Mirar Mateo González

Pedro Huerta: "La reforma comienza con incertidumbre"

© JORGEZORRILLA

La vuelta al cole, este año, supone el aterrizaje definitivo en las aulas de la nueva ley educativa, que surgió en medio de una pandemia y con un procedimiento que dejó fuera el diálogo con la comunidad educativa. Mientras unas comunidades autónomas remolonean en las concreciones que les corresponden, el secretario general de Escuelas Católicas sabe que los colegios de la Iglesia estarán a la altura en esta encrucijada: “Los alumnos no van a sufrir ninguna merma”.

Desde que Pedro José Huerta Nuño, religioso trinitario, llegó a Escuelas Católicas como secretario general en junio de 2020, ha vivido una pandemia, la aprobación de la una ley general de educación, una de FP e incluso cambios importantes en el Ministerio. Presente en el Consejo Escolar del Estado como representante de la patronal más destacada de la enseñanza concertada, afronta el nuevo curso escolar con muchos frentes abiertos.
El 29 de diciembre de 2020 se promulgó la Lomloe, en medio de unos intensos meses de movilizaciones abanderadas por la plataforma ‘Más Plurales’. A punto de empezar el nuevo curso, ¿qué queda de aquel movimiento de la comunidad educativa?
Queda sobre todo la capacidad que tuvimos de transmitir lo que significaba de amenaza para nuestra propuesta educativa la parte más ideológica de la ley. Eso sigue ahí y por eso “Más Plurales” no se ha disuelto, la confluencia que se creó con este movimiento, que ha sido única, se mantiene a través de encuentros y reuniones porque ahora que la ley está aprobada e implantándose, están surgiendo todos los decretos de desarrollo de la ley, que en algunos casos son tanto o más peligrosos. Es verdad que no podemos estar saliendo continuamente a la calle -aunque hemos tenido que hacerlo en estos meses con movilizaciones en Galicia o en La Rioja-, sino que estamos en una línea de actuación distinta en el ámbito autonómico.
A pesar de que Escuelas Católicas ha pedido en varias ocasiones que se posponga el calendario de aplicación de la ley, ¿cómo se afronta este nuevo curso en el que se visibilizará de forma más clara el cambio?
Hemos planteado al Ministerio esta petición que ha sido rechazada para que quede claro que la aplicación de la ley es imparable. En la práctica, está suponiendo en este curso una diferencia abismal entre las diferentes comunidades autónomas en lo que se refiere a la implantación. Puede ser que en unas esté al 90% y en otras al 40% o menos, lo que supondrá un desequilibrio importante en nuestro sistema educativo. En algunas autonomías se seguirá con los libros antiguos, pero con los contenidos nuevos, generando una distorsión grande. Además, ya nos han informado que tampoco estarán listos decretos como el de requisitos mínimos o el de titulaciones, que se conocerán iniciado el curso. Era mejor esperar un año más para que todo esto estuviera hecho y se diera tranquilidad a todos los centros educativos, incluyendo los de la red pública. Esto será un problema que los equipos directivos deberán sumar a los que ya tienen que afrontar de por sí.
Más allá de la ley, en el día a día son claves algunas de las decisiones que puedan ir tomando las autonomías. ¿Cuáles son las tareas de las delegaciones de Escuelas Católicas?
Ahora mismo están trabajando con las consejerías para clarificar la adaptación de los decretos en los territorios y garantizar que no se discriminen nuestros centros en el sistema general. Es un esfuerzo que tienen que hacer todas, independientemente del signo político que gobierne en la autonomía -no hay que simplificar creyendo que hay menos dificultades si gobierna uno u otro. Estamos teniendo dificultades en Galicia, en Madrid o en Castilla y León donde gobierna el PP, un partido que se presenta como apoyo de la concertada. También se está trabajando mucho para mejorar la financiación y otras cuestiones que necesitan más presión.
En definitiva, ¿cómo se empieza este curso en los colegios de la entidad?
Se comienza con mucha incertidumbre porque no en todas las comunidades autónomas han aprobado algunos decretos a finales de julio, cuando los profesores y equipos directivos están yéndose de vacaciones. Este año que el curso empieza antes no va a haber tiempo real para adaptar las programaciones y puede implicar una desafección de parte del profesorado a la hora de adaptarse al modelo pedagógico de la Lomloe,, que es bueno y muy interesante porque aborda de frente la educación por competencias. Es posible que esto se quede sin desarrollar en una buena parte del sistema educativo porque no hay tiempo o no se ha publicado todo. La ausencia de normas, como el decreto de requisitos mínimos, por ejemplo, está impidiendo la implantación del nuevo Bachillerato general para el que no se pueden pedir todavía autorizaciones. Ahora bien, aunque se genere un cansancio extra, los colegios van a empezar, las clases se van a dar y los profesores van a estar a la altura, y los alumnos no van a sufrir ninguna merma en su educación porque tenemos buenos profesionales, especialmente en los colegios católicos. En nuestros colegios la educación por competencias la venimos haciendo desde hace años, incluso cuando no nos obligaba la ley.
Y, cambiando la perspectiva, ¿qué oportunidades pedagógicas o metodológicas ofrece la nueva ley y que están en sintonía con el cambio y la innovación impulsados desde la escuela confesional?
Tenemos un programa, “Educación clave”, que desde hace cinco años aborda la educación por competencias, la evaluación auténtica, el perfil de salida del alumnado… y han pasado por él miles de profesores. Por eso podemos transmitir tranquilidad, pues nuestros colegios están preparados ya que la apuesta que Escuelas Católicas ha hecho desde hace 20 años por la innovación -como el programa “Profes innovadores”- nos permite afrontar el cambio no solo con meros modelos metodológicos -que es donde se queda la ley- sino pasando al cambio pedagógico, más orgánico (liderazgo, organización, modelo de centros, pastoral, la propia misión, etc.). Todo esto lo hemos englobado en el programa “Samar” para formar escuelas del cuidado.
Un nuevo frente es también la aplicación de la nueva ley de Formación Profesional. ¿Se afronta esta con cierta serenidad por parte de la concertada?
Sí, porque el enfoque de la ley es distinto. La Lomloe, trata la FP desde la parte educativa y estamos en desacuerdo cuando solo habla de la creación de plazas públicas. Por otra parte, la ley de FP organiza esta realidad y por ello suscita menos polémica en nuestro sector. Crea un modelo de FP Dual sobre la que hemos discutido mucho ya que, siendo necesaria, el porcentaje que se establece no es viable en nuestro país, que no tiene un tejido empresarial que lo pueda absorber, además de otros flecos. Con esta ley lo que reclamamos es que el modelo que presenta de colaboración y participación compartida entre lo público y lo privado no solo se contemple para la parte empresarial -para las prácticas del alumnado- sino también para la educativa como centros concertados. Esto nos preocupa no solo porque deja fuera a todo el sector de la concertada sino porque no todo el alumnado, especialmente el vulnerable, puede acceder a los centros privados que se están creando -ya que no se están haciendo nuevos conciertos-. En España, la mayor parte de los centros católicos de FP están en poblaciones y barriadas con alumnos vulnerables y han surgido como apuestas de las instituciones.
Cambiando de tema, es de esperar que en este curso se vayan dando pasos para desarrollar algunos de los mecanismos de diálogo que el Dicasterio para la Cultura y la Educación ha establecido en su documento sobre “la identidad de la escuela católica”. Con la fuerza, la presencia y la tradición que tiene la escuela de inspiración cristiana en España, ¿qué pasos hay que dar en este sentido con la Conferencia Episcopal y las diócesis?
Aunque algunas cuestiones del documento hay que adaptarlas a nuestra realidad, lo cierto es que los cauces de diálogo están abiertos en todo momento. En Escuelas Católicas hemos comenzado a analizar el documento en la junta directiva. En cuanto a lo que se pide de mejorar el diálogo entre los obispos y la vida consagrada, por las dos partes, estamos trabajando en ello desde antes y seguiremos en ese camino que estamos haciendo también con Confer y las comisiones episcopales de Vida Consagrada y de Educación y cultura. Todos los colegios de identidad católica tienen que afrontar la cuestión de la identidad ya que nos preocupa a todos. Aunque el documento tal vez polariza mucho, en España estamos en un momento de diálogo bastante fructífero y fluido buscando cómo acompañar a las comunidades educativas en la reflexión sobre la identidad y la misión de los centros. Hay algunas instituciones en las que hay que reforzar este aspecto y apoyar como ante la sociedad y el resto de la Iglesia la educación es un elemento de la propia misión eclesial. El documento refuerza lo que ya estábamos haciendo.
La Conferencia Episcopal ha elaborado los nuevos currículos de la asignatura de Religión. ¿Quizá hay quien ha percibido que la reacción de Escuelas Católicas ha sido un poco escéptica?
No creo que sea así. Lo que venimos diciendo es que el desarrollo del nuevo currículo lo ha abordado unilateralmente la Conferencia Episcopal -realmente no forma parte de nuestras competencias- y no hemos hecho una valoración institucional de dicho trabajo ya que no hemos participado en él. Personalmente, como profesor de Religión durante 14 años, creo que la propuesta de currículo ha querido hacerse a partir de un amplio ámbito de participación de la comunidad educativa, pero realmente no se ha contado con dicha pluralidad. Y es que se ha hecho imitando al Ministerio -que es lo que se le ha cuestionado-, creando unos formularios y canales abiertos a cualquier persona, presentándose esto como un elemento de gran participación. Los currículos son algo serio que afecta a la educación y al trabajo de muchas personas y no se ha buscado una participación a través de entidades más conocedoras de la realidad. Percibo que ha habido ambientes que no han sentido una implicación más cercana en este proceso. Ahora bien, es un currículo bastante atrevido y que espera modernizar la asignatura, que afronta un cambio competencial y pasa de los contenidos más catequéticos a los pedagógicos. Este es su punto más fuerte, aunque quizá no se ha explicado lo suficiente al profesorado y surjan algunas críticas creando un debate artificial en torno a este documento.
La gran propuesta del papa Francisco para el ámbito escolar es el Pacto Educativo Global. ¿Será este curso el definitivo en cuanto a su implantación en España después del liderazgo que ha ido adoptando Escuelas Católicas el curso anterior?
Para nosotros el Pacto no es un proyecto más, sino que es un compromiso del que forman parte todos nuestros proyectos. Es el paraguas desde el que el Papa nos invita a ser una escuela en salida y percibo que las entidades están implicadas en dejar que el Pacto reoriente y ofrezca un nuevo enfoque a lo que estamos haciendo y a las opciones que vamos tomado -y no tanto crear otro grupo o persona responsable de un proyecto diferente-. No queremos reducirlo a una persona que se encargue, sino que es un proceso de restructuración de lo que hacemos en todas las dimensiones -aunque es una forma de trabajo a la que no estamos habituados cuando trabajamos por secciones y esto hay que hacerlo desde equipos globales-. Tenemos muchos proyectos enfocados desde esta clave como “Mas de cerca”, de acompañamiento de titularidades en el que ya hemos organizado 94 encuentros desde enero; el proyecto “Tejiendo compromiso en red” para mejorar el trabajo de la solidaridad en los centros educativos; el congreso nacional para Escuelas Católicas que estará dedicado al encuentro en noviembre… A nosotros el Pacto Educativo Global nos ha entusiasmado desde el principio, ojalá también fuera así en otros ámbitos de la Iglesia española.

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