Mirar Ángeles López

José Manuel García-Margallo: "El proyecto europeo es un proyecto de paz"

Añora el espíritu de la Transición. Lleva 60 años en política, la mitad de ellos vinculado a las relaciones exteriores, con cartera de ministro incluida. Hoy en día, se le reconoce como una de las figuras del Partido Popular mejor valoradas y un analista de referencia. 

Estos días García-Margallo publica ‘España en su laberinto’ (Almuzara) junto a Fernando Eguidazu. En sus páginas alerta sobre los peligros de la división política en nuestro país y asegura que es imposible llegar a acuerdos con el PSOE actual.
Su libro, ‘España en su laberinto’, escrito junto al consejero del Banco de España, Fernando Eguidazu, arranca con una frase de Conversaciones en la catedral: “¿Cuándo se jodió el Perú? ¿Y España?”. No les interesa saber el cuándo, les preocupa analizar el cómo y el porqué.
Es evidente. Se barajan varias fechas y quizá la primera que venga a la memoria sea 2014, cuando emergen con una fuerza que sorprende Unidas Podemos, que llegó a colocar cinco parlamentarios en Europa y logró un 8% del voto. A partir de ahí se produce una quiebra en la izquierda, el PSOE ve amenazada su hegemonía y algunas encuestas advierten del posible sorpasso. Hay un libro de Pablo Iglesias en que el periodista le pregunta si quiere un sorpasso y responde que prefiere un surpasso: sustituir al PSOE. En la derecha se produce un hecho similar, justo en el año de la abdicación de don Juan Carlos y la primera “consulta” plebiscitaria en Cataluña (en contra de la Constitución): aparece Ciudadanos. Las primeras conclusiones que hacemos es que los partidos tradicionales que habían dominado la historia de la Democracia Española y que coinciden en las “verdades madre” que decía Cánovas y que llegaban a pactos de estado en las grandes cuestiones, salta por los aires. Pero no es la emergencia de estos partidos lo que determina el vaciamiento de los partidos centrales, sino al revés.
La llegada de este libro a las librerías no es casual, pues el año pasado se cumplió un siglo de la publicación de ‘España invertebrada’, que es uno de los libros que más han influido en su pensamiento político.
Este libro arranca en 1964 cuando un grupo de estudiantes de Deusto nos reuníamos para hablar de España y queríamos una Transición a la occidental cuando terminara la dictadura. Cuando se produce el centenario del libro de Ortega y el del ‘El Desastre de Annual’, llegamos a la conclusión de que estábamos reproduciendo aquellos momentos de fragmentación y de radicalización. Los dos partidos centrales ven competencia en sus extremos y se ven obligados a desempeñarse con un ojo puesto en Podemos y en Vox. Y se rompe la posibilidad de acuerdo y vamos a la política de bloques.
¿Cómo recuperar ese espíritu de la Transición -que ahora muchos niegan-? ¿Por qué esta polarización produce una herida cada vez más difícil de cicatrizar?
Lo que ha producido esa polarización es la ingobernabilidad. No hay un solo asunto que tenga cierta importancia que se resuelva pacíficamente. Las grandes modificaciones que quiere introducir este Gobierno salen por la abstención de Vox. Las otras reformas se logran porque cuando Esquerra se va, le pide a Bildu que le supla... No hay manera de ponerse de acuerdo en nada cuando la única forma de salir de esta situación es a través de un entendimiento entre los dos grandes partidos.
Fueron capaces de ponerse de acuerdo en los Pactos de la Moncloa y ahora... ¿Nos falta talla política o sentido de Estado?
O patriotismo. Lo que hubo en 1977 lo definió muy bien Anson. Decía que todos teníamos ganas de acertar y ahora parece que solo queremos que se equivoque el contrario. Tierno Galván, opinaba algo muy importante: “no nos hicimos cesiones, sino concesiones recíprocas para conseguir un objetivo mayor”. Y así se logró la reconciliación nacional, que es lo que dinamita Zapatero, que es uno de los momentos en los que “se jode España” -siguiendo con el arranque de mi libro-. En concreto, con el Pacto del Tinell, cuando el PSOE les ayuda a gobernar en sus territorios históricos y los nacionalistas le ayudan a gobernar en Madrid. El resultado: absoluta ingobernabilidad. Y Sánchez ha hecho lo mismo.
Se define como un heterodoxo... ¿qué significa eso hoy en día, y en política?
Nos estamos acostumbrando, en política, a que nuestras reflexiones no pasen de los caracteres de un tuit: un titular, y punto. Y a que los partidos se conviertan en oficinas de colocación. Nadie se atreve a emitir una opinión por temor a ser excluido de unas listas de las que depende su sustento, por lo que no están compuestas de personas “libres”. Por no hablar de que el Parlamento ya no es el centro de la vida política sino las tertulias o las redes sociales.
Dice que la Historia demuestra que el proyecto europeo ha avanzado siempre en momentos de crisis... ¿Estamos seguros?
Europa avanza, siempre, en momentos de crisis, gracias a partidos centristas y centrales y siempre es combatida desde los extremos. El proyecto europeo es un proyecto de paz. Colocar a los soldados que combatían en las trincheras bajo un mismo uniforme es un cambio importantísimo. Ahora en el Parlamento Europeo es preocupante la emergencia de los partidos soberanistas y antieuropeos. ¿Que no nos preocupa Europa? Pues todas las soluciones que se logran, vienen de ahí.
Estamos muy pendientes de la política nacional mientras que todo se decide en Europa...
¿Por qué hemos solventado la crisis del COVID mejor que la financiera de Lehman Brothers? Porque el banco central se ha implicado en inyectar liquidez al sistema para unas economías que estaban desfallecientes. Se puso una red de seguridad inmediata para atender a trabajadores, empresas y sistemas sanitarios, y se hizo una misión de consulta de deuda por primera vez en la historia. Garantizada, además, no por los presupuestos nacionales sino europeos. Sin todo ello, Europa hubiera entrado en una recesión peor que la de 1945.
La pandemia ha provocado una recesión que Europa nunca había conocido. Hoy nos dicen que los gobiernos no han estado a la altura. ¿Reconoceremos que hay parte de verdad?
El proyecto europeo es muy joven, en términos históricos. Pero, al menos hemos logrado que no hubiera ninguna guerra en nuestro continente. Eso ya justifica el proyecto, a tenor de las guerras habidas el siglo pasado. Pero también logramos salir de la crisis financiera cuando Draghi pronunció las palabras mágicas: “haremos lo que sea necesario para salvar el euro”. Ahora ha pasado algo parecido. Si ampliamos el foco para analizar el proyecto europeo, podríamos decir que estamos en un proyecto hamiltoniano: mutualizar los riesgos derivados de la pandemia y, en Ucrania, mal que bien, estamos funcionando de forma solidaria.
Si seguimos armando a Ucrania ¿hay riesgo de que Rusia emplee sus armas nucleares?
Yo creo que no. Sería la destrucción de la humanidad. Hay una reflexión que quiero hacer: El gasto militar de Rusia es de 55.000 millones de dólares anuales, el de la OTAN es de un billón de dólares y el de los socios europeos de la Alianza Atlántica es de 350.000 millones de dólares. La desproporción de recursos financieros es abrumadora a nuestro favor. Lo que falta es la coordinación entre los países de la OTAN y, dentro de ello, especialmente los países europeos que son el pilar de la Alianza Atlántica. Eso es federalismo: cooperación común, ejército europeo, etc. Lo que soñaron los padres fundadores.
La crisis del gas y la electricidad que tenemos tan presente: ¿realmente no es posible solucionarla al margen de la contienda?
Dependemos de Rusia, ahora, por la disparatada política exterior de este Gobierno. Nosotros hemos multiplicado por una cantidad importantísima la importación de gas de Rusia mientras que la UE la ha bajado, ¿por qué? Porque hemos tenido una política que la ha determinado el problema de Argelia. Tenemos contrato hasta dentro de un tiempo pero, ¿a qué precio?
¿En qué situación estamos con el conflicto de Marruecos, tras el giro del Gobierno con el Sáhara Occidental? ¿Muchas presiones estadounidenses? ¿Es un buen negocio cerrar la crisis con Marruecos si abres otra con Argelia?
Un gobierno reconociendo la marroquinidad del Sháhara es inconsistente en Política Exterior y solo produce enormidades, como diría Unamuno. El primer disparate es invitar al secretario general del Frente Polisario, algo que se podía haber obviado porque tenía causas pendientes. Entonces, Marruecos monta lo de Ceuta y nos hace lo que nos ha hecho siempre: mirar para otro lado cuando hay movimientos migratorios masivos. Sánchez se asusta cuando en el Gurugú había 2.000 emigrantes pendientes de saltar la valla y ese fue el gran motivo. No presiones americanas como se ha dicho.
Pero, sobre este asunto, cuando Aznar era Presidente también recibió en Moncloa al líder del Frente Polisario.
Sí, pero advirtiendo a Marruecos y compensándole. Cuando yo llegué al ministerio, en 2011, fui recibido con prevención, sobre todo por el incidente de Perejil, pero no tuvimos un solo problema ni con Argelia ni con Marruecos.
Volviendo al conflicto que nos tiene a todos en vilo: ¿En qué punto está la diplomacia española y la europea con el Gobierno de Putin?
La española no está jugando ningún papel activo en este conflicto. Creo que EEUU no se fía del Gobierno español que tiene dos almas y, una de ellas, es contraria, por ejemplo, a la ampliación de la OTAN y se ha opuesto al envío de armas a Ucrania... La confianza que tiene el Gobierno americano en Sánchez es ninguna. Una cosa es servir patatas fritas y Coca-colas en el Museo del Prado durante la cumbre de la OTAN y otra ser relevante en la política exterior.
Tengo la impresión de que echa de menos a Felipe González.
No es que lo parezca, es que le echo de menos, no tenga la menor duda. Tuvo sus defectos, pero era un hombre de Estado que creía en España, un demócrata ferviente, dialogante y un patriota.
Se ha muerto la Reina de Inglaterra. ¿Qué opina de que el Rey Emérito haya asistido al funeral?
Absolutamente natural. No solo porque es el rey más viejo que vive, sino porque los dos, tanto el Rey como la Reina, son familia de la fallecida Isabel II. Felipe VI es el Rey y don Juan Carlos está en calidad de exjefe de Estado por ser familia muy próxima a la familia real británica. Lo raro sería que no hubiese acudido. Una vez más, las contestaciones del Gobierno han sido de aurora boreal: como por ejemplo, preguntar si iba a ser un funeral público o privado, como preguntó el ministro de Exteriores. El Rey Emérito no tiene ninguna causa pendiente salvo la que tiene en Inglaterra con el tema de Corina. Por lo demás, tiene libre circulación y es familiar... Ojalá tuviésemos el respeto por nuestras instituciones como lo tienen los ingleses, pese a las conversaciones incendiarias de Carlos con Camila hace años, los escándalos de Andrés...
Usted publicó, también en Almuzara, ‘Gibraltar, la segunda rendición’. ¿Cambiarán las relaciones sobre Gibraltar entre Carlos III y Felipe VI?
Eso es un problema de Estado y el verdadero problema es que el Gobierno británico se mantuvo inflexible y el español cedió. El Brexit fue una gran oportunidad pues se trataba de establecer una zona de “provecho mutuo”, con una cosoberanía temporal en materia de Exteriores, económica y de defensa. Así se hubiera solucionado el problema.
Igual que a Juan Pablo II se le atribuye ser uno de los artífices de la caída del Muro y la posterior Perestroika... ¿En qué medida el papa Francisco puede hoy, a tenor del nuevo orden mundial, tener alguna influencia?
Soy católico practicante y creo que al Papa hay que seguirlo en materia de fe y costumbres donde es infalible. En el resto no lo es. Este Papa tiene opiniones geopolíticas pintorescas. El cántico a China es extraordinariamente sorprendente y las primeras reacciones ante la primera invasión rusa, también. Pero esto no debe afectarnos en las relaciones con la Santa Sede ni en seguirle como cabeza de la Iglesia.
¿Qué retos diplomáticos le quedan por delante para enfrentar al papa Francisco?
No estoy viendo que haga gran cosa. Podía haber jugado, y Ratzinger lo hubiera hecho, un papel importante con las dos iglesias ortodoxas: La de Moscú y la de Kiev que están separados. Y él, como jefe de la Iglesia católica, podría haber mediado entre ambos y favorecer negociación. Pero ahora ya ni el Papa ni nadie puede, a corto plazo, arreglar este desaguisado. Putin no se va a retirar de los territorios que ha ocupado: Krimea y Dombás, porque si se retira, cae. Por eso no podemos eludir las acciones pues haríamos de la fuerza una fuente del derecho.
¿Cuánto queda de guerra?
Mi opinión es que en un momento determinado Putin va a reaccionar violentamente porque no podría soportar que el ejército ucraniano le gane los territorios tomados. Si no ocurre, quizá se produciría un alto al fuego provisional, con las tropas en retirada hasta un cierto límite. Pero no permitirá renunciar a lo conquistado, mientras que nosotros deberemos seguir con las sanciones. Me temo que el clima de hostilidad entre Rusia y Occidente va a continuar.

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