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Tamara Cordero Jiménez

Entrevista a... Fernando Cordero

Fernando Cordero es religioso y sacerdote de los Sagrados Corazones, incansable periodista y entregado
escritor. Tiene la capacidad de cautivar con sus escritos a niños, jóvenes y adultos. Ahora ve la luz su nuevo libro, en el seno de la editorial PPC y bajo el título “El Corazón de la Pastoral”. Estamos deseando leerlo.

En El Corazón de la Pastoral (PPC, 2019) recopilas algunos de tus Pliegos publicados en la revista Vida Nueva, ¿cómo surgió la idea de compilar estas publicaciones?
Antes de venir a Roma, Pedro Miguel García (director de PPC), José Luis Celada (coordinador de Pliegos de Vida Nueva) y José Beltrán (director de Vida Nueva) tuvieron el detalle de querer despedirse de mí con una comida en Madrid. Ahí se fraguó la idea de la publicación de este libro, que para mí es muy especial, porque cada página revela algo recibido que no me pertenece. O sea que, en el fondo, no querían que hubiera despedida y así ha visto la luz este volumen. Agradezco especialmente a José Luis Celada lo bien que me ha tratado en estos años, siendo uno de mis amigos que me ha ido cuidando para que los textos tengan la calidad que ahora presentan.

En la introducción comentas que "no deja de ser una recopilación de aquellos asuntos que han ido pasando por mi interior", ¿podemos leer parte de tu historia en este libro?
Diría mejor que es la historia de muchas personas que se han ido cruzando o, mejor, que Dios ha ido poniendo en mi camino. Personas, circunstancias, anécdotas, lugares -Barcelona, Algodonales…-, textos, experiencias que la vida me ha regalado y que, de una manera casi artesanal, he ido compilando en ese espacio tan cuidado en Vida Nueva como son sus Pliegos.

El hilo conductor del libro es la preocupación por encontrar a Dios en lo cotidiano, el papa Francisco nos anima a esto cada día, ¿cómo podemos conseguirlo?
Con el paso de los años me voy dando cuenta de que el gran misterio que atraviesa nuestra existencia es el encuentro con Dios en ese día a día que, a veces, pasa como una fugaz rutina y que, sin embargo, nos sorprende con la fuerza del compañero desconcertado por la pérdida de su padre, con tu sobrino adolescente que te cuenta que ha compuesto un rap en el que cita la coherencia de la abuela, con la confianza que te brinda una teóloga que quiere aportar su granito de arena en esta Iglesia en salida, con la manera de afrontar los desafíos de tu hermano de comunidad que es congoleño… Pero veréis que esta cotidianidad está habitada también por la poesía, con el recuerdo a personajes como Gloria Fuertes, o con el continuo eco de los santos, los santos de “la puerta de al lado”, que tanto gusta nombrar a Francisco.

Si tuvieses que quedarte con uno de los capítulos del libro, ¿con cuál sería?
¡Es muy difícil! A mí me gusta mucho “Signos que oxigenan. La sana relación entre ortografía y Evangelio”. Creo que es un aporte original y útil, que puede tener su aplicación para la pastoral en una parroquia, en un colegio o para una propuesta más familiar. Resulta que, aunque parezca extraño, la coma, los puntos suspensivos y otros puntos tienen sus implicaciones en el cuidado de nuestra fe. Aquí se ofrece un sencillo y práctico itinerario. Tender puentes entre diferentes disciplinas o entre los diferentes es, sin duda, un reto para nuestro tiempo. Un reto que, por cierto, me encanta.

Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, habla de que "uno de los grandes retos que se nos exige a la Iglesia es que tenemos que cambiar el lenguaje", ¿estás de acuerdo con esta afirmación?
Sí, el obispo Toni lo sabe y lo practica de una manera muy natural. Explica, por ejemplo, el sentido del crisma en la confirmación haciendo referencia a la crema y al maquillaje. Los jóvenes lo captan estupendamente. Decididamente hay discursos gastados. Más que un nuevo lenguaje, necesitamos aplicar el lenguaje de lo cotidiano, el que usan nuestros vecinos, nuestros jóvenes, para extraer de ahí nuevos relatos para contar la Buena Noticia. También usar más elementos de la cultura, de las diversas culturas a la hora de elaborar nuestros mensajes, echando mano de lo simbólico que supone ejercicio de brevedad y, al mismo tiempo, revelan una capacidad tremenda para captar la atención. Pero por Dios, antes de aburrir, mejor silencio.

Hace ya unos meses que llegaste a Roma para servir a la Congregación de los Sagrados Corazones en una nueva misión, ¿qué tal estás viviendo esta nueva experiencia?
Ahora acabo de llegar de Londres y más adelante visitaré nuestras comunidades ss.cc. en India, Chile y Argentina. Es una experiencia de universalidad muy grande. A la mitad de la vida supone un regalo que me sorprende y serenamente me descoloca. Me hace sentir que la vida es camino y lo importante es caminar, no estancarse, como gusta presentarnos el Evangelio al evangelista san Lucas. Hay que abrir la mente para nuevos horizontes, nuevos idiomas, nuevos aprendizajes, nuevas historias vitales. Es una actitud de apertura que enriquece y que, al mismo tiempo, te hace disfrutar aún más de tus raíces. También te revela algunos desafíos que las diferentes culturas nos aportan con el mejor plato que es el de intentar sentarnos a la mesa con el mantel del diálogo.

¿Sigues teniendo tiempo para escribir?
Tiempo se puede tener siempre para lo que de verdad nos apasiona. La cuestión es organizarse, disciplina, trabajar y pedirle al Espíritu inspiración. Hasta ahora esa inspiración no ha faltado. Supongo que ahora se verá enriquecida por encuentros en diferentes latitudes. Espero que los lectores también tengan ganas de aventura.

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