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Lorena Pacho Pedroche

Un sínodo para llenar de respuestas y esperanza los desafíos de la juventud de hoy

El próximo 3 de octubre comenzará la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” que concluirá el 23 del mismo mes. Durante ese tiempo, la juventud católica, cristiana, de otras religiones y también los no creyentes del mundo posarán sus ojos en Roma. Los desafíos son grandes, pero también la esperanza con la que la Iglesia y los jóvenes se preparan para afrontarlos.

Francisco dejó clara la relevancia de los jóvenes para la Iglesia al inicio de la reunión presinodal preparatoria de abril, en la que participaron 300 jóvenes de todos los continentes de forma presencial y más de 15.000 de forma virtual. “Vosotros nos provocáis a salir de la lógica del ‘siempre se ha hecho así’; esta lógica es un veneno dulce, porque te tranquiliza el alma, te deja como anestesiado y no te deja caminar”, les dijo con cariño el Papa. Y destacó la importancia de salir de esa lógica para permanecer creativos en el surco de la auténtica tradición cristiana. El Pontífice siempre ha insistido alto y claro en que quiere escuchar a los jóvenes sin filtros y así se lo ha transmitido. Quiere escuchar directamente de su boca lo que tienen que decir a la Iglesia y quiere sus reflexiones originales, sinceras e íntegras, sin cribar. El camino es complejo, lleno de desafíos, pero también de esperanza y alegría.

El cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos recordó en la presentación del Instrumentum laboris, los seis desafíos  antropológicos y culturales fundamentales a los que la Iglesia está llamada a enfrentar en su compromiso pastoral con los jóvenes: “La nueva comprensión del cuerpo, de la afectividad y de la sexualidad; el advenimiento de nuevos paradigmas cognitivos que transmiten un enfoque diferente de la verdad; los efectos antropológicos del mundo digital, que impone una comprensión diferente del tiempo, el espacio y las relaciones humanas; la desilusión institucional generalizada tanto en la esfera civil como eclesial; la parálisis decisional que aprisiona a las generaciones más jóvenes en caminos limitados y limitantes; por último,  la nostalgia y la búsqueda espiritual de los jóvenes, que parecen menos ‘religiosos’, pero más abiertos a experiencias auténticas de trascendencia”. Todos estos aspectos marcan el contexto común y compartido en el que estamos inmersos, “son un poco como el aire que respiramos”, puntualizó don Rossano Sala, secretario especial para el Sínodo de los jóvenes. Y explicó que solamente dentro de estas condiciones precisas es posible reconocer las oportunidades y las criticidades de las condiciones de los jóvenes de hoy en día, que “están llamados a soñar, pensar y planificar dentro de estas dinámicas que no son suyas para decidir, pero que les son dadas por la época histórica en la que todos vivimos y operamos”.

Sala explica a esta revista que los jóvenes viven en un mundo complejo y muy fragmentado y que son muchos y variados los desafíos que deben enfrentar. “Creo que uno de los mayores es el de seguir siendo personas reflexivas. Si el inicio de la modernidad estuvo marcado por el ‘pienso, luego existo’, la postmodernidad está marcada por el ‘estoy conectado, luego existo’”. Y lanza una interesante reflexión: “Estar conectados significa ser continuamente bombardeados por mensajes, invitaciones, anuncios o noticias que no nos permiten ahondar en profundidad, sino que nos empujan a quedarnos en la superficie siendo cada vez personas más instintivas”. Y señala que ahí está la razón de que el Sínodo se ocupe del discernimiento: “porque se trata de acompañarlos a la hora de poner en claro y distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, lo que es justo de lo que es equivocado, lo que está bien de lo que está mal, lo que viene de Dios de lo que viene del maligno” y concluye: “Si se vence este desafío, los demás mil caminos pueden afrontarse con gran optimismo”.

Don Sergio Tapia Velasco es sacerdote, formador y profesor en la Universidad de la Santa Cruz. De su contacto constante con jóvenes observa un “miedo al futuro”. Y habla del temor “ante cualquier decisión que pueda comprometer la vida futura: casarse, empeñar la vida en una vocación de entrega total a Dios, tener un hijo, etc”. Además, para él,  “esa desesperanza puede acentuarse cuando, al volver los ojos a la Iglesia, lo único que se encuentra es un viejo templo lleno de ancianos y una estructura aparentemente repleta de escándalos y luchas de poder; y cuando se vuelven los ojos al mundo lo único que se percibe -por la falta de líderes políticos- es una guerra sucia por escalar posiciones en todos los ambientes, sin que parezca importar nada el ir aplastando a los demás”. Por eso, está convencido de que el principal desafío que tiene que enfrentar la juventud en la actualidad es “la desesperanza y el desencanto”. “Basta una mirada superficial sobre la realidad actual para darse cuenta de que las noticias, las películas, las series y, en general, el ambiente en el que nos movemos, suele estar lleno de pesimismo y el refugio fácil es replegarse en la búsqueda egoísta de placeres y emociones efímeras”, reflexiona.

Jesús Cabello es un cantautor católico de Puente Genil (Córdoba). Una grave enfermedad en su infancia provocó una búsqueda insaciable del sentido de la vida hasta que se encontró con Dios. Casado, padre de un hijo y profesor, dedica su tiempo a compartir su testimonio a través de la música desde hace más de una década. Sus canciones se oyen en radios católicas de quince países y ha actuado en España, Polonia, Italia, Portugal y EEUU. Cree que los jóvenes están inmersos “en una etapa histórica de muchísima actividad” y que los ritmos de estudio y trabajo “son frenéticos en algunos casos, pero en los tiempos de ocio no dejan la cabeza y el corazón libres para poder orientarse en el silencio interior y la oración”. Como joven que está en contacto con otros jóvenes y que conoce y experimenta sus inquietudes tiene claro lo que espera de este sínodo: “Hay que acompañarlos en un camino de descubrimiento interior; hay que crear espacios donde sean capaces de poner nombre a lo que ocurre dentro de ellos, para dar un sentido a sus miedos y sueños”. Porque  “solo así podrán encontrarse con Jesús, el único que puede hacernos verdaderamente humanos, el único que puede enseñarnos a usar los medios de comunicación como un instrumento de evangelización y no como unas cadenas que limitan nuestra vida”.

Jesús Cabello pone en su boca una frase que muchos piensan y que es, en general, la sensación con la que se salió de la reunión presinodal. “Siento que los jóvenes están esperando siempre ser escuchados” y precisa: “quizás no tanto para que cambien las normas, por así decirlo, sino para poder expresar sus preocupaciones y deseos. Es fundamental que unos padres escuchen a sus hijos para que crezcan vinculados afectivamente a la familia. De igual manera, la Iglesia debe conocer qué sienten los jóvenes para acompañarlos según su circunstancia”, dice. “Jesús nos mira, nos conoce y nos cura según nuestras heridas”, concluye.

El cardenal Baldisseri recordó que una parte fundamental del Instrumentum laboris se refiere a escuchar la palabra de los jóvenes. “Partiendo del dato de que a la Iglesia hoy le cuesta trabajo escuchar, surgen las demandas de los jóvenes: piden coherencia, autenticidad, espiritualidad; desean una capacidad relacional renovada y una dinámica de acogida profética; piden una liturgia viva y vivaz; piden un compromiso desinteresado con la justicia en el mundo. Están sedientos de fraternidad”, explicó.

Este sínodo tiene que afrontar muchos desafíos y llegar a muchas realidades, pero lo hará siempre desde la esperanza y bajo la luz del Evangelio. “Es evidente que hacer un Sínodo sobre los jóvenes no significa hablar solo de ellos, sino hablar de los adultos, de los educadores y de los padres, de los obispos y de los sacerdotes, de la escuela y de la universidad, del trabajo, la familia, la economía, etcétera”, señala Rossano Sala. Y aquí percibe el desafío más importante para la Iglesia: “el de la credibilidad y la coherencia” y hace una puntualización: “Las grandes acusaciones que Jesús dirigía a los fariseos y a los doctores de la ley son muy actuales en la Iglesia de hoy: hipocresía, búsqueda y abuso de poder, riqueza, separación entre palabra y acción. Sentar las bases para el retorno a una Iglesia auténtica, relacional y fraternal me parece el primer y más importante desafío para la Iglesia hoy”.

Para el secretario especial, este Sínodo es “el retorno al Señor, a su Palabra, a sus indicaciones”. Espera, por lo tanto, “una Iglesia que se ponga en movimiento, que no se cierre en esquemas ya superados ni en metros de juicios mundanos, que tome conciencia de haberse alejado de los jóvenes y que después vuelva a ellos con humildad y valor, abatiendo muros y reconstruyendo puentes”.

El Instrumentum laboris alienta a caminar, a arrojar luz sobre los problemas y a encontrar formas de resolverlos. Es el prólogo de un encuentro que brinda la oportunidad de redescubrir la esperanza de una vida buena, el sueño de la renovación pastoral, el deseo de la comunión y de la pasión por la educación. “El mayor deseo es que este Sínodo sea una ocasión de vida y esperanza para los jóvenes, la Iglesia y el mundo. Para que todos los jóvenes, en un mundo que les está robando los afectos, los vínculos y las perspectivas de vida, redescubran la belleza de la vida a partir de la relación feliz con el Dios de la alianza y del amor”, subrayó el cardenal Baldisseri.

Aún queda camino por recorrer, pero las bases que se han sentado hasta ahora son fecundas. Para Rossano Sala, la reunión presinodal fue “un señal muy hermosa, en la que la Iglesia universal prestó atención a los jóvenes de todo el mundo. Creó las condiciones para un diálogo que nunca había sucedido a este nivel”. Y cree que el documento que los jóvenes entregaron al Papa es “realista, profundo y concreto”. Pero lo más importante, señala, haciendo alusión a las propias palabras de la juventud “es que suponga la apertura de un canal abierto y permanente de diálogo de la Iglesia con todos los jóvenes, sin excluir a ninguno”.

Don Andrea Guidone es el director de la pastoral juvenil de la diócesis de Treviso. Con su acompañamiento, muchos jóvenes de allí, junto a otros 70.000 procedentes de toda Italia, participaron en un espectacular, alegre y esperanzador encuentro con el Papa Francisco el 11 de agosto en Roma. El presbítero confiesa que los ve “animados por una escondida, pero presente esperanza”. Y añade que “están alentados por un gran sentido de justicia para todas las situaciones que claman ante Dios; animados por una inteligencia viva y creativa que necesita ser bien valorada y acompañada; animados también por el deseo de arrancar de la indiferencia y el aburrimiento a los compañeros que están tirando sus días”.

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