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Poldo Antolín Aguilar

Las edades del hombre: Un proyecto consolidado

Bajo el título “Mons Dei” se celebra de abril a noviembre en Aguilar de Campoo la vigesimosegunda edición de las Edades del Hombre. La propuesta incluye, además, siete interesantes rutas por el románico palentino con el epílogo titulado “Ecclesia Dei”.

Son ya ¡30 años! los que cumple esta iniciativa única de dar a conocer a través de exposiciones en lugares emblemáticos el arte sacro de la Iglesia de Castilla y León. Desde aquella primera en la Catedral de Valladolid son ya 22 las exposiciones realizadas y más de 11 millones los visitantes. La fundación ha crecido, tiene su propia sede en el Monasterio de Sta Mª de Valbuena y desde allí restaura muchas de las obras que luego expone, contribuyendo así a la recuperación y difusión del rico patrimonio castellano-leonés.

Pero la Fundación pretende mucho más: un proyecto evangelizador a través del arte. En sus exposiciones, magníficamente diseñadas, busca poner en diálogo la obra de arte, el mensaje religioso y la cultura actual, uniendo al empeño didáctico de dar a conocer las iconografías y simbologías cristianas el afán catequético de lanzar desde ellas mensajes al hombre de hoy, tan sensible a lo estético como alejado de la fe.

Estas exposiciones suponen, además, un desarrollo importante para los lugares donde se celebran, que ven multiplicadas sus visitas durante el tiempo de la exposición. Y es que, como veremos, y muy especialmente en esta edición, se busca que el entorno, tan importante como la misma exposición, sea conocido y resaltado por la temática que se aborda.

Desplazarse a ver las Edades del Hombre significa a veces conocer una comarca nueva, descubrir con sorpresa su entorno, gustar su gastronomía y participar de un concepto de exposición que, con los medios de hoy, une la fe y el arte del pasado al del presente.

2018, MONS DEI. A través de siete capítulos se profundiza en el rico significado que la montaña tiene en todas las tradiciones religiosas y, muy especialmente, en la cristiana. Aguilar está a 99 km. al norte de Palencia, en la ribera del Pisuerga y en la comarca de la Montaña Palentina. Su propio nombre alude a las Águilas que alzan su vuelo y a la tierra de campos, casando a la perfección lugar y mensaje en esta edición que, además, se realiza en dos sedes: la iglesia de Santa Cecilia en alto y la colegiata de San Miguel en bajo, para significar, ya con la ubicación, la experiencia propia que la montaña nos ofrece.

SANTA CECILIA. Esta bellísima iglesia románica (SS. XII-XIII), situada en la ladera del castillo, acoge los dos primeros capítulos de la exposición. Para llegar hasta ella hemos de tomar un camino de ascenso. Desde abajo la montaña, ¡tantas veces coronada por iglesias!, representa una altura física, moral y espiritual que hay que alcanzar. Ya arriba, junto a una escultura del caminante peregrino, podemos contemplar una magnífica vista de Aguilar y su entorno. Cruzando su puerta nos recibe un texto de Isaías: “Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob” (Is 2,3) y un relieve renacentista de la iconografía preferida de esta muestra: la Transfiguración en el Monte Tabor.

De lo expuesto aquí destacamos el esfuerzo por transmitir el magnetismo y misterio que ejerce la montaña y que hace de ella un lugar sagrado para todas las religiones, ese lugar más alto de la tierra, más cerca del cielo, donde habita la divinidad y desde donde se nos invita a orar: “Levanto mis ojos a los montes” (Sal 120). Se muestra todo ello a través de un precioso vídeo, con música elaborada para la exposición, algunos cuadros de montañas, como el de Eduardo Palacios que sirve de cartel para la exposición, y algunas obras de diferentes religiones que construyen cuando no hay montañas artificiales para sus dioses (pirámides, zigurats etc…).

Frente a esa montaña artificial (Torre de Babel) la tradición bíblica responde con una historia de salvación que va de montaña en montaña, partiendo del Monte Moria, donde Abrahán se dispuso a sacrificar a Isaac, y siguiendo con Moisés, el que hizo pasar al pueblo del valle de la esclavitud por el Mar Rojo y el desierto hasta el Monte  Sinaí, monte de Dios, donde se sella la Alianza. Ya con la entrada en la tierra prometida será en el Monte Sión de Jerusalén donde se construya el Templo desde el que dar culto a Dios y donde se encuentra el tabernáculo de su morada. Por eso preside este capítulo desde el presbiterio de la iglesia el soberbio Sagrario renacentista de Campo de Villarcayo, restaurado para la ocasión, que muestra en el lugar donde se celebra el definitivo culto cristiano de la Eucaristía.

COLEGIATA DE SAN MIGUEL. Ya en la colegiata el tercer capítulo se dedica al Monte Carmelo, es el turno de Elías, testigo junto a Moisés de la Transfiguración. El profeta vio en tiempo de sequía venir desde el mar una nubecilla  que traería fecundidad a la tierra, es la prefiguración de la Virgen, por eso este capítulo está también dedicado a ella. Se exponen juntas dos inmaculadas del S. XVII pintadas por Alonso Cano y Sánchez Cotán y además de algunas vírgenes góticas, un hermosísimo relieve de la Presentación de la Virgen en el templo de Gil de Siloé (S. XV).

La Virgen da así paso a su Hijo en el cuarto capítulo, dedicado a Cristo. Descubrimos aquí cómo los evangelistas a la hora de presentarnos a Jesús han querido hacerlo desde diferentes montes: Monte de las tentaciones, Sermón de la Montaña, Monte Tabor, Monte de los Olivos,  hasta llegar al Monte Calvario, donde “elevado sobre la tierra atraerá a todos hacia Él” (Jn 12,28). Merece destacarse la Oración en el huerto de Juan de Flandes (1518), el magnífico conjunto escultórico de la Transfiguración del retablo del Salvador de Valladolid que preside la nave central y que ha sido restaurado para la ocasión, y ¡cómo no! el gran retablo renacentista de esta colegiata, que en un guiño muy propio de las Edades del Hombre es incorporado al contenido expositivo. De los crucificados destaca el Cristo del Perdón de Manuel Pereira, restaurado también para la exposición.
La Iglesia, esa “ciudad puesta en lo alto de un monte” (Mt 5, 14) es el quinto capítulo. Esta parte de la exposición presenta junto a otras obras de arte elementos de uso litúrgico y sacramental  entre los que destaca la pila bautismal románica de Redecilla del Camino (Burgos).

LA SUBIDA AL MONTE CARMELO. El capítulo sexto es especialmente original dentro de la exposición y constituye todo un acierto, se inspira en una obra maestra de la espiritualidad como es la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz. El poeta y místico castellano, maestro en imágenes literarias, utilizó la montaña como símbolo de su itinerario espiritual de ascenso. De una sala central ocupada por una escultura del santo, obra de Venancio Blanco, parten tres caminos distintos: el camino errado (del hombre sin Dios: gusto, libertad, honra, ciencia, descanso), el camino del espíritu imperfecto (buscando los dones de Dios y no al Dios de los dones: saber, consuelo, gozos, seguridad, gloria) y la senda estrecha de la perfección que, aludiendo al otro símbolo espiritual de la escalera, nos hace subir por un camino de luz hasta un espacio blanco circular en cuyo techo podemos leer: “Solo mora en este monte la gloria y honra de Dios”.

NO INSTALEMOS TRES TIENDAS. Para finalizar el séptimo capítulo se dedica a los santos que a lo largo de la historia han hecho la experiencia de la Transfiguración, ellos, alimentados por la Eucaristía, han sabido como los apóstoles subir a la montaña de la oración para bajar llevando la luz sanadora de Dios a la humanidad herida. Junto a la gran Custodia de Antonio de Arfe de Medina de Rioseco aparecen cuadros y esculturas de santos realizadas por significativos artistas como El  Greco, Berruguete, Gregorio Fernández o Goya.

La última obra que se expone, ya junto a la puerta de salida, es un Salvador bendiciendo, de Berruguete, que nos anima a descender de la montaña hacia la calle, evitando instalar tres tiendas dentro de la Iglesia y llevando, como hicieron los santos, la experiencia del Tabor a la realidad de hoy. Concluye así esta hermosa exposición.

ECCLESIA DEI. Este epílogo parte de la misma exposición y es una invitación a recorrer siete itinerarios del románico palentino. Ampliando su horario de visitas se favorece que la concentración de iglesias románicas más amplia de toda Europa, como es la de la provincia de Palencia, sea descubierta por el visitante.
Acérquense si pueden a Palencia antes de noviembre, aprovechen la oportunidad que nos ofrece las Edades del Hombre para conocer Aguilar y su comarca, para adentrarnos en el románico palentino y para, por qué no, hacer la experiencia de la montaña, que nos aleja de nuestra realidad en este tiempo de vacaciones para volver a ella llenos de la belleza que la naturaleza y el arte traen a nuestras vidas: “Venid, subamos al monte del Señor”.

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