Despertar

Fernando Cordero Morales

Entrevista a... René Cabezón

© SS.CC.

René Cabezón Yáñez es el Superior Provincial de los Sagrados Corazones en Chile, que conjuga con ser párroco. Licenciado en Biología y Ciencias, se ha dedicado al servicio de sectores periféricos en Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, además de fundar el Departamento de Justicia, Paz y Ecología de la CONFERRE (Conferencia de Religiosos de Chile). Es un sacerdote entrañablemente familiar, vitalista y alegre. Ha sido bombero y ahora es capellán de los bomberos de Valparaíso. Además de
“apagar fuegos” en la actual coyuntura chilena es un religioso de profunda esperanza.

Preséntanos tu radiografía de la Iglesia chilena en la actualidad.
Estamos viviendo la crisis más grande de nuestra Iglesia chilena en toda su historia. Tener a todos los obispos renunciados, haber expuesto al Papa a una bochornosa visita pastoral, tener varias iglesias locales con su clero y laicado dividido, y casi un tercio de los obispos en procesos judiciales, es un escenario muy triste y doloroso. En ese contexto, se percibe a nuestros hermanos obispos muy confundidos, con poca claridad para donde ir y, a ratos, sin una sintonía fina con el papa Francisco frente al tema de los abusos. Por otra parte, un desencanto generalizado de la opinión pública del actual rol de la jerarquía que, para muchos, es el rol de “la Iglesia”. Muchos se preguntan qué pasó con la Iglesia valiente que defendió la dignidad de las personas en tiempos de la dictadura. Como signo de esperanza, un laicado que adquiere un protagonismo y se organiza en cada Iglesia local de Chile, y en redes, coordinaciones que le están tomando en serio la palabra del Papa, que les dijo: “la Iglesia hoy necesita del Pueblo fiel de Dios, necesita que nos interpele. La Iglesia necesita que ustedes saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos, esto no va…”, por eso, ahora prepara para enero de 2019, un primer Sínodo de laicos organizado totalmente por ellos.  

¿Cuál es tu valoración del rol del papa Francisco en la crisis chilena?
Ha sido algo paradójico su rol, pero relevante al final. Su actitud inicial agravó la crisis, al apoyar por tres años al obispo Barros, contra el parecer de la mayoría de la opinión pública que lo consideraba encubridor de abusos a lo menores y, por otra parte, para desactivar esta situación, ha tenido una actitud valiente y profética.  No ha dudado en poner en cuestión a todo el episcopado, y aceptar la renuncia -por ahora- de 7 obispos, entre ellos, Barros; al citar a los obispos a Roma les ha leído la “cartilla”. Les enrostra su psicología de élite y les ha pedido poner en el centro a Cristo y no al clericalismo que aplasta al Pueblo de Dios. Si uno mira el eco internacional de esta situación y reúne todo lo dicho por el Papa a nuestro país, constataremos que se ha configurado un verdadero y rico “magisterio sobre abusos” que el papa Francisco ahora quiere trasmitir al mundo entero a través de una carta dirigida a propósito de los escándalos por abusos y, por otro lado, una convocatoria inédita de todos los presidentes de las conferencias de obispos del mundo, a una especie de Sínodo, para tratar el tema en febrero de 2019.

La Congregación de los Sagrados Corazones ha tenido una postura crítica en torno a la actuación de los obispos. ¿Cómo valoras el nombramiento de Sergio Pérez de Arce, religioso de la Congregación, como reciente administrador apostólico en la Diócesis de Chillán?
Sin duda el nombramiento de Sergio es muy valioso y sorpresivo, pues él había sido de una crítica muy abierta por los errores de nuestra jerarquía, y como muchos en Chile, les pedía que dieran un paso al lado, a los obispos implicados en acusaciones, a los cardenales, y al nuncio, por el bien de la Iglesia. Por eso vemos en esta decisión, una postura clara del Papa por la verdad y las víctimas.  En eso Francisco no se pierde, y nos invita a ser profetas dentro y fuera de la Iglesia. Recordemos a Monseñor Romero, de quien el Papa alaba que no solo fue mártir hasta su muerte, sino que después se le siguió haciendo mártir, con las calumnias y descalificaciones de sus propios hermanos en el episcopado. Eso les pasó a muchas víctimas en Chile y en el mundo. Eso no se puede volver a repetir, por lo que todos debemos  aportar un grano de arena, con humildad, pero con apego al Evangelio de Jesús que nos dice, “la verdad los hará libres”.

También la propia Congregación ha recibido denuncias, ¿cómo está actuando la Provincia chilena ante estos casos?
Efectivamente, hemos tenido una denuncia que está en proceso (Investigación Previa y después se deberán enviar los antecedentes a Roma), pero es evidente, escuchando al denunciante y sus testigos, que estamos ante una denuncia verosímil. Donde hubo abuso de conciencia, poder y sexual. Hoy con la claridad que tenemos, podemos decir que no fuimos diligentes en estar atentos a los indicios que podían apuntar al mal manejo del poder de un ministro, en la pastoral, especialmente con jóvenes. Nos dejábamos encandilar por el carisma del hermano para llegar a los jóvenes y no tomábamos atención a otros aspectos como su libertad y crecer en autonomía. Por eso hoy, fuera de la claridad del proceder canónico y legal, estamos aplicando y creando diversos instrumentos y procedimientos, como protocolos no solo ante un abuso, sino para prevenir y crear “ambientes sanos y seguros” para el trabajo pastoral con niños, jóvenes y adultos vulnerables. En esto nos están ayudando psicólogas, educadores y profesionales de las comunicaciones.

Después de esta gran crisis, en la que se habla de la caída de la Iglesia chilena, ¿ves visos de esperanza de cara al futuro?
Lo que nos tiene que mover no es el prestigio perdido ni procurar recuperar el poder de influir. Está bien que se acabe. Eso no es de Jesús, ni del Evangelio. Esa mentalidad de cristiandad donde éramos el centro del mundo (y algunos añoran) es la cuna del clericalismo y el abuso de poder en todas sus formas. Estoy seguro que no viene del Espíritu de Dios Padre-Misericordioso. Dicho esto, estoy impresionado que en estos meses se han levantado cientos, y no exagero, de iniciativas laicales en todas las ciudades y barrios de Chile (de sectores pobres, de clases medias y altas; profesionales, jóvenes, mujeres, etc.) que han escuchado el llamado del Papa a ser “pueblo de Dios que peregrina”, y con un laicado maduro. Puedo decir que de esta crisis vamos a salir más fortalecidos, más firmes en la fe, -puede que seamos menos-, pero una Iglesia más laical, más de hermanos con distintas tareas y vocaciones; con un rol más protagónico de la mujer, y más humildes ante el que sufre, más empáticos y no condenadores. Creo que si Dios nos regala ese don, seremos una Iglesia un poco “más discípula de Jesús”.

¿Qué destacarías del Capítulo General de la Congregación que se acaba de celebrar en Roma?
Destacaría que fuera de los buenos contenidos que giran en torno a la “conversión pastoral y misionera” que nos habla Francisco, del desafío de cultivar el “hombre interior” como religioso para estos tiempos que corren, el acoger a los laicos de la Rama secular, su crecimiento y la orgánica que se dieron. Sin duda que el encuentro familiar, el compartir de hermanas y hermanos, las búsquedas comunes; la capacidad para empatizar con el otro que es un distinto (hermanas, Japón, India, EE.UU, etc.), y por cierto, el fraterno y distendido diálogo del Papa con los Capitulares, no serán fáciles de olvidar y un desafío el trasmitir lo vivido, más allá de los contenidos.

Los Superiores Generales, Patricia y Alberto, son chilenos. ¿Cómo piensas que será su modo de animar a la Congregación?
Primero que nada, fue una sorpresa del Espíritu, impensado. Vuelvo a decir una palabra que usaré varias veces, es una sensación de estar ante una fuerza de “sintonía” macro y micro. Macro con el papa Francisco y micro dentro de la congregación, y entre las dos ramas de hermanas y hermanos, y ahora se suman con fuerza los laicos. Alberto y Patricia además de ser chilenos, estudiaron algunos años juntos en París. Por lo tanto, hay mucha vida en común, y diría que son amigos de camino en esta vida congregacional. De ahí que espero una animación muy potente de renovar lazos entre las tres ramas. ¡No están los tiempos para caminos solitarios! Creo que a través de sus liderazgos, ellos aportarán los acentos del caminar de la Iglesia latinoamericana marcada muy fuertemente desde los lineamientos de las Conferencias Episcopales de Medellín y Aparecida, donde los pobres, la vida comunitaria, y lo misionero, como fruto de tener a Jesús en nuestros corazones serán un aspecto insoslayable en su gestión.

Está en marcha la beatificación de Esteban Gumucio, el “Tata Esteban”, primer religioso sacerdote de los Sagrados Corazones chileno, muy reconocido en el país. ¿Qué supondría su figura para la Iglesia y sociedad chilenas?
Creemos, y lo digo así, pues es una impresión de muchos laicos, religiosos y religiosas, que el Padre Esteban “es una buena noticia para Chile”. Primeramente para su Iglesia local y Congregación y, después para la Iglesia en general. Esteban es la concreción de un modo de ser “pastor con olor a oveja”, un pastor humilde pero valiente. Creativo y empático con el mundo que le tocó vivir, mundo lleno de vertiginosos cambios como el actual, pero con una capacidad de sintonizar desde el Corazón de Jesús y su madre María con esta realidad cambiante. Doy un par de ejemplos. Tuvo una capacidad de llegar a los niños y jóvenes en sus mundos y sus búsquedas, para ellos creó cuentos, canciones, les dio charlas. Siempre lo escuchaban y veían con atención. Era una persona pacifica, empática con los que sufrían y cordial, también con sus rebeldías y luchas sociales. Le indignaba la injusticia y el abuso de los débiles y pequeños. Se puso siempre de su lado. Generó muchos comedores infantiles para paliar el hambre en los hogares pobres. Allí conoció a jóvenes madres adolescentes que eran rechazadas en sus núcleos católicos, pero Esteban como Jesús no las condenaba (hay una carta-poesía escrita para ellas). O en “La Iglesia que yo amo” donde hay cabida para los divorciados vueltos a casar o los borrachos sin remedio o la prostituta que, como trabajadora sexual, no trabajan en el triduo santo. Ese es el Esteban que la Iglesia puede llevar a los altares. ¿Algún parecido con Jesús? Los que lo conocieron dicen que sí. Cada año que celebramos su natalicio y su pascua, se atiborra su tumba ubicada en el patio del templo parroquial que él fundo en la periferia de Santiago de Chile. Esteban es un pozo de sorpresas, de novedades y, sobre todo, la concreción del Evangelio hoy.

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