Despertar

Josetxo Vera

Tribuna 21... Desde lo alto de la montaña rusa

Mirando al fondo, en el horizonte de nuestro calendario eclesial, asoma ya un Congreso Nacional de Laicos. El encuentro para el trabajo y para la celebración de todas las realidades laicales que hay en la Iglesia. Todavía está a once meses vista, pero allí va creciendo, con el objetivo de convocar, como dice su nombre, a un Pueblo de Dios en salida. La Iglesia se apresta a convocar, del 14 al 16 de febrero del 2020, a todos los cristianos, agrupados o sin agrupar, en movimientos o en asociaciones, en parroquias y en los infinitos grupos de vida cristiana que la enriquecen. Lo hacen desde la comunión, la corresponsabilidad y ese “caminar juntos” que ahora llamamos sinodalidad.

Se trata de ganar en conciencia de pertenencia y, al mismo tiempo, en conciencia de misión. Renovar en el corazón de cada uno el “qué somos” y el “para qué somos” de la vida cristiana. Qué somos: Pueblo de Dios. Para qué somos: para una misión, hacer posible que todos den un paso adelante en su vida cristiana. Los que viven como si no estuvieran bautizados, los que sospechan de la Iglesia, los que ya no experimentan el consuelo de la fe, y todos los otros que gozosamente caminan en sus comunidades con alegría y paz. Dar un paso adelante por el testimonio vibrante de los otros laicos, compañeros en el mismo camino, empeñados en la misma misión.

Es lo que el Papa Francisco llama conversión misionera. El Pueblo de Dios ha de ponerse al servicio de los demás, siendo así signo del Evangelio e instrumento para su anuncio. Lo hará si acoge los anhelos, sufrimientos y necesidades de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo para acompañarlos, sanarlos y acercarlos a la vida plena.

Vivimos montados en una montaña rusa. Seguimos un camino que más o menos tenemos claro, pero nos llevan a velocidades que no controlamos. Vamos cabeza abajo, subimos una suave pendiente, hacemos caída libre. Del vértigo al sosiego que precede a la espiral sin fin. De vez en cuando, quizá aprovechando los dos segundos que el tren para en lo alto, nos conviene mirar al horizonte y definir nuevos proyectos. Desde lo alto de la montaña rusa se puede ver en el horizonte el Congreso Nacional de Laicos, un Pueblo de Dios en salida, una meta que es, al mismo tiempo, una línea de salida. Allí vamos.

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