Despertar

Tamara Cordero Jiménez

Entrevista a... Clara Pardo

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Manos Unidas celebra este 2019 60 años trabajando por la lucha contra el hambre en el mundo. Con presencia
en casi 60 países y experiencia en África, América y Asia también realizan una gran labor de sensibilización en España. Nos citamos con Clara Pardo, su presidenta, con motivo de esta fecha conmemorativa.

En primer lugar, felicidades por el 60 aniversario.
Gracias por la felicitación. Es un año de mucha emoción en el que vamos a intentar hacer muchas cosas, con actividades que recuerden esos 60 años en la lucha contra el hambre, como por ejemplo una carrera solidaria en toda España con un dorsal en beneficio de Manos Unidas. También tendremos conciertos y nuestra revista de junio será un recordatorio de estos 60 años. Pero lo celebraremos como somos nosotros, austeramente. No nos vamos a gastar los fondos que recaudamos en celebraciones. El dinero que recaudamos es para los beneficiarios no para nosotros. Yo llevo muchos años aquí, 16, he viajado mucho y es sorprendente la austeridad con la que lo hacemos.

821 millones de personas, una de cada nueve, pasa hambre el mundo, y una de cada tres sufre malnutrición, el 98% de estas viven en países de desarrollo y el 70% son mujeres... Sin duda estos datos deberían hacernos despertar.
Desde luego. España tiene aproximadamente 50 millones de personas, es decir, 16 veces España está pasando hambre. Una de cada nueve personas, y además, como decía el papa Juan Pablo II hay alimentos suficientes para dar de comer a todo el mundo, esa es la paradoja de la abundancia. Desgraciadamente esta cifra iba bajando y en los últimos dos años ha crecido. Debería removernos mucho.

Acabar con el hambre no es una utopía.
No. Podemos conseguirlo. Es lo que decían nuestras fundadoras. Solo se podrá conseguir si todos ponemos de nuestra parte. Nos gastamos una cantidad de dinero en extras y tonterías, ten en cuenta que un euro es el umbral de la pobreza, y nosotros nos lo gastamos en un café. Todos tenemos que poner de nuestra parte, y por supuesto también los gobiernos, pero todo comienza por nosotros mismos. Como sea, con dinero, con nuestro tiempo, con sensibilización nosotros siempre pensamos que hay que ayudar ahí, en el campo, directamente, formándoles… Hay miles de maneras. No podemos decir que no se puede hacer nada y cambiar de canal. Todos tenemos que poner un poquito de nuestra parte.

¿Somos solidarios?
En España sí. Aunque también somos impulsivos. Nosotros tenemos casi 80.000 socios que son constantes y a pesar de la crisis han seguido ahí. Pero España es un país que es solidario y muy de impulsos. También es verdad que a veces les bombardeamos con mucha publicidad, y no se puede llegar a todo. Pero España es solidaría, sí que lo es.

Me ha sorprendido mucho el cartel que habéis elegido este año.
Es un cartel polémico, rompe un poco con la dinámica actual y no es tan amable como los de otros años. En primer lugar, la mujer: Manos Unidas es una ong fundada por mujeres de Acción Católica y siempre hemos dado mucha importancia a la mujer. Son, evidentemente, las más marginadas. Entramos en un trienio de derechos humanos, pero el año que viene lo vamos a dedicar especialmente a la mujer. Hoy en día vemos a una mujer que va con su traje de chaqueta, toma sus decisiones, tenemos que hablar de todos y todas pero no nos damos cuenta de que hay un tercio de mujeres en el mundo que no son así. No tienen ni siquiera voz, desde luego no son independientes y no sienten seguridad ninguna. Vamos a recordar a la gente todo esto. Que sea una mujer india es un guiño a nuestro primer proyecto, que fue allí, y también porque en la India especialmente ser mujer es muy duro. En blanco y negro que representa el positivo y el negativo, hay muchas mujeres en las que su mundo aún es en blanco y negro. Queremos que llame la atención, pero a pesar de todo se observa en el cartel esa dignidad de las mujeres, ella mira al frente, no tiene miedo. Yo lo he visto, en la India, en los sitios más pobres. Creo que es lo que intenta reflejar.

Sin duda la mujer es y será en los próximos años la protagonista. ¿Cómo conseguimos empoderarlas?
Primero escuchándolas, esto es muy importante. pero sobretodo dándoles formación de todo tipo. Las mujeres no saben leer, no saben que tienen derechos. En la India, por ejemplo, hay muchos derechos que ellas no saben que existen. Hacemos proyectos de animación de mujeres. Formamos grupos, a las que se les da un pequeño microcrédito, y se forman en algo básico. Hacen grupos solidarios y ellas juntas se responsabilizan de devolver el crédito. Y por supuesto tenemos animadores que les enseñan el oficio, a leer un poco, a firmar. Las mujeres están totalmente dominadas y los hombres no quieren que salgan. Cuando ven que después de un tiempo ellas traen dinero a casa, ya no lo ven tan mal. Es una forma de ingreso pero es mucho más que eso. Es una forma de subirles la autoestima, de que ellas se puedan reunir, es poder salir de casa, que puedan compartir sus problemas con las mujeres de al lado, que tienen problemas muy parecidos. Esto les cambia la vida. Descubren esa dignidad que tienen pero que ellas no conocían, y otras iniciativas. Nosotros somos una ong multifunción, cubrimos todos los campos. Hacemos educación, sanidad, agricultura, mujeres, infraestructuras.

Este trienio estará marcado por la promoción de los derechos humanos... A pesar de los avances, sigue siendo necesario trabajar por ellos.
Sí, porque nos ponemos anteojeras y pensamos que la sociedad es la que tenemos aquí, y no es así. En cuanto sales un poquito ves que esta no es la realidad. Puedes ver o no querer ver, pero existir, existe. Depende de la actitud de cada uno y ahí es donde todos debemos ser responsables para cambiar. El derecho a la educación, por ejemplo, no se cumple. Lo tienen pero no aprenden, porque los profesores no van a la escuela, o por otras razones. Nosotros tenemos formación no formal que refuerzan la baja calidad de la educación formal. Cada vez hay menos niños sin escolarizar pero la calidad no es exactamente la que debería ser. Aparentemente hay muchos derechos humanos en el mundo pero otra cosa es el comportamiento de las personas, que deja mucho que desear.

¿Qué balance hacéis de estos 60 años?
Bueno, yo hago balance de 16, que son los que llevo (risas). A mí me parece una historia apasionante. Entré en el año 2002 cuando Manos Unidas era una organización ya asentada. Pero estamos hablando del año 59, ponte en situación. Ni tú ni yo habíamos nacido. Para que las mujeres saliesen de España tenían que pedir la firma de sus maridos, no tenían independencia. Qué un grupo de mujeres, unas avanzadas, decidan que hay que hacer algo, que no se puede permitir esa hambruna que había me parece de una audacia y una valentía extraordinaria. Y evidentemente empezaron con muy poquito, con 500.000 pesetas pero comienzan a organizar algo con el apoyo de la Iglesia, y se van institucionalizando y asumiendo un papel en la sociedad. Me parece impresionante esta labor. Hoy en día somos una de las ONG con mejor nombre, somos la ONG de desarrollo de la Iglesia Católica, algo que te da un cierto cargo de calidad, formada por voluntarios. Es un lujo poderlo hacer. Yo soy una privilegiada siendo voluntaria, pero para la organización es un lujo ya que el 90% de la recaudación va dirigida a nuestros fines. Trabajamos en muchos sectores y tenemos la inmensa suerte de apoyarnos en los misioneros que están en el fin del mundo y que nunca se van. No trabajamos solo con misioneros, pero te dan mucha tranquilidad. Su figura es clave porque están allí, porque conocen a la gente y no se van. Los socios locales son básicos porque llevan a cabo el proyecto: misioneros, laicos, ong locales… Nosotros solos no haríamos nada. ¿Cómo íbamos a estar en casi 60 países? Sería imposible.

Y la ayuda que presta Manos Unidas, ¿cómo ha evolucionado desde 1959 hasta hoy?
La ayuda ha evolucionado, hoy en día está profesionalizada. Esto quiere decir que se pide una serie de justificaciones y hay socios a los que les cuesta adaptarse. Se les exige un mínimo de garantías, por ejemplo, si quieren construir una escuela tienen que pedir tres presupuestos, pero también se hacen para que no les engañen a ellos. Antes no se podían visitar los proyectos, hoy intentamos visitarlos todos. También les enseñamos a ellos mismos a llevarlos a cabo, para que evolucionen. Y aunque ahora hay proyectos mucho más grandes, uno de los valores añadidos de Manos Unidas es que seguimos construyendo el pozo. Hacen falta las dos intervenciones.

En los últimos 10 años, si las cuentas no me fallan, habéis colaborado y apoyado más de 6.000 proyectos, ¿qué lo ha hecho y sigue haciendo posible?
Primero la generosidad de los donantes, el dinero que recaudamos gracias a nuestras delegaciones, que son mágicas y que se ocupan de la sensiblización de la población. Se inventan de todo: la operación bocata, un teatro solidario, “invítame a una cerveza”… cualquier cosa, impresionante. El trabajo desde la sede central, que estudia los proyectos, el trabajo de los voluntarios, Manos Unidas no sería lo que es sin ellos. Por supuesto nuestros socios locales, sería imposible nuestro trabajo sin ellos. La gente que está dispuesta a irse de viaje en condiciones duras, dejando a su familia. Siempre hablo del proyecto pero hay muchas cosas: educación para el desarrollo, la comunicación que hace visible las cosas. Esto es un reloj, necesita todas las piezas para su engranaje.

Clara, ¿qué noticia te gustaría dar, como presidenta de Manos Unidas, cuando termine este trienio de trabajo que ahora comenzáis?
Mi noticia ideal es que Manos Unidas se cierra, que no somos necesarios, pero me temo que no va a ser en tres años, aunque me encantaría. Quizás que la gente es más sensible y consciente y que cambia un poquito su vida para que comiencen a bajar las cifras. Me encantaría la paz, hay dinero y ganas de reconstruir, pero no hay paz, por las luchas. Si hubiera paz, mejoraría muchísimo la situación porque la gente querría volver a su territorio. Ojalá.

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