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Sebastián Mora Rosado

Fundación FOESSA: Un relato esperanzado sobre una realidad infernal

MD-11 Madrid, 17-7-04.- En EspaÒa duermen en la calle cada dÌa entre 30.000 y 40.000 personas, de los cuales un 18 por ciento son mujeres y entre un 10 y un 12 por ciento son universitarios, seg?n datos suministrados a EFE por diversas ONG. En la fotografÌa de archivo, una indigente de avanzada edad vive y duerme en un improvisado refugio sobre un duro banco de piedra en el parque de la Plaza de EspaÒa. EFE/Pepa DÌaz
© PEPA DÕAZ

El VIII Informe promovido por Cáritas es un estudio consistente y coherente sobre exclusión y desarrollo social. Analiza con rigor científico diversos ámbitos de nuestro contexto. Pero, sobre todo es una propuesta ética que quiere vincular personas, proyectos y esperanzas. 

 

María lleva años tratando de sacar adelante a su hija. Vive sola, en una pequeña habitación oscura y húmeda de un barrio madrileño por la que paga una “millonada”. Su vida laboral fluctúa entre contratos precarios y épocas en el paro. Conjugar el trabajo, el cuidado de su hija y mantener redes de relación se le hace misión imposible. Su vida, y la de tantas personas con las que comparte condición, no es tema de conversación política, no aparece como preocupación cotidiana de los medios de comunicación y una vez pasada la “gran crisis”, el olvido parece asentarse en nuestra sociedad. Hace unos días nos decía que “sentirse invisible y olvidada es más duro que pasar frío en invierno”. 

Felipe vive en Carabanchel. Hace más de diez años que falleció Marisa, su mujer. Tuvieron dos hijos, pero solo vive uno. “La maldita droga se llevó al otro como a tantos en el barrio” nos comparte Felipe. Su otro hijo vive fuera de Madrid y él “está solo con su soledad y sus tristezas”.  Brigitte es de Malí, llegó a Madrid después de un itinerario diabólico que duró más de dos años entre abusos, muros y persecuciones. Lleva soñando mucho tiempo con poder “vivir en paz” y, anhela abrazos “porque he recibido muchos empujones”, nos relataba hace unos meses.

El VIII Informe Foessa, presentado en junio (foessa.es), retrata con el rigor y el lenguaje de las ciencias sociales, la vida de los Felipes, Brigittes y Marías entre nosotros. Ellos viven muy cerca de nuestras casas, a escasos metros de nuestro trabajo y en el asiento de al lado del metro. Son vidas que, en muchas ocasiones, sobran a nuestra sociedad, a nuestra política y a nuestra economía. Vidas que bosquejan un “infierno social” para muchos hogares en España. Para Cáritas-Foessa, sin embargo, son su razón de ser. 

Casi 55 años después del primer informe (la Fundación Foessa promovida por Cáritas Española como instrumento de sociología aplicada), la preocupación por una sociedad que no se olvide de las personas más empobrecidas sigue siendo el alma de su investigación social. Desde el principio, estos informes han buscado siempre generar información veraz, a través de investigaciones rigurosas y que sirvieran para tomar las decisiones más adecuadas. Este último informe es fruto de un profundo trabajo de campo basado en más de 11.500 encuestas familiares en toda España, lo que supone un esfuerzo sin precedentes dentro de la iniciativa privada de investigación de la realidad social en nuestro país.

La vida de estas personas excluidas y olvidadas nos muestran, desde el esfuerzo de la investigación social, una “sociedad desvinculada”. Los años de la crisis rompieron nuestra sociedad de manera acelerada y con una intensidad excepcional. Ahora, después de años de crecimiento económico, entre presagios de próximas recesiones, nos topamos con una sociedad frágil e inestable, sumida en múltiples incertidumbres. En ella se dibuja una sociedad en la que hay perdedores claros (8.6 millones de personas, 18,4% de la población) y ganadores evidentes (49% de la población vive en una integración social plena). 

Además, y es un signo preocupante para el equipo de investigación, hay cerca de 6 millones de ciudadanos que están en la franja más débil de la integración precaria y que, ante un eventual empeoramiento de la situación económica, se desplomarían en la exclusión. Personas que muchas veces viven en la ilusión de sentirse invulnerables cuando en realidad la fragilidad está atravesando sus vidas de una manera penetrante. 

Pero siendo clave la dinámica económica, el informe Foessa nos muestra con claridad cómo la pobreza y la exclusión no es solo una cuestión económica. La exclusión social y la desigualdad son procesos multidimensionales en los que inciden muchos factores. Es la interrelación de nuestra posición en el mercado, el acceso y cobertura de los derechos políticos y sociales, y la fortaleza de nuestra familia y red social, la que nos ubica más cerca de un espacio de integración o de exclusión de los bienes materiales, sociales y relacionales. Tal como nos relataban Felipe, María y Brigitte, su situación tiene que ver con su economía, pero también con los derechos sociales a los que no tienen acceso y con su red social y familiar de soporte. 

En este contexto es clave el papel que están jugando las diversas Políticas públicas en la atención y prevención de la exclusión. Los años de la crisis fueron tiempos de recortes y reducciones importantes. En estos últimos años, se despliega una cierta recuperación, pero no se han creado nuevas políticas públicas que hayan impactado en la reducción de la exclusión social de una forma importante y suficiente. Y aunque es cierto que hoy la recuperación económica y del empleo, aún de forma muy precaria, ha conseguido reducir la materialidad de la exclusión, lo cierto es que no ha frenado, según el informe, la erosión social en el ámbito de los derechos sociales.

Frente a esta realidad infernal para muchas personas, surgen diversas reacciones. Respuestas que muestran el rostro más solidario de la ciudadanía y otras que revelan la parte más oscura de nuestras sociedades. “Resulta triste –señala el informe– que el miedo se está convirtiendo en una cultura hegemónica”, capaz en muchas ocasiones de condicionar “la orientación de toda la sociedad”. Incluso se llega a hablar de una “cierta fatiga de la compasión”, descrita como una actitud defensiva de lo que hemos conseguido y no queremos supuestamente perder. Existe el surgimiento claro de una cierta polarización social, no solo en los aspectos materiales de la inclusión, también en los aspectos culturales expresándose en un “nosotros homogéneo” que esboza fronteras impenetrables para los otros.  

El informe, como observamos, no se queda en la mera estadística social, sino que se introduce de lleno en el análisis de los valores que posee la ciudanía y que sustentan, entre otros aspectos, nuestro Estado del bienestar. Porque el reto futuro es la creación de “un nuevo espacio de responsabilidades compartidas” que sea capaz de construir una “nueva pedagogía de la esperanza” para que nadie quede atrás. Foessa nos pone encima de la mesa la necesidad imperiosa de recrear nuevas formas de inclusión social, el deber de construir sociedad junto a otros.  Si nuestra sociedad está generando un “mundo desvinculado”, que necesita revincularse, las dinámicas comunitarias jugarán un papel esencial en un futuro próximo. 

El VIII Informe Foessa no es solo un estudio riguroso, coherente y consistente con la realidad, sino que al mismo tiempo es un análisis amasado desde la experiencia de voluntarios y voluntarias, profesionales de la acción social y la investigación, comunidades parroquiales y proyectos sociales que se han gastado y desgastado en el compromiso con las personas más frágiles. Para Cáritas-Foessa las investigaciones sociales no son un añadido retórico a la acción socio-caritativa, sino parte esencial de la misma, que reconoce que la razón y la experiencia van de la mano.  

Quizá uno de los ejemplos más nítidos que tenemos en nuestra sociedad de una inteligencia preñada de solidaridad es este informe Foessa. Como nos recordaba el papa emérito Benedicto XVI, “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritatis nº 30).  

Aunque muchas personas, especialmente del ámbito de la política, acusan a estos informes de pesimismo social, Foessa nos plantea ideas, proyectos y alternativas a este mundo que, como diría San Pablo, “sigue gimiendo bajo dolores de parto” (Rom 8, 22). Porque los números, las reflexiones y los análisis quedan desbordados por una pedagogía de la esperanza que brota de convivir con las personas condenadas a los “infiernos de lo social”.

 

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