida la Virgen de la Caridad. Acudo diariamente a darle las gracias.

El restaurante “El Bohío”, en Illescas, lo fundó su abuela, y su madre era la cocinera. Ese restaurante forma una parte esencial de su vida, ¿no?
Este restaurante es donde he nacido, me he criado, donde he pasado mis momentos de infancia. He estado toda la vida aquí. Mi vida ha girado en torno a este restaurante, en torno a la cocina. Me costaría deshacerme de él. No sé si sería capaz. Tampoco sé si sería capaz de hacer otra cosa en la vida que cocinar.

¿Qué importancia concede a la familia?
La familia es donde se sustenta la sociedad. La familia es la base, el pilar de la sociedad. Yo he tenido muchas alegrías en mi vida, muchísimas. Pero no he tenido ninguna alegría comparable a la del nacimiento de mis hijos; esa cosa maravillosa que Dios ha dado al ser humano de poder dar vida. De tener unos hijos. Eso es lo más grande. Yo tengo tres hijos. Y el momento de mayor plenitud del día es cuando llego por la noche a casa, y están ahí, junto a su madre. Entonces preparo yo la cena y estamos todos juntos. Todos, allí, hablando, contándonos lo que hemos hecho durante el día.

Hizo usted unos cursillos de cristiandad que, según ha dicho, le cambiaron la vida. Ha afirmado usted sobre aquellos cursillos que en esos tres días realmente se dio cuenta de lo que significa ser cristiano y de quién es Dios.
Es que uno puede ser un buen cristiano, e ir a misa todos los domingos, e incluso ir a misa en días entre semana, pero los cursillos de cristiandad significaron para mí un choque muy fuerte. Como si te zarandeara un gigante. En los cursillos te dicen cosas que no habías escuchado nunca con esa potencia. Y luego yo no he seguido en el movimiento de los cursillos de cristiandad, pero nunca he perdido ese vínculo. Para mí hubo un antes y un después de realizar aquellos cursillos. Significaron una experiencia de vida extraordinaria.

Con José Soriano, y según contó usted en una entrevista para la revista “Misión”, estuvo ayudando durante mucho tiempo a jóvenes toxicómanos de Illescas. ¿Qué importancia tuvo esa persona en su vida?
Era ver a un señor del pueblo como cualquier otro, que vivía profundamente su religión. Un hombre de la Iglesia, de ayudar a los demás, de entregarse con todas sus fuerzas a la gente. Él estaba con los toxicómanos, ayudándoles. Y yo estaba con mis amigos en los bares y veía a aquel hombre allí, en la calle. Y yo me decía: “Qué mérito que tiene ese hombre, que está con los más apartados, con los que nadie quiere”. Hasta que un día me acerqué a él y le dije que me gustaría ayudarlo en su labor. Y estuvimos bastante tiempo trabajando codo a codo en ayudar a los toxicómanos. Don José Soriano me ayudó mucho a entender lo que realmente significa la religión. A que había que arremangarse. Ya está mayor, pero nos vemos, nos seguimos viendo.

La escritora y filósofa Lou Andreas Salomé, sobre la que se estrenó una película en mayo, amiga de Rilke, de Nietzsche y de Freud, tenía en su infancia conversaciones imaginarias con Dios, y le pidió que su padre no muriera nunca. Pero aquel hombre muere cuando ella tiene 16 años, y Lou sufre una fuerte decepción.
Es posible. Sucede porque a veces no entendemos la vida. Puede ocurrir porque en ocasiones nos construimos un Dios como dadivoso. Es difícil. A veces estamos en el templo, escuchamos todos la misma homilía, y no todos entendemos lo mismo. Cada uno se hace un Dios a su medida. Y no es así, eso es un error, porque Dios es otra cosa. Pero es normal que ocurra eso, porque ella veía un Dios al que creía que le podía pedir de todo. Y le pide un imposible: que su padre viva siempre. También, a veces, ante un desastre nos preguntamos: “Pero dónde está Dios?”. No es fácil estar en esa participación. No es fácil tener esa formación. Entender.

Desde muy joven se caracterizó usted por su afán de superación y de buscar la superación de quienes lo rodean.
Es un camino hacia aquello que se supone que tenemos que mejorar. Consiste en compartir. En darnos. Intento llevar a la práctica aquellas palabras de una persona sabia a quien conocí, que sostenía que para un católico es importante una mirada, un gesto, para que la gente perciba que no somos gente normal, sino gente con alegría. No es necesario darse golpes de pecho. En absoluto. Basta una mirada bondadosa.

En otro orden de cosas. ¿A qué achaca el interés de la sociedad española por la cocina?
El nivel de la cocina sube cuando el nivel de un país sube. Y el nivel de España en estos últimos 30 años ha subido mucho. Y se come de todo y muy variado. En España, la verdad, siempre se ha comido muy bien. Y el trabajo de los grandes cocineros ha hecho que evolucione la cocina en este país. Y me refiero a los restaurantes grandes y a los pequeños. Aquí, la gente quiere comer bien. Con todos los defectos que tiene España, yo le aseguro que en este país se come muy bien.

¿Qué valor concede a los antiguos cocineros, que lograron nombre e hicieron famosos sus restaurantes, como Cándido en Segovia?
Cándido fue un icono. Un adelantado a su época. Hace 60 años que comprendió que no solo había que hacer cochinillos o judiones, sino que había que atraer a la gente hasta Segovia. A los famosos. Que los famosos comieran cochinillos. Y se valió muy bien de los medios de comunicación de la época. Cándido fue el primer cocinero mediático, un precursor.

¿A qué achaca el éxito de “Masterchef”, programa que lleva varios años en antena en Televisión Española, y del que usted es uno de los jurados?
A que se trata de un programa que está muy bien hecho. Hay 200 personas que saben lo que quieren. Conocen perfectamente lo que a la gente le gusta ver. Es un programa blanco. Hay pasión, cocina y entretenimiento. En “Masterchef” se han mezclado muchas cosas y todos los ingredientes son buenos.

¿Cómo aprecian sus hijos su fama, la que le llega a través de la televisión?
Hay de todo y depende de la edad. Mis hijos se llaman María, Jesús y Manuela. A la mayor, de 14 años, no le hace gracia. Se queja de que sus amigas le dicen: “Mira tu padre”. El mediano lo ha normalizado todo. Y la pequeña, de 8 años, es feliz, porque me ha conocido en televisión desde casi siempre. De modo que van desde la realización hasta cierto rechazo. Así son las cosas.

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