Mirar Ángeles Conde

El alto precio de poder comer

Sustituir la carne de ternera por la de cerdo o la carne picada, comprar el pescado congelado en lugar del fresco o recortar en el ocio familiar con tal de no gastar gasolina… Creatividad al poder porque ‘la osadía’ de comer cada vez se paga más cara.
Hay familias que han convertido hacer la compra en una auténtica peregrinación de la oferta y, aún con todo, no llegan. Mitad de mes se ha convertido en el nuevo fin de mes.

Recesión, caída del PIB, pandemia, invasión de Ucrania, subida de la inflación, rebaja en la previsión de crecimiento… Estos términos se han convertido en el pan nuestro de cada día sin que entendamos muy bien qué significan. Lo que sí entendemos es lo que suponen. Traducido al ‘cristiano’ suponen salir de casa con 50 euros en el monedero para comprar prácticamente la mitad de lo que podíamos comprar a principios de año. La cesta de la compra está cada vez más vacía. Puntualizamos. La cesta, -básica-, de la compra está cada vez más vacía. Porque nos hemos visto obligados a dejar de comprar ‘caprichos’ toda vez que el precio del aceite ha subido más de un 48% o el de los huevos más de un 20. Y estamos solo hablando de lo que uno se echa a la boca. Capítulo aparte merecen la gasolina, la energía o demás suministros a cuyos precios da casi miedo asomarse.
Desde 1994, según datos del Instituto Nacional de Estadística, no se había registrado una subida de precios tan grande. Pero no hacen falta números ni estadísticas. La prueba del nueve es el carro de la compra. Las familias numerosas como la de Mari Luz Charro, con la que nos ponen en contacto la Asociación de Familias Numerosas de Madrid, lo saben bien. Son cinco en casa, tres niños de 9, 5 y 3 años. Ella es autónoma, tiene una pequeña gestoría y trabaja desde casa. Su marido es informático y combina teletrabajo con dos días de trabajo presencial en Madrid. Usa el coche para ir a su oficina. “Lo de la gasolina es un atraco a mano armada. Pagamos unos 30 o 35 euros más por llenar el depósito. Menos mal que va dos días en semana y yo trabajo desde casa. De lo contrario, sería insostenible”, puntualiza Mari Luz. Por eso, la familia ha reducido mucho en ocio. Se han terminado los sábados de subir a la sierra con tal de no gastar gasolina y también se han acabado las visitas semanales a McDonald’s con los niños. “Hemos recortado de todo por los precios”, dice esta madre de una familia en la que entran dos sueldos en casa que no se pueden estirar más. Reconoce que hasta el año pasado los dos sueldos sí daban para mucho, tanto como para llegar a ahorrar entre 600 y 1.000 euros al mes. Ahora, las continuas subidas de lo básico les han hecho perder ese colchón de ahorro mensual. “Lo que hemos notado es que antes con los dos sueldos nos sobraba y conseguíamos ahorrar, pero ahora llegamos justos”, comenta. Por eso, llevan desde noviembre apretándose el cinturón familiar, aplicando trucos que antes no aplicaban “porque no teníamos necesidad”: “Hay cosas que ahora no compramos apenas. Te pongo un ejemplo: las fresas. Si los niños querían fresas comprábamos una caja pequeña porque el precio era muy abusivo. Justo para el capricho del momento. Así hemos hecho con muchas cosas como las galletas o las chuches. Compramos determinadas carnes porque lo hemos notado en el precio”. También en el caso del pescado que ahora compran congelado porque el fresco “muchas veces está imposible”. Además, el desperdicio de comida se ha convertido en algo impensable en su casa. Mari Luz teme que los precios suban y que haya que tirar de unos ahorros logrados con mucho sacrificio, pero que, tarde o temprano se agotarán. Porque hay precios que cada día que pasa están más por las nubes, como el de la luz. Con el verano a la vuelta de la esquina, Mari Luz no quiere ni pensar en el gasto que va a suponer encender el aire acondicionado en un piso al que pega el sol toda la tarde. “Qué consumo y qué no y cuándo lo consumo” se ha convertido en el nuevo quebradero de cabeza para esta familia que antes, hasta no hace mucho, vivía holgadamente. Mari Luz, además de madre de familia numerosa, es autónoma, con lo que eso supone. Muy enfadada, “e indignada”, asegura que “nos ‘crujen’ por todos lados”. “Me ‘crujen’ por trabajar, por ser autónoma y por ser familia numerosa. Cuando me toca pagar el trimestre, ese mes no cobro. No me queda nada limpio. Tengo que pagar el 20 por ciento de mi beneficio todos los trimestres lo que son unos 1.000 o 1.200 euros” concluye.
Mari Luz y su familia todavía pueden seguir a flote porque forman parte de la inmensa clase media que soporta estoicamente todos “los sablazos”. Pero hay otro indicador de la situación que nunca falla y es el de Cáritas. No muy lejos de casa de Mariluz, en Getafe, desde Cáritas, -siempre la primera con los últimos-, también están percibiendo que esta subida de precios no tiene nada de anecdótico. Diana Rodríguez es trabajadora social en Cáritas Diocesana de Getafe, y responsable del comedor social de Santa Teresa, explica que de este comedor comen 13 familias, un total de 40 personas. Desde hace aproximadamente un mes, la lista de espera para acceder a un menú de este servicio ha aumentado en 20 personas. “Cada Cáritas parroquial tiene, a su vez, su propia lista de espera y aumentan cada día las derivaciones de servicios sociales por alimentación”, añade. Entre las familias que solicitan ayuda para comer, también están empezando a verse las de los llamados “trabajadores pobres”, cabezas de familia de hogares en los que entra un sueldo con el que no da para nada porque todo ha subido, desde el alquiler hasta el champú. “No podemos pedir a estas familias que salgan de este sistema de entrega de alimentos porque el sueldo no les da para cubrir todas estas necesidades”, lamenta Diana que revela que también han crecido las peticiones para ayudar a pagar los suministros básicos: “Es lo que más estamos notando desde hace unos dos meses. Hay una Cáritas parroquial que atiende a 90 familias de las cuales 30 necesitan ayuda para el alquiler o facturas. Es algo relativamente reciente”. Diana hace un vaticinio nada halagüeño: “Veo que se nos viene encima una muy grande, que mucha más gente va a pedir ayuda”.
La Federación Española de Bancos de Alimentos también predice una avalancha de demanda de estos. Hace unos días lanzaron una alerta porque se están quedando sin reservas. “Estamos ante una nueva emergencia social. La inflación, la crisis derivada por la situación bélica en Ucrania entre otros factores, está generando un aumento en la cifra de usuarios de los Bancos de Alimentos. La inflación no solo está afectando a las familias más vulnerables, también a los propios Bancos de Alimentos porque cada vez reciben menos donativos. Según las previsiones esperamos un repunte del 20% a lo largo del 2022, pero la situación puede variar en cada comunidad autónoma”, explica a Revista 21 Miguel Fernández Rodríguez, director de FESBAL. Confirma que “son las personas con trabajo y familias de rentas bajas y medias, que ya no llegan a fin de mes, los nuevos usuarios que necesitarán ayuda alimentaria en los próximos meses”. Esta pérdida de poder adquisitivo de las familias ha repercutido negativamente en las donaciones a los Bancos.
El mismo día en que el precio de la luz supera los 203 euros por kilovatio/hora hablamos con Laura, madre y padre a la vez de dos hijos. Ella hace mucho que no está pendiente del precio de la luz porque no puede pagar la factura desde hace meses. Tampoco puede hacer frente al alquiler de la habitación del piso compartido en el que vive con sus dos hijos. Apenas puede costear la comida del mes. La suya es una historia de infortunio. Trabajaba como repartidora de comida a domicilio en bicicleta. Una mala caída le hizo polvo la rodilla. Tuvo que solicitar la baja. Recibió solo un mes la prestación. Luego la despidieron y luego llegó el abismo. Sin una red familiar donde sostenerse, Laura tuvo que dejar de pagarlo todo porque sus hijos no pueden dejar de comer. Ella, sin embargo, sí lo ha hecho. “Yo no desayuno ni ceno”, reconoce. Recibe ayuda de los servicios sociales para comprar comida y gracias a Cáritas está realizando un curso de formación laboral para poder reincorporarse al mercado laboral. Ahora hace prácticas en un conocido supermercado con la esperanza de un contrato al que agarrarse como un clavo ardiendo. Quienes se dieron cuenta precisamente de que no desayunaba fueron sus profesores del curso de Cáritas. Con mucha delicadeza y discreción, procuraron que Laura desayunara todas las mañanas haciendo un bote con el resto de los alumnos. Servicios sociales le da 200 euros con los que le toca hacer encaje de bolillos. Evidentemente en su situación nota más que nadie que “todo ha subido demasiado”: “Antes, con 20 euros, podía comprar muchas cosas, pero ahora el aceite está a 5 euros, la mantequilla está al doble, el pan, los huevos... Del pollo ni hablamos y tampoco compro mucha carne”.
Sí, la carne de ternera es casi un lujo para muchos hogares que se la permiten con menos frecuencia de lo que solían hacerlo. Sí, sucede en la España del siglo XXI. Lo reflejan de nuevo los números. La inflación del mes de abril ha sido del 8,3 %. Toledo ha sido la provincia con mayor tasa de inflación con un 11,5% , es decir, donde la cesta de la compra es más cara de toda España. Familias como la de Marisa, con dos niños, lo viven cotidianamente, aunque en su caso la “creatividad” doméstica comenzó hace tiempo, por lo que asegura que “este último subidón de los precios ha sido la puntilla”. “En mi casa, la carne que se consume es más la de cerdo que la de ternera. ¿Merluza? No, pescadilla”, explica. Ellos hacen la ruta de la oferta de un supermercado a otro hasta calculando si conviene hacerlo por el coste de la gasolina por el desplazamiento. Precisión quirúrgica aplicada al monedero. “Hay que buscarse la vida”, dice ahora que la marca blanca es la principal en su despensa. Ellos viven en un pueblo de Toledo y para trabajar su marido se desplaza en coche. “Si no compartiera el coche, la gasolina se comería todo el sueldo”, indica Marisa. El incremento del precio de los combustibles no solo lo han notado en el coche. La calefacción de su casa funciona con gasoil, por eso, lamenta que “con lo que el año pasado llenábamos el depósito, ahora es imposible”.
El mercado de barrio es otro de esos medidores infalibles, el termómetro que mejor mide cuán candente es el tema de los precios. “Todas las que vamos comentamos lo mismo, que cada día que venimos ha subido algo”, comenta Angelines, jubilada de 78 años que “goza” de una pensión por encima de los 1.000 euros. Es viuda y además trabajó fuera de casa por lo que cotizó. Por eso, asegura que si solo cobrara por un concepto ahora mismo “no le llegaría ni para el pan”. “Yo no recordaba una subida de precios tan grande. Cuando teníamos pesetas, ibas con 5.000 y llenabas el carro. Ahora vas con 60 euros y vienes con la mitad de cosas”, apunta. Indica que, de momento, no está recortando porque “la comida es la comida”, aunque no hace grandes derroches porque nunca ha sido de hacerlos. “Compro lo necesario, pero es verdad que miro mucho”, asegura mientras glosa una lista del “antes y el después” del precio de los productos básicos: “El pollo ha subido muchísimo. En la pollería, tres kilos de filetes me costaban casi 13 euros. Ahora costarán 8 o 9 euros cada kilo. Las ciruelas están a 5 euros el kilo. Solían estar a la mitad o como mucho a 3 euros. He visto hoy los albaricoques a 5 euros. El pescado ya no digamos, está muy caro”.
Entre los productos que más se han encarecido en abril están las legumbres y las hortalizas, que han subido un 12,8%, la leche un 14%, los huevos, que rozan el 22% de subida y la mantequilla cuyo precio ha aumentado un 13%. “Cada vez va uno con más dinero y se trae menos cosas. La que compraba antes más ternera pues ahora compra carne picada o carne para guisar que está mejor de precio, pero también ha subido”, comenta Angelines que, “de momento” no se está privando de comprar lo necesario. Ese “de momento” es la espada de Damocles que se cierne sobre muchas personas para las que el bolsillo cada vez tiene más agujeros y el cinturón no se puede apretar más.

Más artículos

no-results-found-landing-news
VER MÁS {{percentLoaded}}% loading...