Tamara Cordero Jiménez

Javier de la Torre: "Falta serenidad para debatir sobre la eutanasia"

© Jesús G. Feria

 

Doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y Teología Moral, Javier de la Torre ha dirigido la Cátedra de Bioética durante más de 10 años. Preside también el Comité de Ética de la Universidad Comillas, dirige la Revista Iberoamericana de Bioética e imparte clases de Teología Moral y Bioética en esta universidad, donde nos citamos para arrojar un poco de luz sobre temas como la eutanasia o la gestación subrogada, propios de esta disciplina.

 

 

 

Intentando integrar la esperanza y la justicia, actitudes en sintonía con su carisma ignaciano, Javier se enfrenta cada día a dilemas propios de la bioética. Recuerda a Javier Gafo, a quien sustituyó al frente de la Cátedra de Bioética y su facilidad para mantener relaciones humanas. Lo hace con inmenso cariño. Nos explica que la bioética es una disciplina que sirve de puente entre las ciencias de la vida y la ética, materializándose en una reflexión ética sobre la vida humana, las ciencias de la salud y la relación del hombre con el medio ambiente.

¿Cuáles son los dilemas más importantes que plantea la bioética? 

Empezando por el comienzo de la vida podríamos enmarcar los relacionados con las intervenciones en el embrión humano, el tema del aborto, la manipulación genética... Si seguimos avanzando “biográficamente” en la vida, surgen dilemas en torno a la vivencia de la enfermedad, el tema del envejecimiento, las demencias, la eutanasia, el suicidio asistido y el afrontamiento de la muerte. También hay otra serie de temas importantes, que lógicamente están más relacionados con los sistemas sanitarios y tienen que ver con el principio de justicia, como: el respeto a la voluntad de los enfermos, las relaciones médico-paciente, etc. Un reto de finales del siglo XX es que vivimos en una sociedad en la que cada vez tenemos más tecnología, más recursos y más capacidad de intervención. Por ello, el gran desafío que encontramos es que este incremento de “poder” nos hace a todos más responsables y esta disciplina orienta el pensamiento y la acción responsables, en un mundo donde se abren muchas posibilidades. 

Ahora que se cumplen 50 años del nacimiento de la bioética en Estados Unidos, ¿cómo ve su vitalidad?

La valoración que hacemos es positiva ya que se ha reconocido el papel de la bioética en todo el mundo universitario, se han multiplicado los centros y en definitiva la bioética se ha institucionalizado. Pero también es verdad que esto ha hecho que estemos viviendo una época, después del éxito, donde hay demasiada fragmentación del conocimiento. Quizás, sin ser categórico, echamos de menos, sobre todo en Europa y América Latina, algunos centros más potentes donde haya personas que se dediquen con más serenidad y más calma al trabajo, la investigación y la publicación de estos temas.

¿Qué opina sobre el continuo cuestionamiento al rigor del trabajo científico en el mundo?

El mundo académico y científico está sometido a tantos procedimientos de evaluación, a tantos deseos de resultados, que a veces se está primando la cantidad sobre la calidad y quizás se escribe demasiado y no se escribe mejor. Quizás se publica mucho y quizás haya que dedicarle más tiempo a la reflexión y a buscar no repetir, no copiar… Nos faltan voces más creativas e innovadoras. Es verdad que ha habido un momento donde la repetición era necesaria pero ahora necesitamos dar un paso adelante.

Usted tiene varias publicaciones sobre la eutanasia, ¿qué asignaturas tenemos pendientes al respecto en lo coticiiano?

En España nos falta serenidad, en primer lugar. Estos temas hay que reflexionarlos con detenimiento creando verdaderos espacios de diálogo serio y riguroso que vayan más allá de la dictadura de las encuestas o la mayoría política, más allá de los grupos que están a favor y de los que están en contra. Esta es una asignatura pendiente en España para este y otros muchos temas, la incapacidad de pensar con serenidad. Sería importante preguntarnos si de verdad esto es urgente. A lo mejor sería más urgente la transición ecológica o la España despoblada que plantear una ley de eutanasia y suicidio asistido. Otra de las asignaturas pendientes, que siempre está de fondo, es la relacionada con las dificultades que tenemos, viviendo una sociedad del bienestar, para tolerar, incluso en la imaginación, el tema del dolor, del sufrimiento y de la muerte. No nos relacionamos de manera serena con estos temas y se nota a la hora de afrontar cuestiones relacionadas con la discapacidad, la demencia, la enfermedad, que son temas más de fondo que superan la legalización o no legalización, la despenalización o no despenalización.

¿Qué aspectos debemos tener en cuenta a la hora de posicionarnos a favor o en contra? 

Debemos tener en cuenta cuatro elementos, aunque hay muchos más. La primera cuestión: ¿Qué consecuencias tiene para la población, sobre todo para la más vulnerable, aprobar una ley de eutanasia? Francesc Abel, padre de la bioética europea, en su comparecencia en el Senado a propósito de estos temas decía: Una persona que vive en un quinto piso sin ascensor, que su mujer ha fallecido y a la cual no le visitan sus hijos, es normal que tenga deseos de morir, pero, ¿qué tiene que hacer la sociedad ante ese deseo? ¿No hay que reformar primero las consecuencias y las causas sociales que llevan a muchas personas a querer morir antes de satisfacer ese deseo? Debemos cuestionarnos si hay muchas reformas sociales, económicas, psicológicas que podemos hacer antes de atender una petición de eutanasia. 

La segunda está relacionada con los médicos, ¿qué significa para este colectivo que desde el juramento hipocrático ha prometido no matar a nadie, ni aunque se lo pida, que de pronto nuestros médicos asuman un “nuevo” servicio social, vamos a llamarlo así, y que este se incorpore dentro de la sanidad pública? En tercer lugar, debemos cuestionarnos sobre si es posible que, una vez abierta la puerta en estos temas, la mantengamos solo un poco abierta y si no va a producirse un efecto bola de nieve que va a ir deteriorando cada vez más las vulneraciones de la vida. Un ejemplo sería el caso holandés: empezaron por el dolor físico, luego el psicológico e incluso el sufrimiento existencial, empezaron por adultos y después vino la eutanasia en niños, empezaron con personas que estaban al final de la vida y ahora también con personas en otros momentos vitales como la eutanasia psiquiátrica. Es importante plantearse si en realidad es verdaderamente posible mantener limitada la eutanasia y que no se aplique de los casos voluntarios a los involuntarios. 

También, en cuarto lugar, al hilo del debate que se está manteniendo ahora en España, debemos preguntarnos sobre si el tema clave es el dolor o no es dolor. Porque con un desarrollo de los cuidados paliativos, la mayor parte de los casos se pueden tratar bien. ¿En qué tenemos que invertir como sociedad, en aprobar una ley o mejorar los cuidados al final de la vida? Un cuidado integral no es solo cuidar el dolor físico, es el psicológico, el asistencial, la asistencia espiritual y social al enfermo y a la familia… Y es muy fácil desembarazarse de esta situación en un momento de limitación económica, pero, ¿qué debemos hacer? Hay muchos centros que te dicen que cuando los enfermos son tratados de manera integral, los deseos de morir descienden y casi desaparecen. 

¿Qué valoración hace del reciente documento de la Conferencia Episcopal Española en torno al cuidado en el final de la vida?

El documento es oportuno, porque lo han presentado antes del cambio de gobierno, en una época que yo creo que era más tranquila. El tono es positivo, y es muy importante que los documentos de la CEE tengan un planteamiento positivo. Es un planteamiento propositivo que no impone. Y es esencial que gran parte del documento habla a todas las personas, para creyentes y no creyentes, en una arena común en la que nos podemos entender todos. Además, ha optado, como ningún otro documento, por un lenguaje bastante sencillo. Y bastante asequible, de tal manera que lo puede leer casi todo el mundo. Hay que valorar la importancia de una ética del cuidado que recorre todas las páginas. En esa vinculación de la propuesta cristiana en una sociedad secular con la palabra cuidado, creo que la Conferencia Episcopal ha acertado. Uno de los ejes sobre los que pivota el documento es la importancia de cuidar y acompañar, porque una de las cuestiones más tristes de nuestra sociedad hoy no es el tema de la eutanasia, es la soledad de los mayores y el cansancio en los cuidados de larga duración. 

Otro de los temas que más repercusión social está teniendo hoy, por su presencia en los medios de comunicación, es la maternidad subrogada.

Es muy curioso que en este tema la posición de la Iglesia es muy cercana a otras posiciones, como la de grupos feministas, por ejemplo. Esta es la primera perplejidad que te indica que no se trata de cualquier tema. Lo que plantea la maternidad subrogada en primer lugar es el tema de la fragmentación de la paternidad y la maternidad. ¿Cuántas personas intervienen en el nacimiento de otra? Puede haber dos padres adoptivos, los “padres” donantes, la madre de alquiler… ¿Qué supone esto? Quizás las cosas no son tan simples como antes, es evidente, pero la cuestión es cómo se estructura todo esto y hay que estar alerta. Una segunda cuestión es pensar detenidamente sobre el significado de la gestación durante 9 meses, qué relación se establece entre esta madre y el hijo que ha gestado y que supone un desligarse de ella con el nacimiento. Se trata, en tercer lugar, también de un tema económico. Un problema es que, en un mundo desigual, esto puede introducir la posibilidad para que personas con recursos puedan permitirse contratar a una serie de mujeres, que pueden funcionar como una casta de reproductoras al servicio de personas privilegiadas. Y además, si se hace internacionalmente, con mujeres del tercer mundo, es un tema preocupante. Todavía más de fondo está un tema ético y jurídico clave: hasta qué punto podemos comerciar con el cuerpo humano. Los órganos no se comercian, no puedes vender un corazón o un riñón… ¿y podemos alquilar un útero durante unos meses? Yo creo que hay una reflexión de fondo que es muy interesante en nuestra sociedad, donde el comercio lo invade todo en torno a cómo necesitamos comprender que el dinero no lo puede comprar todo.

¿Parece que la respuesta es un no?

Algunos, con los grupos feministas y la sensatez de la Iglesia católica, pensamos que quizás hay muchas razones y muy potentes para poner muchos límites a la maternidad subrogada. 

Uno de los temas que más preocupan es el relacionado con la edición genética. ¿Cómo valora la reciente sentencia judicial al científico chino He Jiankui, por utilizar la técnica CRISPR para editar de forma ilegal genes de embriones con fines reproductivos?

Valoro positivamente la sentencia porque era necesario poner límites a la investigación en China, ya que a veces no se sabe muy bien qué está ocurriendo allí. La Comunidad Internacional está bastante de acuerdo en que tenemos que esperar con respecto a la edición genética y en concreto con respecto a la técnica CRISPR, para aplicarla en gametos y embriones humanos. El avance que en los 80 supuso saber cómo funcionan los genes y que podemos modificarlos, fue muy importante. Esto ha revolucionado el tema de la genética y de la bioética, pero la cuestión es pensar sobre tres dudas que tienen relación: En primer lugar, la técnica CRISPR es la más precisa y exacta que existe hasta el momento, pero esto no significa que sea cien por cien precisa y cien por cien exacta. Además, a veces hay células a las que no llega esa modificación. Y tercero, esas modificaciones pueden producir otras alteraciones genéticas. Por eso hay que esperar antes de hacer estas investigaciones, porque no es lo mismo aplicarla en una célula adulta que un embrión de pocos días, al igual que no es igual la modificación genética para curar una enfermedad que para lograr una mejora humana. Es muy importante distinguir desde la bioética estos criterios. Y también hay otro tema muy importante: estas investigaciones llevan elevados costes, en una sociedad con recursos limitados. El tema del principio de justicia también es importante tenerlo en cuenta. Otro problema más de fondo es el relacionado con la eugenesia. En un mundo desigual, el problema es que haya una raza de personas mejoradas y otra de los que no tenemos recursos para ser mejorados o no queremos ser mejorados, y aunque haya mucha ciencia ficción y no haya que ser apocalíptico, no debemos ser ilusos ante esta realidad, las personas con muchos recursos pueden acceder más fácilmente y más pronto a estas mejoras. 

Este año el seminario de la cátedra de Bioética tratará sobre “La bioética del medicamento”. 

Sí, es muy importante abordar este tema desde la perspectiva de la bioética, desde la óptica del principio de justicia. Primero: ¿Qué se investiga? Las enfermedades del primer mundo son objeto de más de un 95% de las investigaciones.  Segundo: una vez creado el medicamento, ¿cómo los usamos? Vivimos en una sociedad del bienestar donde de los 10 medicamentos más usados en España, dos son analgésicos. La ética en todo lo relacionado con criterio de compra, de uso, de gasto y la automedicación. Y en tercer lugar: el desecho de los medicamentos en relación con el medio ambiente. Millones y millones de medicamentos son desechados cada año. Y lógicamente también hay un tema más político: la financiación del gasto sanitario. Debemos plantear un sistema de jerarquía de necesidades, hoy en día el Estado no puede pagarlo todo, y de hecho, el que lo esté pagando todo nos infantiliza y no nos deja darnos cuenta que los recursos son limitados y las necesidades de las personas múltiples. 

 

 

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