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Tamara Cordero

Generación COVID: El virus de mi destino

No son colectivo de riesgo ante la pandemia en lo sanitario. Sin embargo, su presente y futuro está ya marcado por las consecuencias sociales y económicas de la actual crisis. La decisión sobre sus estudios, su acceso a un mercado laboral precarizado o simplemente su forma de relacionarse ha marcado y marcará a los jóvenes de 2020. 

 

Con el ritmo cotidiano del curso escolar paralizado, y las administraciones públicas trabajando bajo mínimos, son muchos los jóvenes que tienen que enfrentarse, durante el próximo mes, a elecciones muy importantes para su futuro. La EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad) se celebrará, pero aún no saben el lugar y solo se han acordado unas nuevas fechas. También las universidades públicas y privadas, españolas e internacionales, se adaptan a toda prisa al vertiginoso ritmo propuesto por las nuevas tecnologías para poder celebrar sus exámenes. Sin duda, la crisis sanitaria del COVID-19 no solo está provocando una crisis social, que ya comenzamos a vislumbrar que será de las más graves jamás vividas, sino que también está acelerando un cambio en el paradigma educativo. 

la grave situación que atraviesa nuestro país y la mayor parte del planeta nos ha obligado, sobre todo en España, a “meternos de cabeza en el cambio de modelo educativo en Secundaria, dando menos peso a los exámenes y priorizando la evaluación formativa”, cuenta Elvira Loma-Ossorio, orientadora en un centro educativo. Algo que no solo comienzan a evaluar positivamente los expertos, si no que ya comenta el mismo alumnado. “El modelo educativo debería cambiar, con esta crisis hemos visto una nueva oportunidad y espero que esto sirva para que la enseñanza sea más aplicada, no tan dirigida a resultados académicos”, opina Manu Vigario, estudiante de cuarto curso de Derecho y ADE. Aunque la realidad es que, hoy por hoy los centros siguen adaptándose a una situación extraordinaria y buscando los métodos adecuados para poder terminar el curso escolar de la mejor manera posible. 

Los más afectados, sin duda, son aquellos alumnos que por una u otra razón se encuentran en un momento de fin de ciclo o de cambio de etapa educativa y que han visto cómo la planificación del año escolar se venía abajo por la cancelación de clases y que tenían que adaptarse a las nuevas circunstancias en tiempo récord. Como Lucía Juan Aracil, estudiante de segundo de bachillerato que recuerda perfectamente el momento en el que se cancelaron las clases: “En un primer momento mi reacción fue casi de ilusión, porque aunque vivía con tristeza la situación por la que se cancelaban, tenía muchísima curiosidad por saber cómo se iba a organizar todo durante dos semanas, convencida de que volveríamos a las aulas”, nos cuenta. Ya lleva más de 70 días en casa y se está preparando para una de las pruebas más importantes de su vida. Como ella, más de 200.000 alumnos en nuestro país han tenido que enfrentarse al estrés de preparar este examen en unas circunstancias excepcionales.  Lucía nos dice que no ha llevado muy mal este momento que está viviendo, ya que se organiza su propio tiempo y puede estudiar en casa sin problemas. Sin embargo, nos recconoce que no para todos sus compañeros está siendo igual de fácil. 

“La etapa de Bachillerato se convierte desde el primer día en una carrera de fondo -expone la psicóloga Irene González-, con la meta de la EBAU la sensación de presión que los alumnos perciben a lo largo del curso tiende a ser elevada, y aumenta por la carga psicológica y emocional que supone hacerlo en tiempos de incertidumbre social”. Así lo confirma también Elvira, que nos cuenta que “los alumnos se enfrentan en este momento a un maremágnum de sensaciones: el no saber cómo se va evaluar el curso, el estrés del confinamiento y de la pandemia en sí y lo difícil que puede resultar concentrarse y estudiar con la familia en casa, todo se les ha puesto de patas arriba y de repente, nada es seguro”. Lucía cree que se está organizando bien el tiempo y también que se está preparando bien la ya cercana prueba evaluativa, pero sin embargo nos confiesa que está aterrorizada: “No creo que el colegio sea ni mucho menos responsable de los resultados que obtengamos en la prueba, pero sí que creo que los profesores tienen la capacidad y, en cierto modo, la responsabilidad, de transmitirnos esa confianza. Sin ir a clase es muy difícil sentirla. No iría más preparada por estar acudiendo a clases presenciales pero sí más tranquila y segura de que todo saldrá bien”, nos cuenta. Lo mismo piensa María Muñoz, también estudiante de segundo de bachillerato: “Si tuvieramos clases presenciales iríamos más tranquilos”, nos dice. 

María también reconoce que aunque la crisis del COVID-19 no le ha hecho replantearse su decisión en cuanto a la rama académica en la que se quiere formar, “sí que me ha afectado a la hora de pensar qué tipo de persona quiero ser, porque durante est tiempo de confinamiento hemos visto reacciones muy diversas, personas que sacaban lo mejor de sí mismas para hacer esto más fácil para todos, y personas que por desgracia sacan lo peor. Yo me he dado cuenta que quiero ser de esas primeras y que tengo mucho para dar y aportar a los demás, no quiero conformarme”, nos cuenta en un descanso de su tiempo de estudio.

Para preparar la prueba de accesoa la Universidad en este contexto, la experta Victoria La-Chica recomienda a todos los alumnos que “intenten mantener un horario lo más parecido al escolar, vestirse cómodamente y organizarse la mañana entre clases virtuales y tiempo para estudiar”. Además también destaca como importante que los chicos “deben tener un lugar de estudio fijo, que sea diferente al lugar de ocio con la familia” y por supuesto “mantener el contacto habitual tanto con los profesores como con los compañeros, compartiendo dudas e intentando ayudar a los amigos”. También es importante que en este tiempo los jóvenes tengan un “buen descanso, algo de ejercicio físico y algo de ocio”, nos cuenta. 

Pero los estudiantes de segundo de bachillerato no solo están preocupados porque estén preparando un examen decisivo en sus vidas académicas, si no que también reconocen que ha sido duro enfrentarse a una despedida virtual de sus colegios, profesores y compañeros. “Soy consciente de que hemos perdido muchas cosas -apunta Beatriz González, también estudiante de segundo-, como el final del curso, la graduación o el viaje final de ciclo; y a partir de ahora vamos a tener que vivir de otra forma”. Sin embargo, lo asumen con la naturalidad propia de su edad, afectados, pero sabiendo que de cualquier crisis se puede sacar un lado positivo. “Tenemos que conseguir que nuestros alumnos aprendan que cualquier situación de la vida nos brinda la oportunidad de aprender una lección y que las crisis emocionales ponen a prueba una capacidad muy importante de las personas: la resiliencia”, apuesta la orientadora Irene González. 

“Estamos aprendiendo que la tecnología es la herramienta, pero que el corazón de la educación son las personas, aquellas a las que estamos echando de menos estos días como nuestros familiares, amigos, compañeros y profesores”, dice Elvira. 

Un aprendizaje que Rebeca Arranz ha tenido que asumir en la distancia. La crisis sanitaria ha explotado cuando se encontraba de Erasmus en Toulousse (Francia). Confianada en 9 metros cuadrados, donde tiene su habitación, la cocina y el baño, en una residencia pública y lejos de su familia y amigos. Cuando se aprobó el Estado de Alarma en España no quiso tomar una decisión precipitada. Estaba preparando sus exámenes, que comenzaba justo la semana siguiente y decidió quedarse en Toulousse, por lo que pudiese pasar. Esos días “los viví con mucha incertidumbre, no sabía que iba a ser de mí, si los exámenes se celebrarían, si debía volver a casa”, nos cuenta desde la misma habitación en la que ya lleva encerrada más de dos meses. “En este tiempo no te concentras igual, no vivimos las condiciones óptimas para estudiar y no es un tiempo de descanso, es complicado”, confiesa.

Lo mismo le pasa a Mafalda Almaraz, que cursa este año 4º de ESO, y aunque ha conseguido adaptarse rápido a esta nueva situación, afirma que “estar en casa me afecta a la concentración, aunque los trabajos diarios requieran que esté más activa”. Echa de menos a sus profesores y compañeros y sabe que estos momentos perdidos no podrá recuparlos, aunque nos cuenta que sabe que “en el futuro será algo anecdótico”. 

La falta de concentración es algo que todos hemos experimentado en estos meses. Y no está provocada por estar en casa, o por teletrabajar, sino por la situación tan complicada y extraordinaria que estamos viviendo. Por eso, en caso de que aparezca la ansiedad, “lo mejor es no excederse en ver noticias y observar la situación como algo pasajero, practicando técnicas de respiración y relajación”, nos recomienda Victoria. Pero es difícil y si te encuentras solo y lejos de tu zona de confort, como es el caso de Rebeca, aún más complicado.

También Andrea Fraile ha experimentado todas estas sensaciones. En enero de 2020 se presentó al examen del MIR y cuando comenzaron a ver el alcance de la emergencia sanitaria se encontraba a expensas de elegir especialidad médica para cursar la residencia: “De momento no sabemos nada -señala-. Hace unos días salieron las listas definitivas del MIR pero no han dicho ni cuándo va a ser la elección, ni cómo va a hacerse (si telemática o presencialmente), ni cuándo nos incorporaremos a los hospitales”.

Andrea es una de esas sanitarias que justo al terminar las prácticas ha tenido que incoporarse al hospital para ayudar a paliar el alcance del virus: “Ha sido un periodo emocionante y me siento afortunada porque me haya coincidido con esta etapa, haber podido poner mis estudios al servicio de la sociedad aunque seamos el último eslabón de la cadena. Hemos ejercido una medicina de guerra, muy protocolarizada que nunca habíamos visto en las prácticas de la carrera”, detalla a la salida de su turno de trabajo en el hospital Puerta del Hierro, de Madrid. Las primeras semanas de la crisis estuvo en una planta de COVID y poco después fue como apoyo a las residencias de ancianos, una de las realidades más atacadas por la pandemia especialmente en esta provincia española. Andrea afirma que sin duda esta crisis “cambiará el sistema y la mecánica de trabajo del día a día en el hospital”. Actualmente, sin plaza y sin poder visitar los hospitales donde previsiblemente cursará la especialidad de ginecología, -si todo va bien-, desvela que le gustaría “tener más información para estructurarme ya que es un momento que vivimos con miedo por nuestra incorporación a una situación desconocida, y también por pensar que quizás este momento sanitario nos lleve a no poder formarnos correctamente en nuestra especialidad”, aunque también asume que “es la situación que nos ha tocado vivir y tenemos que afrontarla con paciencia”. 

Otra pregunta fundamental que surge en los alumnos en este tiempo de incertidumbre social es la relacionada con la situación del trabajo en el futuro próximo. Manu Vigario, que estudia cuarto de carrera, plantea que “este tiempo me ha servido para pensar qué quiero hacer, si el sitio para buscar trabajo es España o si me quiero mover” y nos confiesa que ha pensado mucho estos días en irse al extranjero. 

“La enormidad del shock que están experimentando va a hacer que los alumnos reflexionen sobre sus estudios -valora Irene González-. En el futuro los que ahora son jóvenes recordarán esta situación y los motivos que les llevaron a cursar determinados estudios o elegir una u otra opción debido a las circunstancias que estaban viviendo, pero esperamos que lo que surja de este periodo sea un mundo más humano, que valore las relaciones entre las personas y cuyo objetivo sea asegurar que todo el mundo tenga acceso a las cosas que necesite para poder crecer”, afirma la psicóloga. 

Desde la mayor parte de los centros educativos de nuestro país el esfuerzo que están haciendo por ofrecer a los jóvenes, cada uno con su situación personal particular, las herramientas pedagógicas para enfrentar esta situación vital es extraordinario. Así lo confirma Victoria, que como orientadora de un centro ha intentado mantenerse en contacto con todos los alumnos, “charlando con ellos unas veces por correo electrónico y otras por videoconferencia, al igual que con sus familias”. 

sin duda este tiempo será recordado como un momento de inflexión en la realidad educativa de nuestro país que parece aproximarse, porque las circunstancias han golpeado fuerte, a una educación más aplicada en la que se valoren esencialmente las competencias desarrolladas por los alumnos en cada curso escolar.

Parece que el aterrizaje forzoso de las nuevas tecnologías y la “teleformación” que ha provocado esta crisis, repercutirá positivamente en el desarrollo de un sistema mixto de trabajo que tenga en cuenta la implicación y las circunstancias personales de cada alumno. Pero todavía queda camino por recorrer. Y esperamos que en él no se quede atrás la piedra angular de cualquier proyecto educativo: la persona. 

Aunque la evaluación que hacen los alumnos de la enseñanza virtual en este tiempo de confianmiento no es del todo positiva, reconocen la comodidad y que cada vez se está aprendiendo más a utilizarlas de manera correcta pero, “en la ensañanza es necesario el contacto, la cercanía y el tener a quien acudir de manera presencial”, nos cuenta Lucía, que este curso, más que nunca, echa de menos volver a un colegio alborotado y lleno de chicos y chicas en busca de un momento de paz. 

“Los jóvenes somos el motor del cambio -sentencia Rebeca-. Esta crisis tiene algo positivo y es que nos ayuda a valorar aquello que dábamos por supuesto: como nuestra sanidad o los profesionales que hacen que el engranaje funcione. Y esta ventana que se ha abierto no va a poder cerrarse. Vivíamos de manera acelerada y el egoísmo estaba en el centro de todas nuestras vidas. Ahora ha llegado el momento de ver que, como sociedad, tenemos que caminar y tomar decisiones juntos, y también sentirnos sociedad internacional. Y el paso está en nuestras manos, en la de los jóvenes”. Al hilo de esta cuestión, echa mano de una cita de Gregorio Marañón: “Toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes”. “¿Si no es ahora, cuándo?”, se cuestiona. “No podemos vivir con miedo, esta es una oportunidad de cambio”.

 

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