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Alba Sabaté Gauxachs
Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura

La religión católica, hilo de la alta costura

Cruces. Dorados. Bordados. La Virgen. Tejidos celestiales. Música envolvente. Luces. Sombras. Infinito simbolismo entre capas, mitras y sotanas presentes en apuestas de la más alta costura, firmadas por Chanel, Versace, Dior, Valentino, McQueen, Balenciaga o Yves Saint Laurent. Patrones celestiales y eclesiales, hibridación laica y clerical, en continuo diálogo con obras de arte religioso de siglos y siglos de antigüedad.  
¿Inspiración católica o rompedor atrevimiento?

Este 2018 el Metropolitan Museum de Nueva York ha lucido una de sus mejores galas, la exposición Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination. Un intenso viaje por las colecciones que los grandes modistos han basado, desde distintas perspectivas, en la religión católica. Pilotado por el comisario del museo, Andrew Bolton, este trayecto ha puesto el foco en la, entre plácida y controvertida, relación entre moda y catolicismo. Los modelos expuestos hablan por sí solos de la espiritualidad de sus creadores y son la prueba de que en el mundo de la moda no se da puntada sin hilo.

¿Qué ha aportado el catolicismo a la moda? Historias. Estas son la clave de la inspiración de los diseñadores, como lo son de los pintores, escultores, músicos o directores de teatro y cine. “La religión es un imaginario clave en el arte y la moda es un arte en el que la narrativa religiosa es muy potente”, asegura Marta Marín, analista de tendencias y directora del Máster de Comunicación de Moda en Blanquerna-Universitat Ramon Llull. Para Marín, experta y jefa estratégica de empresas del sector, la contribución que las religiones y, especialmente, el catolicismo, ha realizado en el mundo de la moda, está basada en elementos intangibles.

Lo corrobora la teóloga especialista en movimientos artísticos de la Boston University, Eileen Daily. Según ella, “el arte de la Iglesia ha aportado muchas ideas a la moda”. Para Marín, también existe una herencia más tangible, a nivel de técnicas y uso de materiales, pero “es secundaria”, ya que el rol de la religión en las colecciones de los grandes modistos va mucho más allá.

El catolicismo se utiliza como potente narrativa que las marcas optimizan. “Hacemos apropiaciones porque somos incapaces de inventar, renovamos constantemente, recuperamos historias del pasado”, aclara la analista de tendencias. Craig Detweiler y Barry Taylor, en su libro A matrix of meanings. Finding God in Pop Culture (Baker Academic, 2003) hablan del “final de las nuevas ideas”. Esta renovación se exige en las marcas ocho veces al año  -en sus distintas colecciones-, con lo cual, la religión católica y todas las historias de la Biblia tienen un papel clave como imaginario para los creadores.

De imaginación se trata y se ha tratado durante la historia. La Biblia no da instrucciones concretas sobre el vestir, apunta la teóloga Eileen Daily. Es más, Mateo 6,25 plantea “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”. Así, según Daily, pintores y artistas de todas las épocas han tratado de representar en sus obras religiosas unos atuendos que “surgieron de mezclar su imaginación con las tendencias del momento en el que vivían”. Esta era, además, una forma de acercar las historias de la Biblia a los creyentes.

De este modo, los artistas que, en los siglos XIV y XV empezaron a inspirarse en las Sagradas Escrituras, marcaron unos cánones de la estética del momento y se entró en un diálogo fluido entre moda y catolicismo ya que, a la vez, “quien podía encargar a un diseñador que le hiciera un traje a medida, le pedía que se inspirara en las obras de los artistas”, destaca Daily.

En este sentido, la exposición neoyorquina presenta propuestas de firmas contemporáneas inspiradas por arte católico. Lanvin se basó en las obras de Fra Angelico, Balenciaga encontró en Rafael todo un universo creativo; Zurbarán inspiró a John Galliano para Dior y a Pierpaolo Piccioli para Valentino, que tomó como referencia en alguna de sus propuestas la capa negra de los monjes dominicos, así como la túnica negra de los benedictinos y agustinos. Por su parte, Stefano Pilati para Yves Saint Laurent integra, en algunas de sus colecciones, alusiones a las pinturas flamencas que representaban a sacerdotes y monjas Jansenistas -movimiento basado en la obra del teólogo holandés Cornelius Jansen-. ¿Son todas estas apuestas un fiel reflejo de relatos bíblicos? No siempre.

Entre la transgresión y la inspiración. Según Marta Marín, la relación que las religiones en general y el catolicismo en particular ha tenido con la moda durante los últimos veinte años se ha basado más en la transgresión que en la pura inspiración. La directora del Máster de Comunicación de Moda de Blanquerna-URL señala que tras unos años ochenta en los que la belleza y los cánones más clásicos predominaron como categoría estética, se despertó la transgresión. “Vino de la mano del publicitario Charles Saatchi, desde Londres, una ciudad que en aquel momento no contaba con una voz potente dentro del mundo creativo y de las artes plásticas”.

Saatchi creó un nuevo grupo, los Young British Artists, con el que tenía una consigna, crear obras que trastornaran la mente del espectador. “Lo más fácil para transgredir es tocar temas tabú y la religión es uno de ellos”, aclara Marín. Esta transgresión permeó a mundos creativos como la música. Algunas polémicas puestas en escena de Madonna, Beyoncé, Rihanna o Lady Gaga vienen de este movimiento.

“La moda es un campo más complicado en este aspecto, porque el individuo la luce, es como reviste su físico”, subraya la analista de tendencias. Por eso esta transgresión, en la moda, llegó solo a ciertos nichos. John Galliano para Dior, Gianni y Donatella Versace, Christian Lacroix o Alexander McQueen son algunas firmas contemporáneas en la que predomina esta línea. A principios de los noventa, también Jean Paul Gaultier lo hizo con la colección Chic Rabbis, de claras reminiscencias religiosas; en este caso, judías.

“Algunos diseñadores intentan apropiarse de los detalles de la religión a un nivel muy suave y otros intentan generar polémica por el hecho de generar polémica”, comenta Marín. A.F. Vandevorst dijo en 2001 que “no había límites para usar elementos religiosos en la moda, siempre que se hiciera con respeto”.

El tipo de apropiación depende del diseñador -y su sentimiento-, del contexto y del público al que va dirigido. Actualmente, la decisión no suele ser tan personal de los diseñadores como de la lógica comercial de los grandes grupos para los que trabajan. Las casas de moda tienen muy claro a quién se dirigen y tensan o destensan el nivel de transgresión en función de si su objetivo es generar polémica o vender piezas de su colección. Según Marín, “la lógica comercial obliga a hacer propuestas que no incomoden a nadie”.

Diseñar religiosamente. Detweiler y Taylor detallan en su libro que la moda expresa el espíritu de cada época. “A Coco Chanel nunca se le habría ocurrido hacer una irrupción en este mundo católico, porque vivió en un contexto político, económico y social en el que esto no era posible”, explica Marta Marín. Sin embargo, Chanel cuenta con unas marcadas reminiscencias religiosas a nivel de paleta cromática y de formas, influencia de su infancia en un monasterio católico de Moulins (Francia), donde aprendió a coser. Según la experta, el logotipo de Chanel, con sus dos iniciales entrecruzadas, viene de un ejercicio visual de las vidrieras de ese monasterio.

Domenico Dolce y Stefano Gabbana tampoco cruzan el borde de la transgresión. En sus universos creativos, las figuras de Jesús y la Virgen tienen marcada presencia y algunos de sus modelos se basan en la Catedral de Monreale, de su Sicilia natal. Según Marín, los diseñadores sicilianos “juegan a apropiarse de los códigos expresivos de la religión y técnicamente la trabajan muy bien, nunca intentan generar un discurso que pueda ser molesto para una persona italiana”. Elie Saab, por su parte, de origen católico maronita, incluye en sus propuestas creativas reminiscencias a su propia religión. Ya desde los años cincuenta y sesenta, las piezas de Lanvin o Madame Grès, están impregnadas de elementos religiosos.

Gianni Versace destaca por no quedarse siempre en el campo de la inspiración y transgredir, con apuestas irreverentes, entre lo sagrado y lo profano. Algunos de sus modelos presentes en la exposición neoyorquina se basan en los mosaicos de la basílica italiana de Sant’Apollinarie Nuovo.

De hecho, los mosaicos bizantinos adoptan un gran protagonismo en algunas colecciones. El centro de la vida pública religiosa bizantina se encontraba en las iglesias, donde decoraciones muy elaboradas, como mosaicos y frescos, intentaban hacer visible el paraíso a los devotos. La teóloga Eileen Daily asegura que las iglesias fueron, durante mucho tiempo, uno de los espacios en los que los individuos veían más colores distintos, en frescos, mosaicos y vitrinas.

Los must de la moda inspirada en el catolicismo. Según Daily, suelen ser cinco los tipos de referencias religiosas que se repiten en el arte y por lo tanto, en gran parte de las referencias católicas en la moda. Se podrían denominar must, o como se conoce en el sector, aquellos elementos que son básicos y esenciales. “Son Jesús, la Virgen, los ángeles, escenas de la Bíblia y el clérigo”, explica. La exposición Heavenly Bodies lo demuestra.

La Virgen aparece como una de las figuras más prevalentes en el arte medieval. El culto mariano también tuvo un auge en los siglos XII y XIII y María es también el principal foco de la pintura religiosa del renacimiento. Representarla vestida de azul se convirtió en una convención, evocando la humildad, la virtud y el color del cielo. Balenciaga es uno de los creadores que se inspira en estos motivos. La tradición de la Madonna vestida, es decir, de ataviar a imágenes de la Virgen con Jesús, ha interesado a muchos creadores, como Christian Lacroix. Yves Saint Laurent diseñó, para una figura de la Virgen del Rocío en la Capilla de Notre-Dame de Compassion de París, un conjunto dorado creado con accesorios del joyero Goossens.

En los ángeles se han inspirado John Galliano para Dior, Yves Saint Laurent o Balenciaga. La conexión con estos mensajeros celestiales se representa con el uso de materiales muy etéreos, como la seda o el tul. Thierry Mugler los evoca en túnicas drapeadas y holgadas. En cuanto a escenas bíblicas, el jardín del Edén es la que más destaca en la exposición neoyorquina, presente en una propuesta de Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli para Valentino.  

“La indumentaria eclesial no es un límite para la creatividad en la moda, todo lo contrario”, comenta Marta Marín. El vestido en el catolicismo no solo indica posiciones, forma parte de la liturgia y distingue unas órdenes de otras. El marrón se asocia normalmente con franciscanos y carmelitas, el blanco con los cistercienses y el negro con los dominicos y agustinos. Así, hábitos y sotanas aparecen también como referente para la alta costura. Algunas propuestas de Valentino, por ejemplo, evocan caídas inspiradas en la cappa magna de obispos y cardenales para ocasiones litúrgicas de distinta categoría.

En el mundo de la moda el hábito dominico es el más reconocido y el que más se ha adaptado en algunas colecciones. Se trata del tipo de hábito usado en el cine, en películas como The Nun’s Story (Audrey Hepburn), The Sound of Music (Julie Andrews) o Sister Act (Whoopi Golberg). Por su parte, Raf Simons y Alexander McQueen adaptan transgresivamente la sotana, un atuendo que se empieza a identificar con la Iglesia a finales del siglo XII, cuando fue abandonado por los laicos y adoptado por el clérigo. Un detalle significativo, tiene 33 botones, que representan la edad de Cristo.

Coco Chanel tuvo como uno de sus principales iconos la cruz. Con el joyero Goossens, creó una línea de cruces bizantinas, que en su momento eran símbolos de fe. Las versiones de Chanel se adoptaron como icono de la fidelidad a la marca. Posteriormente, con Karl Lagerfeld, Coco Chanel presentó propuestas de cruces en cuarzo transparente, material que cuenta con muchas asociaciones metafóricas que vienen también de la época bizantina, y que lo vinculan al río de la vida y a la resurrección de Jesús.

"Esta exposición ha sido para mí una revelación. He constatado que la belleza y la religión, que siempre han estado conectadas, también están unidas por la moda”, afirma Míriam Díez Bosch, periodista, teóloga y directora del Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura, tras haberla visitado. Según Díez, “el imaginario de los modistos, su pasado, su torturada visión de la vida y de la espiritualidad, su destilado estilo y su gusto barroco se perciben de manera mágica en sus composiciones". Para ella uno de los aspectos más llamativos ha sido poder ver en Nueva York piezas directamente llegadas del Vaticano, algo inédito y muy esperado. “La aproximación de la Santa Sede, el guiño que ha hecho con este gesto a la intelectualidad internacional y al mundo de la cultura es muy interesante”, subraya.

Hacia un futuro clásico. La historia se repite y según Marta Marín, en el futuro se esperan propuestas que vuelvan a apostar por la belleza como categoría estética, de forma que se abandone la transgresión. “En la historia del arte, los cánones clásicos son opuestos completamente a ella”, indica. Tras dos décadas, se producirá, según parece, este nuevo cambio. ¿Cómo lo vivirá la moda inspirada en el catolicismo?

Míriam Díez recuerda que la Iglesia ha tenido una relación especial, a veces conflictiva, con el cuerpo y muestras como esta son una invitación a la reconciliación entre dos mundos que se miran. “Celebro que haya exposiciones que se adentren en la moda y la religión, porque demuestran una vez más que no hay nada ajeno a la religión. Ni la moda”, concluye.

Para Óscar Wilde en su Filosofía del vestido (John Cooper, 2013), “la moda no incomoda”. Sin embargo, Heavenly Bodies, como ya hizo en su momento el satírico “desfile eclesial” del film Roma de Federico Fellini, ponen alta costura y catolicismo en la pasarela del debate público, aun con el riesgo de encontrar alguna aguja sin cabeza.

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