Despertar

Tamara Cordero

Fotos: Jesús G. Feria

Congreso Nacional de Laicos: El sueño de los laicos

Madrid, 14 de febrero. Comienza el Congreso Nacional de Laicos bajo el lema “Pueblo de Dios en Salida”. El Pabellón de Cristal de la Casa de Campo acoge a más de 2.000 personas entre participantes, voluntarios, organizadores, ponentes y líderes eclesiales. ¿El objetivo? Dinamizar el papel de los cristianos de a pie en la Iglesia española.

 

“No tengan miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro, juzgarlo, sin condenarlo, sino tendiéndole la mano, para sostenerlo, animarlo o, simplemente, para acompañarlo en su vida. Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: ‘Vayan y prediquen el Evangelio’ (Mt 28,19)”

Mensaje del Papa Francisco al Congreso Nacional de Laicos 2020

"No tengan miedo de patear las calles”. Así daba el papa Francisco la bienvenida a los participantes en el congreso de Laicos 2020 que se ha celebrado entre el 14 y el 16 de febrero en Madrid. Lo hacía a través de una carta, que leyó a las más de 2.000 personas que se congregaban en el foro, el nuncio apostólico en España, Bernardito Auza. El pistoletazo de salida a tres días de intenso trabajo de discernimiento, en clave de oración, que venían precedidos por un minucioso trabajo en diócesis, parroquias, movimientos, congregaciones y cofradías de todo nuestro país. 

Más de 37.000 personas participaron en la fase previa, trabajando un documento cuestionario del que se extrajo la ponencia inicial, que en voz de José Luis Restán, director de contenidos de Cope, identificó los principales retos y desafíos que se encuentra la Iglesia, formada por todos, para seguir avanzando en esto de la corresponsabilidad y la misión compartida.

La Iglesia, pueblo de Dios, formada por hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios, nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo. Y en este contexto es importante conocer nuestro pasado, evaluar nuestro presente y proyectar los hitos futuros que queremos promover para seguir caminando juntos. El clericalismo, fruto de la vivencia de una realidad heredada, no tiene cabida en una sociedad secularizada en la que los cambios tecnológicos y de lenguaje nada tienen que ver con los años dorados del cristianismo en nuestro país. Hoy hace falta salir a las periferias, promover la cultura del encuentro, responder la llamada para ser seguidores de Jesús implicando todos los ámbitos de nuestra vida desde el encuentro con el rostro de Dios, la vivencia de nuestra fe en una comunidad, los sacramentos y el servicio generoso a los demás para el bien del mundo. 

Francisco siempre recuerda que no estamos en una época de cambio, sino en un cambio de época y en este momento del presente es necesario, más que nunca, un relevo generacional, pero también que los laicos reconozcan su protagonismo en el proyecto colectivo de la Iglesia, para sentirse parte, reconocerse hermanos, hijos de Dios e implicarse en un proceso de vida que no puede dar frutos si no es desde el encuentro. 

Y es por eso que esta vez, en este encuentro, era imprescindible que los laicos fuesen los protagonistas, que alzaran la voz, que compartiesen su experiencia y también sus inquietudes, discerniendo y en comunidad, los pasos a dar en este camino del seguimiento y la construcción del Reino. 

“Hemos trabajado mucho”, confesaba Mila Muñoz, que llegaba a Madrid desde la comunidad parroquial de Zafra. “La Iglesia con la que soñamos aún parece una utopía, pero el hecho de estar aquí ya es importante, estamos dando pasos en la dirección que tenemos que darlos. Aunque aún nos queda camino por recorrer, algo tenemos claro: aquí hay muchas ganas de trabajar”. 

El ambiente vivido y compartido durante estos días en el congreso ha sido muy bueno, todos los involucrados en este encuentro: participantes, organizadores, voluntarios… creían en la misma premisa: “Vayan y prediquen el Evangelio”. Y allí estaban, preguntándose cómo hacerlo de la mejor manera posible en el momento social y mundial que vivimos hoy. 

“Venimos para mostrar que la Iglesia también acompaña a aquellas mujeres que sufren y que defiende la dignidad de la mujer”, contaba Alicia Medina, del proyecto “Rompe tu silencio”, perteneciente a la archidiócesis de Toledo. Y es que en el mostrar, dar testimonio, ser testigo y contar al mundo, radica una de las claves de la misión compartida a la que se ha hecho alusión durante el fin de semana. Porque en el centro de esta nueva dinámica deben estar las relaciones y el núcleo debe ser la escucha, la acogida, el diálogo y el discernimiento común para poder conseguirlo.

Los laicos forman parte del pueblo de Dios en una sociedad secularizada y plurireligiosa y saber situarse en este complejo contexto nos supone un importante reto que afrontar. “¿Cómo ser un resto significativo en nuestro contexto actual?”, se preguntaban los ponentes Ana Medina (diócesis de Málaga) y Antoni Vadell (obispo auxiliar de Barcelona). “Los laicos tenemos que asumir el papel que nos toca, quisiéramos tener más protagonismo y la culpa de que no sea así, en parte, es de la estructura, pero también de nosotros mismos porque no somos valientes”, nos contaba Paco Delgado, coordinador de Cáritas de la parroquia de San Blas en Cáceres, a la salida de uno de los talleres que se ha desarrollado en el contexto del Congreso. Porque todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación. 

El congreso de Laicos ha propuesto cuatro itinerarios que marcarán el camino de los próximos años: el primer anuncio, el acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública. Estos representan el camino natural de nuestro proceso de fe, la misión y la tarea que tenemos encomendadas como cristianos. Por eso se torna tan importante combatir nuestro individualismo, asumir nuestra responsabilidad como bautizados y pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral de misión, de manera compartida con otros. Estas son las actitudes a convertir propuestas por el documento: “Un pentecostés renovado”, ponencia final del congreso de Laicos que también recoge las líneas de trabajo a desarrollar partir de ahora, ya que desde las delegaciones de Apostolado Seglar se impulsará el florecimiento de este proceso, que como una semilla que se acaba de plantar, podemos vislumbrar pequeños atisbos de su fruto pero haciéndonos conscientes del gran proceso que aún tiene que vivir.

Quico Prat, integrante de la Delegación de Cáritas Española, compartía con nosotros que de este encuentro esperaba que “se impulse la visión del Papa para la Iglesia y especialmente la sinodalidad, entendida como participación de los laicos en la toma de decisiones, no solo como meros ejecutores de decisiones del clero”, algo que sin duda tendrá lugar en este postcongreso, cuando las líneas de trabajo establecidas vayan haciéndose tangibles en cada rincón de nuestro país. 

La pluralidad de la Iglesia se hizo presente a través de las más de 100 experiencias presentadas por diócesis, movimientos, congregaciones, grupos o cofradías durante el encuentro y se ha experimentado como una riqueza de nuestra comunidad, lo que ha generado un gran sentido de comunión a pesar de la diferencia. “Lo importante para mí no ha sido lo recogido por los obispos o ponentes, sino que estos días nos hemos experimentado como una gran comunión al servicio de la misión y del mundo”, expresaba Quico, que también sueña con “una Iglesia abierta y participada que vaya abandonando el clericalismo, lejos del poder y más centrada en los pobres”. 

Mariema Jeck pertenece al Plan Diocesano de Animación Vocacional y es una de las jóvenes que ha participado en el congreso para presentar una experiencia. Ella, junto con un grupo de chicos y chicas en torno a los 22 años, han presentado el Plan Diocesano contando su experiencia y también cómo lo llevan a cabo. Es especial ver a jóvenes comprometidos con una misión que, aunque hoy entre el sector joven parece sonar a trasnochada, demuestra con cada testimonio de vida, que cuando te encuentras con el Resucitado, Él hace nueva todas las cosas. “Yo quiero una Iglesia abierta al diálogo donde quepamos todos —nos decía ilusionada- una Iglesia donde la base sea el amor y tenga a Jesús como principal mediador, donde de verdad creamos que el aliento del Espíritu existe y es lo que nos impulsa a dar grandes pasos. Porque la Iglesia la formamos personas y las personas nos equivocamos, pero a través del diálogo podemos modelar las trabas que puedan surgir, profundizar en ellas y caminar”. Le preguntamos: —¿Cómo te sientes como laica vinculada a tu diócesis? —“Yo siempre digo que me siento muy realizada en la Iglesia, no tienen porque existir límites al laicado”, nos responde.  

“Yo sueño una Iglesia que sea en salida y nos ayude a los laicos a creer que podemos hacer las cosas bien”, nos dice Eduardo Martínez, uno de los representantes de la Juventud Estudiante Católica (JEC) en este encuentro. “Los laicos llevamos haciendo las cosas mucho tiempo, somos capaces de llegar a desempeñar muchas tareas, pero necesitamos otro empujón, y aunque nosotros también tenemos que creer más en nuestro servicio, las estructuras se tienen que dar cuenta de que los laicos y laicas somos muy capaces de trabajar en temas de acompañamiento espiritual, en la oración, en el primer anuncio y darnos más cabida en las estructuras existentes”, afirma. 

Los sueños de los laicos. Tan reales y tangibles que parece imposible no tenerlos presentes. Es el momento de dar un paso más, y así lo vivieron, con la convicción firme de que “la Palabra viva de Dios necesita ser predicada con pasión y alegría a través del testimonio cristiano para poder derrumbar hasta los muros más altos que aíslan y excluyen (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en Salida”). Seguimos avanzando por el sendero de la vida. Un sueño más que puede dar voz al de todos: “La Iglesia que sueño es una iglesia encarnada en la realidad, con una mirada hacia el futuro, esperanzada, alegre y con ilusión y sobre todo una iglesia que sea referencia, líder y lo más importante de todo, transformadora”, desea Paco Delgado. 

Experiencias como la de Mariema, la de Eduardo u otros muchos jóvenes, y también de adultos que han participado en este congreso y en su preparación, nos iluminan el camino que tenemos por delante. Junto a ellos recorremos el presente y soñaremos el futuro que se antoja, sin duda alguna, emocionante. Ojalá los sueños se cumplan. 

 

 

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