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Ángeles López

El mundo que viene tras el Coronavirus

Las cifras de contagiados y fallecidos por el COVID-19 apabullan. Duelo y desazón que se suman a una incertumbre ante la que pocos se atreven a aventurar respuestas. ¿Cómo será el futuro tras este virus letal? Lo que parece evidente para expertos en salud mental, politólogos, filósofos, teólogos y economistas es que comienza un nuevo orden mundial, comunitario, familiar y personal. Así ha sido la tónica a lo largo de la Historia: tras las grandes catástrofes y los escenarios más traumáticos suele avecinarse una reconstrucción del modelo social, económico y geopolítico.

 

¿Saldremos del confinamiento con un alto grado de estrés, ansiedad y miedo? “Esta crisis es un acontecimiento traumático sin precedentes, mayor que ningún otro por su dimensión geográfica –aclara Raúl Padilla, director del Gabinete Psicantropía-. Los especialistas esperamos una avalancha de trastornos del ánimo en los próximos meses e incluso años”. No en vano, la OMS estima que una de cada cinco personas padecerá una afectación mental. “Dudas como ¿qué vendrá ahora? ¿Podré contagiarme cuando “todo vuelva a la normalidad”? ¿Encontraré trabajo?... son las más comunes. Estamos ante una masiva sensación de incertidumbre. “El ser humano necesita que su mundo sea predecible; tener las cosas seguras”, afirma el psicólogo, y matiza: “es de prever que, con lo expansivo que es el español, se repliegue en torno a núcleos muy reducidos, como la familia o un grupo muy cercano de amigos, lo que nos haría volver a una forma muy básica de relación para protegernos. Viviremos una desorientación tremenda, de la que ignoramos en qué puede derivar. El hombre necesita culpables, distinguir el bien del mal, pero aquí no hay nada de todo esto: no hay a quien culpar”.

Carlos Blanco, doctor en filosofía y teología en la Universidad Pontificia de Comillas y autor de “Dios, ciencia y filosofía” (Almuzara), analiza el mundo postpandemia bajo su prisma: “será más incierto, más oscuro, más consciente de nuestra precariedad y de la imposibilidad de anticiparse por completo al futuro. Un mundo que, tristemente, lo más probable es que acentúe muchas de las injusticias que ya existen”. Pero no duda en ser optimista: “la creatividad humana es infinita. La humanidad posee suficiente inteligencia como para salir también de esta crisis. Por tanto, aunque el mundo sea más incierto también nos veremos obligados a utilizar nuestros recursos intelectuales y materiales al máximo; tendremos que sacar lo mejor de nosotros mismos”. 

Esta pandemia podría conducirnos a un grave dilema ético cuando salgamos del confinamiento. “Creo que de momento todos los esfuerzos deben concentrarse en combatir la crisis sanitaria, que es la más apremiante. Por fortuna, esta guerra tan terrible no es como las demás: no conlleva, entre otras cosas, la destrucción de infraestructuras. Podemos reorganizar la economía, porque depende de nosotros, es la actividad humana. El virus, por desgracia, no depende solo de nosotros mismos”. En lo que sí confía el profesor Blanco es “en la solidaridad y en la cooperación a todas las escalas (instituciones internacionales, países, individuos...), pero no quiero parecer ingenuo. De hecho, ya estamos viendo cómo junto a actitudes admirablemente solidarias están surgiendo conductas que avivan las pulsiones más negativas y bajas del ser humano, como el celo inquisitorial de algunos, la sospecha, el recelo, el odio... Espero que esta crisis nos ayude a apreciar más el valor de lo que podemos construir entre todos: el sistema sanitario, la solidaridad con los más vulnerables, la cooperación científica... Y, más aún, espero que esta crisis tan destructiva nos enseñe a comprender qué es lo verdaderamente valioso en la vida, y que no seríamos nada sin la ayuda de los demás. Como en toda crisis, tan importante como salir de ella es aprender de ella”. No en vano, un gran número de filósofos coincide en que esta pandemia tendrá tres fases: la sanitaria (que estamos atravesando), la económica (que tendremos que solventar después) y un repunte de fe y vocaciones.

Economistas de medio mundo sospechan que el libre mercado, como lo conocemos, ha muerto. ¿Si los mecanismos habituales no funcionan porque no nos enfrentamos a una crisis conocida, a cuáles podríamos acogernos? “Nos enfrentamos a un escenario totalmente nuevo –revela Pilar Llácer, investigadora en EAE Business School y autora de “Te van a despedir y lo sabes” (Almuzara)-. No valen recetas anteriores, la forma de producir y la forma de consumir ya han cambiado. El COVID-19 ha acelerado la transformación digital y las empresas que no estuvieran preparadas no tienen dorsal. En España, país con una concentración de trabajadores en sectores de alto impacto por el virus (como el Turismo) y con una tasa de paro del 13,7% según datos del EPA del último trimestre de 2019, la repercusión puede ser mayor”. Si nuestro sistema se basa en la iniciativa privada y en el trabajo-recompensa, todos nos preguntamos hacia dónde nos encaminamos ahora. “El concepto de trabajo llevaba tiempo necesitando una reconversión –prosigue Llácer–. Toda tarea que pueda ser automatizada lo va a ser, y ahora más. No solo por la productividad sino por nuestra seguridad. En 2018 se cerraron en España 1.314 sucursales bancarias. Nuestra forma de consumo antes del virus, ya estaba cambiando. Esta crisis seguirá acelerando el cambio”.

La renta básica universal será una alternativa para algunos gobiernos. Quizá hoy más que nunca sean necesarias medidas personalizadas. “Con los datos y la información que tenemos –explica Llacer-, es fácil ver quien lo puede necesitar. El esfuerzo debe concentrarse en reconvertir la empleabilidad de los colectivos susceptibles. La formación en profesionales de alta empleabilidad tiene que estar en la hoja de ruta de todas las instituciones, gobiernos, empresas y trabajadores. En los perfiles de menos cualificación profesional… ¿les damos los peces o las cañas para pescarlos? Hay una gran responsabilidad por reorientar todas las profesiones afectadas por COVID-19”. No valdrán las recetas de las crisis anteriores, la situación es muy diferente y además habrá que prepararse para estar en intermitente estado de alerta. Se especula que habrá más de un 20% de paro... Pero, ¿cómo podríamos revertir esta situación? “Hay muchos negocios que no están pensando en la transformación, sino en cómo salir cuanto antes de esta situación para seguir haciendo lo mismo, sin darse cuenta de que el virus se quedará dormido, pero nuestro consumo será diferente, a medio plazo seguro, y nuestra economía se verá igualmente afectada. La caída de la producción, la productividad y la falta de confianza provocarán un consumo retráctil, que puede avanzar o adelantarse, y después, retroceder o esconderse. La OIT propone adoptar medidas políticas integradas y a gran escala, centradas en cuatro pilares: apoyar a las empresas, al empleo y los ingresos, estimular la economía y los empleos, proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo y utilizar el diálogo social entre gobiernos, trabajadores y empleadores a fin de encontrar soluciones. A su vez, estas opciones deberían ser complementadas por tres: Plan urgente de digitalización de negocios y trabajadores, formación urgente para todos los trabajadores afectados por ERTES y apoyar medidas digitales para todos los trabajadores afectados.

La industria de la cultura es otro gran caballo de batalla para una sociedad acostumbrada a disfrutar de espectáculos como el cine, el teatro, los conciertos... o el placer de la lectura. Javier Ortega, escritor y autor del sello Berenice, nos explica en qué lugar piensa que quedará el mercado del libro: “En este momento las previsiones del sector son muy negativas (como las de otros muchos sectores), pero ha sobrevivido a tantas crisis que, personalmente, no sería tan pesimista. En gran medida va a depender de cuánto tarde en llegar ese fin de la pandemia (que no del confinamiento) por lo que, a la postre, estamos en manos de la ciencia”. Otra de las patas fundamentales de esta crisis será la relacionada con la ya llamada “generación del Coronavirus”. Los educadores temen una posterior falta de sociabilidad en los pequeños, provocada por secuelas del confinamiento al que estamos sometidos. Fernando Alberca, filósofo, neuropsicólogo y educador, autor de “Educa sin estrés” (Toromítico) reflexiona sobre el tema: “Desde el punto de vista educativo estamos aprendiendo más sobre las reacciones del ser humano en un mundo tan emocional como el nuestro, cómo somos cada uno y en sociedad, desecharemos torpezas como la de creer que el deseo, el sueño, la imaginación o la capacidad en todas sus formas puede sustituir la necesidad de una fuerte virtud, la fuerza de voluntad o la necesidad de ayuda. Seremos más emocionales aún, pero aprenderemos la necesidad de racionalizar las emociones y emocionar la razón”. De igual modo, el experto continúa: “No perderemos nada importante en cuanto a los contenidos académicos y lo no aprendido en estos meses, porque lo que aprendíamos no era importante. Se confirma lo que sabíamos: necesitamos revisar la educación, renovar qué debe aprenderse, cómo y la relación de quien aprende con quienes enseñan. No pasará absolutamente nada en cuanto a los contenidos. Es decir, nada que no pueda remediarse si actuamos con acierto después y se repone con lucidez lo que era un disparate amorfo”.

Por último queda el tema más espinoso del mundo que vendrá: ¿Habrá un repunte de nacionalismos y populismos? ¿Peligra Europa? ¿Será China nuestro nuevo Marshall? Si la II Guerra Mundial dio paso al nacimiento de la ONU, ¿El coronavirus también dará lugar a instituciones multilaterales más fuertes? ¿Qué ocurrirá con las fronteras y la libre circulación en el continente, en los próximos tiempos? El ciudadano no para de hacerse preguntas que nos intenta responder José Ángel López Jiménez, profesor de Derecho Internacional en ICADE: 

“Conviene prestar atención a las maniobras que, en estas semanas de desconcierto y desborde mundial, se están realizando en algunos actores importantes. A los mencionados movimientos de precampaña electoral del trumpismo buscando chivos expiatorios de las consecuencias de su negacionismo inicial de la gravedad de la pandemia que se cernía, hay que añadir otros actores destacados: Putin y su reforma constitucional que le apuntale vitaliciamente en el Kremlin, Corea del Norte realizando pruebas de nuevos misiles, Brasil con Bolsonaro vigilado estrechamente por sus fuerzas armadas, China exhibiendo capacidad de reacción a la par que nulo respeto por las libertades esenciales de su población, Orban y Erdogan reforzando sus respectivos regímenes semiautoritarios... China va a consolidar, a mi juicio, su sorpasso a EEUU en el liderazgo mundial, ya está siendo la protagonista de una suerte de Plan Marshall”.

Y concluye: “El retorno de las fronteras y el fracaso de las cuatro libertades en la UE van a estar ligados a la continuidad del proyecto europeo. Para no confundir deseos con realidades, lamento ser pesimista respecto a la renovación y auge del multilateralismo y de la cooperación, como consecuencia de la crisis global actual y de la crisis económica que estamos iniciando. Aunque sería la premisa esencial de una renovada sociedad internacional, más solidaria y eficiente en la gestión de entornos críticos”.

 

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