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Tamara Cordero Jiménez

Entrevista a... Cristina Inogés Sanz

La teóloga aragonesa y colaboradora de nuestra revista, Cristina Inogés, nos presenta su nuevo libro “La Sinfonía femenina (incompleta) de Thomas Merton” (PPC, 2018). En él nos acerca a su vida dando un paseo por algunas de las presencias femeninas que le dieron sentido. El libro ha visto la luz coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte, un homenaje merecido para aquel
que “fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia” (Francisco durante su discurso en
el Congreso de Estados Unidos, en 2015).

Si tuvieses que presentarte a alguien que no te conoce, ¿cómo lo harías?
Soy una mujer y teóloga feliz, por raro que resulte en este mundo que vivimos. Una buscadora empedernida de lo esencial, que para cada uno es algo diferente, y una contadora de historias. Buscadora porque me gusta ir más allá de lo que a simple vista parece evidente y porque, como teóloga, me gusta ir más al fondo de las cosas, mirar de otra manera la realidad. Y contadora de historias porque, ¿qué hay mejor en la vida que compartir? Además, como tengo un espíritu muy beguino, comunicar es algo obligado, más bien diría que coherente con ese espíritu. No hacerlo sería traicionar el legado de esas mujeres, las beguinas, a las que me siento muy unida y de las que me siento deudora.

¿Qué te llevó a escribir este libro?
Conozco a Merton desde hace… ¡muchos años! Siempre me ha llamado la atención que a Merton o se le conoce mucho o no se le conoce nada. No existe ese punto intermedio de “he escuchado hablar de él pero…” o “me suena de algo…”. Con Merton eso no pasa y decidí que sería bueno darlo a conocer a quien no lo conociera y que quien lo conociera deseara volver a leerlo. También era el momento de hacerlo al conmemorarse los 50 años de su fallecimiento y los 77 de su entrada en la abadía de Getsemaní. Entró un 10 de diciembre y murió un 10 de diciembre.

¿Qué vamos a encontrar en “La sinfonía femenina (incompleta) de Thomas Merton”? Pero no desveles demasiado… (risas)
Vamos a encontrarnos con Tom, con Thomas, con el P. Ludovicus… Todos ellos son Merton. Y lo hacemos recorriendo algunos momentos de su vida que empiezan por “la”: La abadía (I), la ermita, la contemplación, para terminar de nuevo en la abadía (II). Lo de utilizar “la” fue algo que se me ocurrió para resaltar la fuerza y la presencia femenina en su vida. Por otra parte, también nos vamos a encontrar con pequeñas dosis de Unamuno, Zambrano, Zubiri, Bobin… Porque me pareció importante, en algunos capítulos, entrelazar pequeñas reflexiones de estas personas para ver que lo que Merton vivió en algunos momentos era lo mismo que experimentaban otras personas, pero dicho de otra manera.

Incompleta, ¿por qué?
Lo de incompleta tiene dos claves de lectura. La primera es que hay otras realidades en su vida que también empezarían por “la”: La vocación, la fotografía, la amistad… Decidí ceñirme a las que aparecen en el libro porque me parecieron más importantes a la hora de presentar a Merton, sobre todo a quienes no lo conocieran. La segunda clave es porque fue la única manera de acercarme a Merton, que es un ser maravilloso, contradictorio, paradójico y adorable en la misma medida, lo que hace que en su vida nada se termine, todo sea incompleto pero no en un sentido negativo. Al contrario, es porque siempre está abierto a todo. Y me parece una maravillosa forma de afrontar la vida.

Son muchas las mujeres que pasaron por ella.
Sí, sin duda. Las mujeres fueron una constante en su vida. Curiosamente unas lo fueron por ausencia, como su madre, fallecida cuando él tenía seis años y que está siempre presente, aunque él tarde en ser consciente de ello, y otras muchas que van pasando por su vida con menor o mayor impacto. Sin embargo, hay una que fue la clave de bóveda en su vida en este tema. Cuando ya llevaba muchos años de monje, se enamora de verdad, de una chica mucho más joven que él y a quien llama “M” para preservar su intimidad. Comento en el libro que “M”, el amor de su vida, no fue algo fruto del destino, sino que fue la Gracia, con mayúscula, quien la puso en su camino y en su vida, porque fue quien le permitió volverse hacia las raíces de su ser más íntimo y encajar las piezas sueltas que todavía quedaban en su vida. El verdadero amor irrumpió en la vida de Merton como un vendaval, como pasa en la de todos siempre, sin embargo, cuando se transformó en brisa, le permitió convertir heridas en cicatrices. Eso fue su salvación. Supongo que también es en definitiva como nos pasa a todos. Y, por favor, que nadie se rasgue las vestiduras porque un monje se enamorara. Es importante empezar a mirar con otros ojos.

¿A quién recomendarías su lectura?
Como he dicho antes, el libro está especialmente pensado para quien no conozca a Merton y con la intención de despertar curiosidad por él. Sin embargo, lo puede leer todo el mundo porque Merton ya es un clásico. Y, si me permites un pequeño apunte, creo que Merton debería leerse a fondo en facultades de teología y seminarios porque su actualidad, al ser un clásico, es total y nuestra sociedad no es tan diferente a la que él vivió. Merton no debería seguir tan desaprovechado en la docencia de la teología. Es un lujo que no nos podemos permitir.

“Vida, sentido, amor”, son tres palabras que lo inspiraron. ¿Te inspiran también a ti?
¿Y a quién no le inspiran esas tres palabras? Date cuenta que, invirtiendo el orden, tenemos un plan de vida: El amor da sentido a la vida. Y amor puede ir en minúscula o en mayúscula, como prefiera cada uno. No siempre se elige la vida que se vive ni cómo se vive, pero si encuentras un sentido para vivirla y el amor te lleva al Amor… Pero sin espiritualismos etéreos. Todo muy encarnado, tocando suelo. No hace falta mucho más para inspirarte y si te inspiras compartes, ayudas, mejoras el mundo de alguna manera.

¿Cristina, ¿cuáles son tus próximos proyectos?
Seguir colaborando con 21 (risas) y continuar escribiendo. No tengo decidido todavía sobre qué. Podría ser sobre las beguinas, o Teilhard de Chardin, o un encuentro con María Magdalena y Marta, o sobre Hannah Arendt… En todo caso, y siguiendo con el hilo conductor de todos los libros que he publicado hasta ahora, la presencia de la mujer está garantizada.

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