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Ángeles López

El Monaguillo: "La tontería es la masa madre de mi humor"

El ‘buen rollo’ está en el ADN de Sergio Fernández conocido como “El Monaguillo”. El cómico no duda en dejar su estela de risas en todos los medios que puede: “El Hormiguero”, sus colaboraciones con Carlos Alsina en Onda Cero, su podcast “La parroquia de El Monaguillo”, y los programas “Tú cara me suena” y “Me resbala” (Antena3 TV). Por si fuera poco, cuando todo se normalice, confía en regresar el Teatro la Latina con su monólogo “¿Solo lo veo yo?”.

 

Por videoconferencia -como mandan las leyes de esta pandemia- compartimos un aperitivo al filo del mediodía de un sábado... y por un momento hace que me olvide de virus, penas, economía, políticos... Es un cómico -y un hombre- sencillamente genial.

¿Dónde y cómo está pasando el confinamiento? 

Lo estoy pasando en casa, como todo el mundo. Aquí hago mis podcast de “La parroquia de El Monaguillo”, intervengo dos días en el programa de Carlos Alsina -“Más de uno”- y el resto del tiempo solo salgo al plató de “El hormiguero”, que está como el Arca de Noé. Está más esterilizado que cuando operaron a E.T. Todo saneadito, sin riesgos de ningún tipo.

“Confitamiento” -como lo llama-, ¿vestido o en pijama?

Yo soy enteramente un Lunni. Solo me visto para ir al súper o a “El hormiguero”. Y vestir, es decir demasiado. ¡Me pongo un vaquero y me siento raro! El resto del tiempo estoy en pijama o ropa de deporte. Aunque también me tengo que adecentar para ir al fisio -ahora que se puede- porque me está arreglando el lumbago. Ya sabes, esas cositas de la edad...

¿Y sale a correr?

Yo corro las cortinas, a lo mejor, y me vuelvo a acostar por el cansancio. Como te digo, el fisio y el entrenador me han preparado una tabla de estiramientos para la zona lumbar. Piensa que estoy acostumbrado a mucha tralla con los viajes, los bolos, los monólogos en el teatro -que pierdo cinco kilos por función-, los programas de tele... y ahora estoy más sedentario y tengo que moverme un poco. Pero lo justito, no te asustes (risas).

A las ocho, ¿es de  salir a aplaudir o no?

Sí, sí. Si me pilla en casa salgo al balcón. Además, hacemos un poquito de tertulia con los vecinos, nos contamos lo que nos ha pasado durante el día. Si me toca ir al plató, no, porque a las siete de la tarde ya estamos ensayando, aunque a veces, también paramos para el aplauso. Me gusta participar de eso porque es un reconocimiento que todos hacemos, y que logra no despegarnos de la realidad que estamos viviendo. Aunque más importante aún, es que tengamos una actitud responsable todo el día. Con nosotros y para con los demás. Nuestra irresponsabilidad repercute en el resto, por eso la mejor forma de ayudar y ayudarnos es cuidarnos para los demás.

La experiencia con Pablo Motos, Marron y Piedrahíta en este formato COVID para “El Hormiguero”, ¿qué tal está resultando? 

¿Sinceramente? Excelente. Yo estoy súpercontento. Llevaba 6 años en el programa y veía que teníamos sintonía, pero ahora he podido demostrar mi capacidad de improvisación, que llevo tantos años trabajando en la radio -como el propio Pablo-. Si te das cuenta, estamos haciendo un programa de radio en televisión, lleno de ritmo, dentro de lo que podemos hacer. No olvides que ahora trabajamos con un equipo muy reducido y no se puede hacer el mismo formato lleno de ciencia, espectáculo, etc. La gente agradece que estés en directo y le hables de algo distinto al dolor que estamos padeciendo. 

¿El humor está haciendo más llevadera esta pandemia?

Por supuesto. Yo digo lo que argumentó Pablo Motos: el humor es una medicina más. Y así nos lo hacen llegar los cercanos, los que nos llaman, escriben, a través de las redes. Es un paréntesis para hablar de algo desengrasado, de la nostalgia, la infancia, e intentar parar un poco los virus y los miedos. La gente se lo pasa bien y Pablo ha sabido reinventar el programa en un tiempo récord, enfocado a este momento tan dramático.

¿Qué es el humor para usted?

Para mí el humor es una de las cosas que nos mantiene vivos, alegres y que nos saca un poco de la cruda realidad en la que vivimos a diario. La vida es complicada. El humor es una pastilla más que nos tenemos que tomar diariamente y que, gracias a Dios, no la hace ningún laboratorio, sino que la creamos nosotros mismos. El sentido del humor es uno de los más importantes que tenemos y debemos cultivar y cuidar. También cuidar a la gente que hace humor. Tenemos que fomentar cada día esa alegría.

¿Se puede hacer humor de todo, como decía Woody Allen?

Me gusta hacer un poquito más llevadero lo que vivimos haciendo humor del momento “confitado”, pero yo no sé molestar. No es el humor que yo trabajo. Si puede herir, no me sale. No puedo hacer sentir a la gente mal, porque muchos sufren, han perdido a familiares, se quedan en paro, pasan necesidades... A mí me gusta llegar hasta donde llego: cómo nos ha cambiado la vida, cómo nos estamos adaptando.  De eso sí puedo hacer risas. Yo estoy desde las siete y media de la tarde, como un perro de parcela en el balcón, esperando para aplaudir, salir, hablar con los demás... pero hay unos límites en los que otros, quizá con un humor más sofisticado, inteligente o ácido, puedan llegar. A mí no me sale torear el dolor. 

Porque es un humor blanco, que no ofende a nadie, que rara vez entra en política, gusta igual a mayores que a niños... ¡El arquetipo de payaso bueno! Y eso es muy difícil...

Bueno, todo es complejo. A mí me sale con más facilidad el humor familiar. Trabajo con gracia personal para decir las cosas -mis amigos me dicen “lo cuento yo y no se ríe nadie pero lo cuentas tú y se destrozan”-, y es una suerte. Es un poder como el de la Marvel (risas), que hace que las cosas suenen más divertidas en mi boca. Pero no me meto en jardines. Prefiero contar que el día de mi comunión me puse dos veces en la cola, porque iba con el estómago vacío. Una hostia se me quedó corta y me puse de nuevo detrás de todos. Pero la segunda, se quedó pegada al paladar... y el cura me miraba porque me entró un ataque de tos que casi me muero. Al final me salvó la vida un monaguillo, por eso me llamo así. Ese es mi humor: ser más cercano. Ahí me muevo bien. Se me ocurren más cosas que no ofenden, que al contrario. 

¿Cómo es en casa? Había una coplilla que decía: “Me casé con un enano pa jartarme de reír”, y así me imagino que debe ser vivir con usted...

No te lo creas. Esto es como aquello de “En casa del herrero, cuchillo de palo”.

No me diga que es un sieso...

No, tampoco. Pero no puedo ser El Monaguillo 24 horas, porque es agotador. Hay una mezcla y aflora Sergio, alternándose con el cómico, con mucha naturalidad. Aunque nadie lo imagine, lo que realmente me gusta es leer, ver películas, series, tocar la guitarra, jugar a juegos de mesa... Eso me evade de mi personaje y le hace crecer en silencio. En mi vida privada me gustan más las charlas serias que las divertidas. 

He leído que está abierto a participar en MasterChef Celebrity... 

¡Yo soy muy buen cocinero! He tenido la oferta pero no he podido embarcarme. Primero, porque estaba de gira y luego porque estaba en “Tu cara me suena”, pero he quedado que la temporada que viene, quiero intentarlo. La productora me ha ayudado mucho, y ¡me gusta cocinar, narices! Mi mujer guisa muy bien, pero cuando yo cocino sabe a gloria. Lo peor que tengo es que cuando lo hace ella, soy el típico pesado de “hay que echarle más sal”, “cuidado que se te quema”... ¡Como el padre cuando enseñaba a conducir al hijo!

Muchos compañeros tienen guionistas, ¿usted se lo guisa y se lo comes?

Sí. Yo soy Juan Palomo. Mucho nace de la inmediatez, la mitad de lo que hago, y para el resto preparo algunos ítems y me gusta funcionar al rebote.

Pero ¡la repentización es lo más fastidiado, como en poesía!

Bueno, es cierto que no es fácil, pero me he entrenado mucho en la radio y ahora me cuesta menos. Tengo recursos y una valentía que nace de haberte quitado muchos miedos... y ya sé por dónde ir.  

¿Qué le hace gracia? ¿Con qué se troncha?

Yo soy muy raruno. Me gusta lo que no se parece a mí. Algo que esté en mis antípodas, porque lo mío me lo conozco y me sé los resortes. Me gusta el humor más sofisticado. No me atrapan las comedias disparatadas, sino las raras tipo “Lo que hacemos en las sombras”, que es muy surrealista y me ha gustado mucho. Humor absurdo y fino. Nada que ver con mi campechanería.

Los políticos tienen demasiada cara de vinagre, ¿no necesitaríamos a alguien con un poco más de gracia?... Ahora solo nos queda Fernando Simón, y nos da pocos titulares.

Sí, estamos en un momento en que se echa de menos a alguien con gracia. Es cierto que Simón puede ser nuestro balón de oxígeno. Con su “almendrita”. Sé que es un genio, pero también podría ser un artista del escenario. Salir todos los días a defender tu discurso científico sin entrar en política es de un gran maestro. De un gran entretenedor. Si cada día nos contara un tema de divulgación científica, sería un genio comparable con Punset. 

¿Qué le pone de mala uva?

No me enfado mucho, la verdad. Soy un poco maniático con el orden, pero poca cosa más. Lo que me desagrada y no lo puedo evitar es que soy muy pesado. Yo veo que hablo a mi mujer y que desconecta, pero sigo hablando. Porque lo que se lo he dicho, lo he hecho por novena vez. Pero también soy pesado en la calle, en el supermercado...

¿Qué es lo primero que hará cuando nos “desconfiten”?

En agosto, si todo ha bajado un poquito, querría ir a la playita unos días. Ojalá todo vuelva a la normalidad. Después de esto, uno no tiene grandes deseos, solo quieres recuperar la mayor parte de lo que puedas de la vida anterior. Solo deseo pasear por la playa, o estar en mi terracita de Paracuellos, con unas bravas y una cerveza, como aperitivo. Como estamos haciendo tú y yo, ahora. Se ha parado nuestra vida, nuestra economía... pero anhelo empezar a recuperarnos y recobrar las pequeñas cosas que nos hacían felices.

Volviendo a su espectáculo, que se retomará en La Latina cuando nos deje el Coronavirus, ¿qué es lo que solo ve el Monaguillo?

‘¿Solo lo veo yo?’ es un espectáculo atemporal, basado en la nostalgia, en cómo era la vida hace 40 años, cuando yo apenas tenía 6. Todo está contado de forma exagerada, con la intención de que la gente se lo pase bien imaginando un mundo tan loco como el que les propongo.

Encantada de aperitivear juntos.

Lo mismo digo. Me voy a vestir, para que no me pille la hora de los aplausos con malas pintas. 

 

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